La historia que cuenta la lluvia
¡Buenas tardes, estimados y estimadas tripulantes de este Universo Paralelo!
Terminó el Mundial. La atención que provoca un evento así hace estallar las redes sociales con lo peor de las masas. Pocos parecen disfrutar simplemente del espectáculo, celebrar las victorias y aceptar las derrotas. Es necesario generar estereotipos, teorías conspirativas, competir por ser el más extremista, con ideas cada vez más disparatadas, en busca de aplausos. Nunca fui testigo de una transformación tan grotesca de lo que todos veíamos en aquello que muchos querían ver. Nunca vi sesgos cognitivos reproducirse con tal descaro, ignorancia y orgullo.
- Pero es natural. No es culpa de las redes sociales: es una característica del cerebro humano, la máquina más creativa del universo, que inventa la realidad en todo momento. La inteligencia consiste más en deshacerse de las hipótesis erróneas que en producir ideas originales. No hay peor persona que aquella que se enamora de sus propias ideas.
La tormenta de estos días nos da un buen ejemplo, aunque menos partisano. En Santiago han caído, esta temporada, tantas gotas de agua como segundos han transcurrido desde el Big Bang. Muchísimas. Quizás no haya objeto más familiar que una gota de lluvia, y sin embargo: ¿Se ha preguntado alguna vez por su forma?
La mayoría diría que es como una lágrima: delgada arriba, gruesa abajo. No lo es. Es una preconcepción, tan firme y equivocada como cualquier certeza nacida de ver un partido con la camiseta y la ideología puestas.
- Una gota en pleno vuelo no se parece en nada a una lágrima. Las pequeñas, menores a un milímetro, son esferas perfectas. Al hacerse más grandes se aplanan por abajo, empujadas por el aire, hasta parecerse más a un pancito de hamburguesa que a cualquier otra cosa que hayamos dibujado en la escuela.
¿De dónde viene entonces la lágrima? De un fenómeno distinto a la lluvia: la gota que aún no cae, y cuelga de una hoja o de un grifo recién cerrado, justo antes de soltarse.
La razón por la que las gotas son esféricas es matemáticamente elegante. La capa de agua en contacto con el aire requiere de energía extra para situarse allí, provocando una “tensión superficial”. Esta es como una piel elástica que permite, por ejemplo, que algunos insectos caminen en el agua sin hundirse. Pero los sistemas físicos siempre “quieren” gastar la menor energía posible, de modo que la gota busca siempre la forma que minimiza su superficie: esa es la esfera.
El agua se pega a las superficies, “moja”, porque le resulta energéticamente favorable estar en contacto con variados objetos sólidos en lugar de exponerse al aire. Es por eso que a la fuerza de gravedad le cuesta despegar a una gota, y al hacerlo esta se estira, mientras el agua va cayendo hacia su parte inferior engordándola, mientras la superior se adelgaza: una lágrima.
- Al soltarse, desaparece el punto de apoyo de la gota, y el agua vuelve a lo único que siempre ha buscado: la esfera. Es difícil verla, claro está, porque cae demasiado rápido para que el ojo la distinga.
Pero en lugar de reconocer nuestra limitación, inventamos que en Santiago ha caído esta gigantesca cantidad de lágrimas. Ha sido solo nuestra capacidad inventiva, nuestros sesgos. Esa debe ser una lección para el fútbol también: si vemos una lágrima donde hay un pancito de hamburguesa, quizás veamos conspiraciones donde solo hay un partido de fútbol. Quizás el universo no llore tanto como muchos en redes sociales. Y finalmente son solo lágrimas de cocodrilo, veneno, racismo, tontera. Mejor la hamburguesa y a disfrutar del fútbol y la ciencia.
En esta edición de Universo Paralelo hablamos de la lluvia y de estos frentes de mal tiempo que han afectado gran parte del país. En la ocasión, participan Roberto Rondanelli, doctor en Ciencias Atmosféricas del Massachusetts Institute of Technology (MIT), académico del Departamento de Geofísica de la Universidad de Chile y director del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia – CR2; Álvaro González, doctor en Geología, académico del Instituto de Ciencias de la Tierra e investigador principal del Laboratorio de Dendrocronología y Cambio Global de la Universidad Austral de Chile; Camilo Sánchez, geólogo y académico de la Escuela de Geología de la Universidad Mayor; Sofía Vargas, doctora en Ciencias; Ignacio Retamal, doctor en Ciencias y la periodista Francisca Munita.
