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Kant y el extravío de las derechas Opinión

Kant y el extravío de las derechas

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Hugo Herrera
Por : Hugo Herrera Abogado y profesor de Filosofía y Teoría Política. Universidad Diego Portales y Universidad de Valparaíso. https://orcid.org/0000-0002-4868-4072
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Urge que las derechas vuelvan sobre el capítulo olvidado de su pensamiento institucional y de la libertad, dejando atrás episodios como el de la PDI y avanzando decididamente hacia los problemas que aquejan en su nivel más básico la vida social: seguridad e integridad de las personas.


He invocado a Kant como autor relevante para las derechas, por su defensa de la libertad y la institucionalización del poder. La coyuntura política no hace sino confirmar la urgencia de esa referencia.

La crisis en la PDI recuerda que sin respeto a las reglas no es posible proteger eficazmente la seguridad y la libertad. La pregunta no es sólo por la intensidad de la respuesta sino por su forma: bajo qué reglas, con qué orientación y ethos institucional.

A la crisis de la PDI se suma la desarticulación de los partidos de gobierno, incapaces de subordinar intereses particulares a una orientación común fundada en principios.

En estos casos, la mirada de Kant —de institucionalidad y libertad— adquiere actualidad. La discusión sobre sus ideas no es un lujo academicista prescindible para las derechas, pues toca el núcleo de su extravío. Urge fortalecer las instituciones antes que instrumentalizarlas, y volver sobre la pregunta por la propia justificación política. Lo que está en juego es decisivo: si las derechas son capaces de pensarse más allá de la costumbre y del cálculo, y de asumir —con lucidez doctrinaria mínima— la importancia del respeto a las reglas y de la agenda de libertad y seguridad.

De las intervenciones recientes en el debate sobre Kant, reparo en tres, que precisan asuntos discutidos. Benjamín Truffello defiende la compatibilidad entre Kant y el pensamiento nacional-popular. Muestra que asociar a Kant con políticas redistributivas no es extravagante. Remite a Otfried Höffe y al krausismo y batllismo como ejemplos de articulación entre liberalismo kantiano e intervención estatal. El profesor Jaime de la Hoz subraya que el universalismo kantiano no excluye su encarnación concreta: el derecho es realización efectiva de la libertad y el Estado es la forma en la que se expresa el pueblo y sus peculiaridades culturales.

A su vez, el profesor Renato Cristi sostiene que el republicanismo kantiano “no es democrático, sino más bien monárquico”. Yo agregaría que la Ilustración y la razón pública permiten cuestionar incluso la monarquía.

El profesor Cristi considera la tensión, en Kant, entre una concepción convencionalista y otra prepolítica de la propiedad. Sus análisis son relevantes. Debe agregarse, empero, en primer lugar, que en Kant la apropiación originaria de la tierra es colectiva. Habla de la “conquista de la tierra” o “propiedad suprema sobre el suelo” como “condición superior de posibilidad de la propiedad y de todo el derecho restante, tanto público como privado”.

En segundo término he planteado que el republicanismo kantiano debe complementarse con el principio popular del “Republicanismo Popular” (véase este texto sobre qué es “republicanismo popular”.

Entre ambos hay tensión. Esa tensión es productiva y lo muestra un ejemplo en el ámbito de la vivienda y acceso al suelo, donde si se actúa sólo desde la propiedad y el mercado, el resultado es conocido: segregación y libertad meramente formal.

Si se actúa sólo desde la demanda inmediata, incluso por tomas, se erosionan la seguridad jurídica y la integración sostenida. La política comienza cuando ambos principios —el republicano y el popular— se enfrentan. De la fricción nacen instrumentos reales: bancos de suelo, integración urbana, límites a la especulación. No son concesiones: son soluciones arrancadas a la tensión.

Esa tensión no es un defecto,  porque el republicanismo sin pueblo es formalismo vacío y pueblo sin republicanismo es populismo ciego.

Urge, así, que las derechas vuelvan sobre el capítulo olvidado de su pensamiento institucional y de la libertad, dejando atrás episodios como el de la PDI y avanzando decididamente hacia los problemas que aquejan en su nivel más básico la vida social: seguridad e integridad de las personas.

Y también es menester que las derechas no pierdan de vista que el principio republicano de defensa de la libertad y la seguridad debe ir de la mano con el principio popular de la integración democrática y social. En esa tensión —no resuelta, pero fecunda— se juega, probablemente, la posibilidad misma de un buen gobierno.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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