Opinión
Es momento de centrar el debate en lo ético y técnico para mejorar las pensiones
El principal error del Ejecutivo ha sido centrar el diálogo en satisfacer a las AFP y a la oposición, olvidándose de la gente, que no está interesada en las discusiones políticas, sino que solo busca saber cuándo se concretará el acuerdo que permita mejorar las pensiones.
El debate referente a la reforma de pensiones en nuestro país ha dejado al descubierto que el sistema previsional chileno no es más que un circuito que les entrega a las AFP la potestad de manejar los ahorros de la gente, rentabilizarlos y, en caso de obtener ganancias, quedárselas, mientras que, en caso contrario, las pérdidas las asume el trabajador.
Este es un sistema que funciona como reloj para las aseguradoras, pero que tiene una falla en el ejercicio que no permite cumplir con el objetivo principal por el que fueron creadas: entregar pensiones dignas a los jubilados.
Según datos de la Fundación SOL, en 2023 el 60% de los pensionados recibía montos autofinanciados que se ubicaban por debajo de la línea de la pobreza fijada en Chile para hogares de un solo componente, una cifra decidora respecto del fracaso que ha significado el sistema de AFP para la gente.
Días atrás, fuimos testigos privilegiados del momento en que la Comisión de Trabajo del Senado se daba el lujo de posponer una vez más la discusión para continuarla en enero del próximo año, lo que reviste una desconexión e indolencia con las necesidades de nuestros adultos mayores. Es una decisión inmoral por donde se le mire, donde obviamente uno comparte el descontento de las personas.
Este debate lleva muchísimo tiempo con idas y vueltas, por lo que uno se cuestiona si quienes lo conducen desde el Gobierno realmente se han tomado el tiempo de hablar con la gente o solo se han dedicado a acordar con las AFP y la oposición para contentarlos a ellos.
Lamentablemente, la discusión ha quedado entrampada en este gallito político, desplazando las conversaciones más técnicas y éticas y también alejando del diálogo a los principales afectados, a quienes se les han dado falsas esperanzas de una solución con plazos que pareciera que nunca se van a cumplir.
Una reforma bien hecha debe cambiar profundamente el sistema. Se deben modificar las irreales tablas de mortalidad, en las cuales se consideran 110 años como esperanza de vida, lo que repercute negativamente en los cálculos de los montos finales. Además, no podemos permitir que las pérdidas las sigan asumiendo los cotizantes, mientras las aseguradoras solo llenan sus bolsillos.
Acá el principal error del Ejecutivo ha sido centrar el diálogo en satisfacer a las AFP y a la oposición, olvidándose de la gente, que no está interesada en las discusiones políticas, sino que solo busca saber cuándo se concretará el acuerdo que permita mejorar las pensiones. Sin embargo, la respuesta se ve cada vez más lejana, si es que se siguen privilegiando los intereses económicos de algunos pocos.
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