- Gracias por acompañarnos en este número de Universo Paralelo. Comenta y comparte este link. Y si este newsletter te llegó gracias a alguien que sabe que incluso la lluvia tiene una historia que contar, inscríbete aquí y sigamos comprendiendo cómo la ciencia explica el mundo que nos rodea.
EL NIÑO LO HIZO DE NUEVO

Crédito: Roberto Rondanelli.
Si bien el invierno de 2026 se perfilaba, hasta hace apenas unos días, como uno de los más secos de las últimas décadas, todo cambió abruptamente cuando una sucesión de tormentas provocó inundaciones y aluviones, haciendo que el agua volviera a recorrer antiguas quebradas secas y que los ríos del Norte Chico reclamaran la totalidad de sus lechos.
- Desde hace décadas conocemos la estrecha relación entre El Niño —la fase cálida del fenómeno ENOS— y los inviernos lluviosos en Chile Central (Rutllant & Fuenzalida, 1991). Los registros paleoclimáticos indican que grandes eventos han ocurrido durante al menos los últimos 5 mil años (Vargas et al., 2006), mientras que las observaciones instrumentales destacan episodios como 1877–1878, 1982–1983, 1997–1998 y 2015–2016. Aunque este último coincidió con la Megasequía, produjo la tormenta de Atacama de 2015 y otro intenso temporal en agosto. Más recientemente, el invierno de 2023 volvió a demostrar que incluso eventos menos intensos pueden provocar desbordes e inundaciones de gran magnitud.
Entre todos ellos, el episodio de 1877–1878, considerado probablemente el mayor que se tiene con registro instrumental de El Niño, tuvo un cronista excepcional: Benjamín Vicuña Mackenna. Mientras escribía su Ensayo histórico sobre el clima de Chile, buscaba explicar a sus contemporáneos que las sequías y los grandes temporales formaban parte de ciclos naturales. El libro incluso recogía el clamor de los agricultores: “¡El desierto nos invade!”. Sin embargo, antes de que la obra llegara a imprenta, el invierno de 1877 transformó aquel ensayo en el testimonio de uno de los temporales más intensos registrados en el país.
Vicuña Mackenna relata que a comienzos de julio “apareció en el horizonte un cambio preñado de presagios. Negros nubarrones entoldaban desde la mañana el cielo”. Intentando explicar el origen de aquella humedad, escribió una frase sorprendente: “Era la corriente del Ecuador que se precipitaba en enormes masas vaporosas hacia el polo”. Faltaban todavía dos décadas para que los pescadores de Paita bautizaran el fenómeno como El Niño y casi un siglo para que Jakob Bjerknes explicara la conexión entre el Pacífico ecuatorial y las lluvias en Chile. Sin saberlo, Vicuña Mackenna estaba describiendo el transporte de humedad tropical que hoy asociamos a los inviernos de El Niño (Campos & Rondanelli, 2023).
- El clímax llegó la noche del 14 de julio de 1877, la “noche triste de Chile”, como él mismo la denominó: “Llovió con tan apretado grano de agua… que en solo cuatro horas se salieron de madre todos los ríos de Chile central”. Desde los cauces desbordados, escribió, “se sentían detonaciones como de gruesa artillería”, producto de las enormes rocas golpeándose bajo la fuerza de la corriente.
La destrucción que describe resulta sorprendentemente familiar. Días después, la prensa observaba que, si no hubo una nueva inundación de similar magnitud, fue porque “no ha llovido, sino que ha nevado en la cordillera” (Camus & Jaksic, 2022). Hoy reconocemos esa diferencia como el efecto de la isoterma cero: la delgada línea que separa una tormenta fría, donde el agua queda almacenada como nieve, de una tormenta cálida, capaz de generar crecidas e inundaciones (Garreaud et al., 2024).
- Los registros instrumentales confirman la magnitud de aquel invierno. En julio de 1877, La Serena, Santiago y Valparaíso registraron precipitaciones cercanas a tres veces su promedio mensual, mientras que la nieve acumulada cerró los pasos cordilleranos hasta enero de 1878 y los ríos continuaron desbordándose durante meses. El Niño no terminó con el temporal de julio.
