Opinión
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Vinculación con el entorno: la clave para una facultad con impacto y futuro
Las actividades culturales, artísticas, ambientales y deportivas no son elementos accesorios de la vida universitaria. Constituyen espacios de encuentro, formación ciudadana y construcción de comunidad que enriquecen la experiencia educativa y fortalecen el sentido de pertenencia institucional.
En tiempos en que las universidades son interpeladas permanentemente sobre su contribución al desarrollo del país, la vinculación con el entorno ha dejado de ser una función complementaria para transformarse en una dimensión estratégica de su quehacer. Ya no basta con formar profesionales competentes o producir investigación de calidad. La legitimidad y el posicionamiento de las instituciones de educación superior dependen cada vez más de su capacidad para dialogar con la sociedad, comprender sus desafíos, adelantar sus necesidades y contribuir activamente a resolverlas.
Las facultades de ciencias jurídicas y sociales tienen una responsabilidad particularmente relevante en este escenario. Nuestro trabajo se desarrolla precisamente en los espacios donde se construyen las reglas de convivencia, se diseñan las políticas públicas, se fortalecen las instituciones democráticas y se protegen los derechos de las personas. Por ello, la conexión con el entorno no puede entenderse únicamente como una obligación derivada de los procesos de acreditación o de las exigencias regulatorias. Debe concebirse como una convicción profunda sobre el papel público que estamos llamados a desempeñar.
La experiencia demuestra que las facultades que logran posicionarse de mejor manera son aquellas capaces de construir relaciones permanentes y bidireccionales con sus comunidades. No se trata simplemente de transferir conocimiento desde la academia hacia la sociedad, sino de generar un diálogo genuino donde las necesidades, expectativas y experiencias del entorno enriquecen la formación, orientan la investigación y promueven la innovación en un amplio sentido, todo lo cual fortalece los procesos formativos que entregamos en los niveles de pregrado, postgrado o formación permanente.
En este contexto, resulta fundamental fortalecer espacios de servicio y aprendizaje que permitan a nuestros estudiantes comprender tempranamente las realidades que enfrentarán en su ejercicio profesional. Las clínicas jurídicas constituyen un ejemplo valioso de esta interacción entre formación académica y compromiso social, especialmente en momentos en que los cambios normativos obligan a repensar los mecanismos mediante los cuales se presta asesoría jurídica a la ciudadanía.
Del mismo modo, la relación con quienes han egresado de nuestras aulas debe transformarse en una prioridad institucional. Las universidades no terminan su tarea el día de la titulación. Por el contrario, sus comunidades se proyectan a través de las trayectorias profesionales de sus egresadas y egresados. Fortalecer esos vínculos, promover redes de mentoría, generar oportunidades de prácticas y construir espacios de encuentro intergeneracional contribuye tanto al desarrollo profesional de los estudiantes como al prestigio y reconocimiento de la institución.
La vinculación efectiva también exige una relación estrecha con empleadores y con distintos sectores productivos, públicos y sociales. Las transformaciones tecnológicas, los cambios regulatorios y las nuevas demandas laborales requieren mecanismos permanentes de retroalimentación. Iniciativas como ferias laborales, consejos consultivos profesionales y programas de formación continua permiten reducir la distancia entre la formación universitaria y las necesidades reales del mundo laboral.
Asimismo, las facultades deben asumir un rol más activo en la discusión de los grandes temas nacionales. Chile enfrenta desafíos complejos en materias de modernización del Estado, fortalecimiento institucional, uso de las nuevas tecnologías y transformación del mundo laboral, acceso a la justicia, descentralización, innovación pública y gobernanza democrática. En todos estos ámbitos, la academia posee capacidades y conocimientos que pueden enriquecer significativamente el debate público. Una facultad que participa de manera sistemática en procesos legislativos, reformas institucionales y espacios de reflexión ciudadana fortalece su impacto social y consolida su liderazgo intelectual.
La vinculación con el entorno también se expresa en dimensiones frecuentemente subvaloradas. Las actividades culturales, artísticas, ambientales y deportivas no son elementos accesorios de la vida universitaria. Constituyen espacios de encuentro, formación ciudadana y construcción de comunidad que enriquecen la experiencia educativa y fortalecen el sentido de pertenencia institucional. En ellas, además, pueden confluir tanto el cuerpo académico como personas funcionarias, así como nuestros estudiantes y redes Alumni, consolidando así el sentido de “alma mater” viva y con proyección.
Finalmente, una estrategia sólida de vinculación con el medio tiene un efecto que trasciende cada una de estas acciones por separado: fortalece el posicionamiento institucional. Las facultades que escuchan, colaboran y generan valor para su entorno construyen confianza, legitimidad y reconocimiento social. En un sistema universitario cada vez más exigente y competitivo, esos atributos son esenciales para proyectar su desarrollo futuro y llegar a ser un referente en los estudios socio-jurídicos del país y el espacio iberoamericano.
La universidad crece cuando su entorno crece con ella. Esa es, quizás, la principal enseñanza que nos deja la experiencia de las instituciones que han logrado mantenerse relevantes a lo largo del tiempo. Construir de forma colaborativa no es solamente una declaración de principios; es una estrategia indispensable para formar mejores profesionales, generar conocimiento más pertinente y contribuir de manera efectiva al progreso de nuestra sociedad.
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