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Chile da un primer paso serio para impulsar la economía del conocimiento Opinión

Chile da un primer paso serio para impulsar la economía del conocimiento

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Hernán Gerson
Por : Hernán Gerson Country Manager de Globant Chile
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Chile no parte de cero: tiene base de talento e infraestructura digital. El desafío es generar las condiciones para que ese talento y esas capacidades puedan escalar más allá del mercado interno y competir por oportunidades globales.


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El pasado 4 de agosto de 2026, el Congreso aprobó en su totalidad la Ley de Reconstrucción Nacional y Desarrollo Económico y Social (1). Entre sus medidas, hay una que no captó la atención que merece y amerita un párrafo aparte: por primera vez, la legislación tributaria reconoce la exportación de servicios de conocimiento como una actividad a promover.

El crédito tributario del 15% sobre las remuneraciones de los trabajadores vinculados a la exportación de servicios basados en conocimiento, con un tope de 75 UTM por trabajador al año, representa una oportunidad relevante para el sector y puede contribuir a generar condiciones favorables para la inversión.

El crédito se imputa contra el Impuesto de Primera Categoría y no es reembolsable, aunque puede arrastrarse a ejercicios siguientes. A su vez, el beneficio aumenta al 20% para los trabajadores que desempeñan principalmente sus funciones fuera de la Región Metropolitana o en comunas rurales de la RM, una señal especialmente relevante para impulsar el desarrollo de talento fuera de Santiago.

Y el momento para dar este paso tampoco es casual: las exportaciones chilenas de servicios digitales se triplicaron en casi una década, pasando de US$ 331 millones en 2016 a un récord de US$ 1.106 millones en 2025, con un crecimiento promedio anual de 14,4%. Hoy representan el 35% de las exportaciones de servicios del país y son realizadas por unas 350 empresas.

Chile no parte de cero: tiene base de talento e infraestructura digital. El desafío es generar las condiciones para que ese talento y esas capacidades puedan escalar más allá del mercado interno y competir por oportunidades globales. Además, un diferencial muy potente es que nuestro país tiene una de las mejores infraestructuras para estos servicios en la región.

La experiencia de otros países de la región ofrece algunas lecciones. Argentina comenzó a construir su industria del software en 2004, al salir de una de las crisis más profundas de su historia. En ese momento, el sector empleaba a unas 20 mil personas. Dos décadas después, esa cifra se multiplicó por casi ocho y alcanzó unos 160 mil empleos registrados. 

Costa Rica siguió otra estrategia, basada durante años en la atracción de inversión tecnológica y el desarrollo de servicios basados en conocimiento. En 2024, las exportaciones de estos servicios equivalieron al 9,5% de su PIB y al 24,1% de sus exportaciones totales. 

Hay una coincidencia en las experiencias de estos dos países: ninguno convirtió a la economía del conocimiento en un motor de crecimiento a partir de una única medida. La construyeron con políticas sostenidas, reglas claras y una mirada de largo plazo.

Ese es el principal desafío para Chile. La nueva ley puede ser un primer paso importante, pero su verdadero impacto dependerá de que esta política trascienda los ciclos políticos. Para una industria que necesita formar talento, atraer inversión y abrir mercados, la previsibilidad no es un beneficio adicional: es una condición necesaria.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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