Ciento cuarenta y nueve años después, con las quebradas corriendo nuevamente y los ríos recuperando antiguos cauces, las páginas de Vicuña Mackenna vuelven a cobrar vida. Pero el escenario ya no es el mismo: el planeta es hoy cerca de 1,5 °C más cálido que entonces. Comprender cómo cambiará la relación entre El Niño y las lluvias de Chile será una de las preguntas científicas más relevantes de las próximas décadas. Tan importante como prepararnos para los años lluviosos, sin olvidar que el cambio climático también seguirá trayendo largos períodos de sequía.
LAS LLUVIAS DEL PASADO DE JULIO PARA ENTENDER LOS ACTUALES JULIOS: UNA MIRADA DESDE EL SUR DE CHILE

Crédito: Foto de Juan Moccagatta.
En julio de 1922, Valdivia recibió 914,9 milímetros de lluvia en un solo mes. Fue el julio más lluvioso registrado en la ciudad durante el siglo XX. Un siglo después, las intensas precipitaciones que han afectado a la zona central y centro-sur de Chile durante julio de 2026 invitan a hacerse una pregunta inevitable: ¿Estamos frente a un evento extraordinario o la historia climática del país ya había registrado episodios similares?
- Durante este mes, el paso de ríos atmosféricos en sincronía con sistemas frontales ha provocado precipitaciones de gran intensidad. Solo entre el 11 y el 20 de julio, La Serena acumuló 159,6 mm de agua caída, Valparaíso-Rodelillo 201,3 mm y Santiago-Quinta Normal 125,9 mm. Estas cifras llaman la atención porque representan una fracción importante de la precipitación anual histórica de estas ciudades.
Julio suele ser el mes más lluvioso del año en gran parte de Chile y también aquel en que ríos y esteros alcanzan sus mayores caudales. Sin embargo, para comprender la magnitud real de los eventos actuales no basta con observar los registros recientes: es indispensable compararlos con series instrumentales de largo plazo.
Valdivia constituye un caso excepcional. Sus registros meteorológicos se remontan a 1853, los más antiguos de Chile, y muestran una precipitación anual promedio cercana a los 2.436 mm durante el siglo XX. El mes de julio de 1922 dejó inundaciones generalizadas; sectores como Collico quedaron completamente anegados y muchas familias debieron desplazarse en bote por el desborde del río Calle-Calle.
- Las causas meteorológicas de aquel episodio aún no han sido estudiadas en profundidad. No obstante, el análisis estadístico de estos registros permite estimar que eventos de esa magnitud son extremadamente poco frecuentes. Bajo un clima sin influencia humana, un julio con cerca de 800 mm de precipitación (ver figura, panel izquierdo) podría repetirse aproximadamente cada 79 años. Bajo las condiciones actuales de cambio climático y de disminución sostenida de las precipitaciones de julio, ese período de retorno aumentaría a unos 126 años (ver figura, panel derecho). Paradójicamente, el cambio climático reduce la probabilidad de lluvias excepcionales como las de 1922, pero favorece episodios más breves e intensos, capaces de provocar inundaciones, remociones en masa y graves daños a la infraestructura.
Estudiar episodios de precipitaciones extremas pasadas, y basadas en información instrumental de largo plazo (registros de más de 100 años), son claves para comprender si los montos que actualmente registran las estaciones meteorológicas son inusuales, o si ya han estado presentes en nuestro entorno. Además, nos ayudan a conocer, de forma cercana y precisa, los límites a los que podemos llegar en términos de agua caída y con los que debemos planificar de forma inteligente y resiliente nuestras ciudades en el presente y también para el futuro. Esto cobra mayor vida y relevancia en ciudades como Valdivia, que además presentan una densa y compleja red hídrica donde interactúan humedales, ríos y también el océano Pacífico, y donde hay muchos procesos e interacciones entre la atmósfera y la superficie terrestre que aún desconocemos.
NOTICIAS: LA SEMANA EN CIENCIA

¿Creías saberlo todo sobre los perros? Su pasado aún guarda sorpresas. Crédito: Foto de Gustavo Martínez.
El Mundial terminó, pero la ciencia sigue marcando goles. Esta semana, los avances van desde el descubrimiento de un planeta oculto hasta nuevas pistas sobre el mejor amigo del ser humano, pasando por robots inspirados en insectos y la creación de materiales ultrarresistentes.
- Un planeta escondido aparece donde nadie lo buscaba
Astrónomos descubrieron Beta Pictoris d, un gigantesco exoplaneta oculto en uno de los sistemas estelares más estudiados de la Vía Láctea. Lo sorprendente es que no apareció como un punto brillante, sino gracias a la “huella química” de su atmósfera, detectada por el telescopio espacial James Webb. El hallazgo convierte a Beta Pictoris en apenas el segundo sistema conocido con tres planetas observados directamente y ayudará a comprender mejor cómo se forman los sistemas planetarios.
Dato curioso: Beta Pictoris tiene apenas unos 23 millones de años, por lo que es una verdadera “guardería” de planetas en formación.
Publicado el 15 de julio de 2026. Conoce MÁS.
- Microplásticos llegan hasta las arterias del corazón
Un estudio publicado en el European Heart Journal detectó micro y nanoplásticos en las arterias coronarias del 84% de los pacientes que habían sufrido un infarto grave, una proporción mucho mayor que en personas sin ese cuadro. La investigación refuerza la preocupación por los posibles efectos de este material sobre la salud cardiovascular y la inflamación.
Dato curioso: el polietileno, el plástico encontrado con mayor frecuencia, es el mismo que se usa para fabricar muchas bolsas y envases de alimentos.
Publicado el 21 de julio de 2026. Conoce MÁS.
- El minirrobot volador del MIT ya se mueve como un insecto
El diminuto robot desarrollado por ingenieros del MIT en 2025 ahora puede moverse con la velocidad y agilidad de un insecto real. Gracias a un nuevo sistema de control basado en inteligencia artificial, realiza maniobras complejas, mantiene el equilibrio incluso con viento y podría, en el futuro, ayudar en misiones de búsqueda y rescate en lugares de difícil acceso.
Dato curioso: el nuevo sistema permitió que el robot volara un 447% más rápido y aumentara su aceleración en un 255%.
Publicado el 21 de julio de 2026. Conoce MÁS.
- El agua de deshielo acelera el avance de los glaciares hacia el mar
Por primera vez, científicos obtuvieron evidencia directa de que el agua de deshielo puede atravesar cientos de metros de hielo antártico, llegar a la base de un glaciar y hacer que se deslice más rápido hacia el océano. El hallazgo ayuda a comprender mejor cómo podría acelerarse la pérdida de hielo en un clima cada vez más cálido.
Dato curioso: la capa de hielo de la Antártica almacena cerca del 90 % del hielo glaciar del planeta.
Publicado el 20 de julio de 2026. Conoce MÁS.
ÓRBITAS PARALELAS
Crean una aleación hasta diez veces más resistente que el acero
Ingenieros desarrollaron un nuevo material que combina una resistencia extraordinaria con una flexibilidad poco común, resolviendo un problema que durante décadas limitó el uso de este tipo de aleaciones. El avance podría mejorar el desempeño de motores a reacción, turbinas y otros sistemas sometidos a condiciones extremas, sin que el material se fracture con facilidad.
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Antiguos cráneos revelan que la historia de los perros era distinta de lo que creíamos
El análisis de cientos de cráneos y ADN de perros antiguos mostró que su diversidad comenzó hace unos once mil años, mucho antes de lo que se pensaba. Los hallazgos también indican que la evolución de los perros estuvo estrechamente ligada a las migraciones humanas, ayudando a reconstruir cómo ambas especies expandieron su presencia por Eurasia.
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LA IMAGEN DE LA SEMANA

Imagen obtenida desde la plataforma Zoom Earth a partir de información del satélite GOES-19. Crédito: Dr. Álvaro González.
NORTE CLARO, SUR OSCURO
“Norte claro, sur oscuro, aguacero seguro”. Probablemente has escuchado alguna vez este dicho popular utilizado para anticipar la llegada de la lluvia. Lejos de ser una simple curiosidad, refleja siglos de observación del cielo y nos recuerda que el interés por comprender los fenómenos climáticos nos ha acompañado desde mucho antes que los satélites o modelos computacionales.
- Hoy la meteorología es, probablemente, una de las ciencias con mayor presencia en nuestra vida cotidiana. Consultamos el pronóstico para decidir cómo vestirnos, planificar una cosecha o anticipar un viaje. Pero su importancia va mucho más allá. Conocer la evolución de la atmósfera permite preparar a la población frente a lluvias intensas, sequías, olas de calor o temporales que pueden afectar gravemente a las comunidades. Según la CEPAL y la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR), cerca del 80 % de los desastres socionaturales registrados en América Latina y el Caribe están asociados a fenómenos hidrometeorológicos y pueden llegar a los US $30.000 millones, incluso a los US$300.000 millones por efectos indirectos; sin contar las pérdidas de vidas asociadas.
La Imagen de la Semana en Universo Paralelo nos muestra precisamente uno de esos episodios recientes. La fotografía es parte es una contribución del Dr. Alvaro Gonzalez, académico de la Universidad Austral de Chile, y fue obtenida desde la plataforma Zoom Earth a partir de información del satélite GOES-19. Esto permite observar la configuración atmosférica que dio origen a las intensas precipitaciones registradas durante julio en gran parte del territorio nacional.
- El Dr. Álvaro González explica que la imagen representa la configuración sinóptica del 11 de julio 2026, que resume las condiciones meteorológicas que hemos tenido estos días en gran parte de Chile. Un río atmosférico que transporta grandes cantidades de humedad desde los trópicos/subtrópicos hacia latitudes medias (Chile), que generan eventos de precipitación intensa cuando impactan la costa (en este caso, apuntando hacia la zona centro-sur de Chile). Además, se distingue un ciclón extra tropical denominado por la letra B (baja presión) y que representa un sistema frontal. Ambos fueron responsables de las copiosas precipitaciones registradas durante los días en Chile Central y Centro Sur.
El interés por comprender la atmósfera y anticipar sus cambios ha acompañado el desarrollo de nuestro país desde la creación de la Dirección Meteorológica de Chile en 1884 hasta las investigaciones actuales del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), instituciones que además ponen gran parte de este conocimiento a disposición pública mediante plataformas abiertas. Incluso, proyectos como el libro Norte Claro, Sur oscuro – Explicaciones científicas a relatos y dichos populares de fenómenos climáticos, han propuestos nuevas formas de entender el clima.
Como plantea el profesor de la Universidad de California, Edward Keller, disciplinas como la geología ambiental parten de un principio fundamental: entender la Tierra como un sistema donde los procesos naturales, el conocimiento científico y las decisiones humanas se encuentran interconectados. En ese sentido, estudiar la atmósfera no corresponde únicamente a la meteorología. También involucra a la ingeniería, la geografía, la física, la informática, las ciencias sociales y la comunicación, porque comprender un fenómeno natural contribuye a proteger a las personas y mejorar la forma en que habitamos y utilizamos el territorio.
BREVES PARALELAS

Crédito: Imagen generada por IA.
La lluvia no cae parejo
¿Cuánto ha llovido en la RM durante el fin de semana pasado? La respuesta dependerá de dónde vive o de dónde esté instalado el pluviómetro. Entre el 16 y el 18 de julio, la Red de Pluviómetros Ciudadanos volvió a mostrar los contrastes al hablar de la lluvia.
- Mientras en distintos sectores de Quilicura se registraron cerca de 80 milímetros de agua caída, en otras comunas de Santiago se superaron los 100 milímetros, como en Ñuñoa y Lo Barnechea, y en Caleu, localidad ubicada en la cordillera de la costa, una medición ciudadana registró cerca de 240 milímetros.
Estos datos nos muestran con gran detalle cómo la topografía modifica la distribución de las precipitaciones, generando diferencias importantes incluso entre lugares cercanos. Haz la prueba: si tienes que manejar o desplazarte en micro durante estos días, observa cómo la intensidad del agua puede variar entre un barrio y otro, e incluso de una cuadra a la siguiente.
Impulsada por el académico Patricio Aceituno del Departamento de Geofísica de la Universidad de Chile, en 2021, la Red de Pluviómetros Ciudadanos se extendió este año a las regiones de Valparaíso y O’Higgins, sumando a equipos ciudadanos y académicos regionales. Durante el fin de semana solo en la RM, la red congregó a 155 observadores, quienes, por cierto, siguen midiendo estos días. Sus registros y mapas son públicos. Para participar, las personas se inscriben mediante un formulario en línea, se integran a un grupo de WhatsApp y reciben las indicaciones necesarias para instalar y utilizar correctamente un pluviómetro. Súmate a la Red y convierta tu patio, terraza o techo en una estación científica.
La red que nació después de una tormenta
En julio de 1997, una tormenta dejó más de 330 milímetros de lluvia en el sector oeste de Colorado, Estados Unidos. A solo ocho kilómetros de distancia, casi no llovió. La crecida repentina causó cinco muertes y dejó en evidencia un problema: las estaciones disponibles no alcanzaban a mostrar cuánto podía cambiar la lluvia dentro de una misma ciudad.
- Un año después, nació CoCoRaHS, una red de personas que mide la lluvia, la nieve y el granizo desde sus patios. La iniciativa comenzó con decenas de participantes y hoy reúne a más de 27 mil 500 observadores activos en Estados Unidos, Canadá y distintos territorios del Caribe. Sus datos son utilizados por ciudadanos, servicios meteorológicos, investigadores y equipos de gestión de emergencias.
El principio es el mismo que impulsa la Red de Pluviómetros Ciudadanos en Chile: un solo instrumento muestra lo que ocurre en un punto; muchos pluviómetros permiten reconstruir el episodio completo y en detalle. Al vivir en un Chile rodeado de cordilleras, quebradas y zonas habitables de distintas alturas, esa diferencia puede ser enorme, por lo que hoy, considerando este episodio de intensas lluvias, ¿Por qué no pensar que la red de pluviómetros ciudadanos pase de 200 personas a 20 mil y sea una red nacional de información generada por la ciudadanía en colaboración con equipos científicos?
RECOMENDACIÓN: GUARDAR UN BOSQUE ADENTRO

Crédito: Alfaguara.
Fuera de mi casa hay quince grados bajo cero y en el norte no para de llover. Es pleno invierno, con lluvias que caen de golpe y veranos que se incendian: eventos cortos e intensos que la evidencia asocia al cambio climático. Buen momento para El vasto Territorio, la primera novela de Simón López Trujillo reeditada por Alfaguara.
- La novela recuerda a The Last of Us, el videojuego y la serie de HBO, con un hongo que brota en los eucaliptos de Curanilahue y coloniza los cuerpos de quienes viven cerca, salvo que el de López no es un invento. Lo podemos leer como Cryptococcus gattii, un patógeno ambiental real: a fines de los noventa provocó un brote histórico de criptococosis en la isla de Vancouver, en Canadá, y desde ahí se fue expandiendo por el noroeste del Pacífico. Se lo asocia desde hace tiempo a los eucaliptos, pero su historia muestra que no se queda quieto: viaja, cambia de huésped, aparece donde no se lo espera.
Es tentador leer la novela como la naturaleza cobrándose el monocultivo, y el libro no funciona así. El eucalipto es australiano y llegó con el comercio; la gente vive del mismo bosque que la enferma; hasta el papel de este libro proviene de ese bosque.
- No hay una naturaleza intacta a la que volver, sino especies, personas y economías enredadas sin afuera. Cuando el hongo entra en el cuerpo de Pedro, la frontera entre lo humano y lo demás se borra. Giovanna, la micóloga que regresa a Chile, tampoco diagnostica desde afuera: llega contratada por la empresa.
Estos días todos hablan de la Odisea en IMAX. “El vasto territorio“ está mucho más cerca: para encontrar el desastre basta con mirar por la ventana. Con el agua entrando a las casas este invierno, cuesta leerla como pura ficción.
Y esto es todo en esta edición de Universo Paralelo. Ya sabes, si tienes comentarios, recomendaciones, fotos, temas que aportar, puedes escribirme a universoparalelo@elmostrador.cl. Gracias por ser parte de este Universo Paralelo.
- Mis agradecimientos al equipo editorial que me apoya en este proyecto: Fabiola Arévalo, Francisco Crespo, Francisca Munita, Ignacio Retamal, Camilo Sánchez y Sofía Vargas, y a todo el equipo de El Mostrador.
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