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La terapia reparativa para homosexuales en Chile

por 16 junio, 2015

La terapia reparativa para homosexuales en Chile
Me di cuenta de la profunda falta de calidad en las escuelas de Psicología, donde no hay formación en sexualidad y menos en diversidad. Es más, hay profesores homofóbicos que enseñan sus prejuicios en las aulas. Yo misma tuve algunos en mi formación de magíster. Si los colegas supieran acerca de las terapias reparativas de sexualidad, estarían enterados de que sus publicaciones carecen del más mínimo estándar metodológico en sus estudios.
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Entre mis muchas labores, me desempeño como Coordinadora de la Comisión de Género y Diversidad Sexual del Colegio de Psicólogos de Chile. Esta Comisión, conformada por ocho Psicólogos y Psicólogas con vasta experiencia en docencia e investigación, realizó un estudio desde enero del presente año a la fecha, acerca de las terapias reparativas de la homosexualidad. Leímos los libros que promueven estas terapias, para así conocer sus fundamentos teóricos, investigamos estudios publicados a favor y en contra, la postura de las principales organizaciones de Psicología en el mundo y las de derechos humanos. Por supuesto, investigamos también si es que se estaban realizando estas prácticas en Chile. Los resultados no fueron alentadores y nos preocuparon. Le solicitamos al Directorio urgentemente emitir un comunicado público donde se rechazaran estas prácticas, lo cual se realizó a través de una conferencia de prensa el pasado 11 de junio. Las razones se repetían en cada uno de los estudios: adicciones, suicidio, trastornos sexuales, depresión… gente a la cual se le había arruinado la vida.

Una vez realizada la conferencia, puedo escribir entonces mis apreciaciones y las aprensiones que aún tengo sobre este tema, lo cual realizo en forma autónoma y es de responsabilidad personal.

Siento una profunda preocupación por la ignorancia y homofobia que existe en una gran cantidad de los psicólogos y psicólogas de Chile. Me impresionó que la mitad de los colegas que comentaban en las redes sociales, estaban a favor de estas terapias, abogando por la libertad de una persona homosexual, que no quiere serlo, a cambiar. Presentar lo anterior como fundamento, demuestra que estos colegas defienden las terapias reparativas sin saber lo que son. Si no, sabrían que todos los estudios han fallado en demostrar que la orientación sexual se pueda cambiar. Para los más exquisitos, existe sólo un estudio experimental de esta terapia, con grupo control. Este, arrojó que no hay cambio alguno. Es decir, es muy cómodo para el bolsillo del terapeuta (señalan que la terapia dura mínimo cinco años) pero bastante frustrante para el paciente, a quien comienza por decírsele que, por ser homosexual, sufrirá, que no está bien, que Dios no lo quiere así y se le habla de la importancia de la procreación, para que termine sin poder cambiar, frustrado y enojado consigo mismo.

 Nos sorprendió leer la tesis de la Psicóloga Marcela Ferrer, publicada en la Universidad Católica, donde no sólo se lee un trabajo sin formato APA sino que, además, hay faltas ortográficas y gramaticales vergonzosas. Me costaba creer lo que leía: la colega, que es famosa en Chile por ser exponente del tema, se basaba en Juan Pablo II y El Vaticano. Esas eran sus fuentes en un estudio científico. Proponía que las personas homosexuales son bebés llorones en su infancia, malos para el deporte, hipersensibles y que la homosexualidad era producto de la ausencia paterna viril.

Si los colegas supieran realmente de estas terapias, sabrían que su creador o padre de las mismas, pidió disculpas públicas y se retractó hace ya algunos años, porque estaba equivocado: no se podía cambiar la orientación sexual y su propuesta había causado suicidios masivos, adicciones, trastornos sexuales, depresiones y abusos de alcohol y drogas. De hecho, es lo único que la terapia reparativa sí ha demostrado conseguir: hacer daño.

Me di cuenta de la profunda falta de calidad en las escuelas de Psicología, donde no hay formación en sexualidad y menos en diversidad. Es más, hay profesores homofóbicos que enseñan sus prejuicios en las aulas. Yo misma tuve algunos en mi formación de magíster.

Si los colegas supieran acerca de las terapias reparativas de sexualidad, estarían enterados de que sus publicaciones carecen del más mínimo estándar metodológico en sus estudios. De hecho, nos sorprendió leer la tesis de la Psicóloga Marcela Ferrer, publicada en la Universidad Católica, donde no sólo se lee un trabajo sin formato APA sino que, además, hay faltas ortográficas y gramaticales vergonzosas. Me costaba creer lo que leía: la colega, que es famosa en Chile por ser exponente del tema, se basaba en Juan Pablo II y El Vaticano. Esas eran sus fuentes en un estudio científico. Proponía que las personas homosexuales son bebés llorones en su infancia, malos para el deporte, hipersensibles y que la homosexualidad era producto de la ausencia paterna viril, que jugara rudamente con el hijo.

Así, entonces, la terapia de reparación se basa en una adaptación de la técnica de los 12 pasos para la adicción (sí, está leyendo bien), en donde se prohíben amistades homosexuales, se enseña rol de género masculino clásico, se promueve jugar fútbol (también está leyendo bien) y a través del terapeuta, que debe ser hombre y no mujer, para sanar la herida que dejó este padre ausente o demasiado sensible.

Me preocupó encontrarme con que esta terapia, prohibida por la Asociación Panamericana de la Salud y por ley en varios países, se realizaba a diestra y siniestra en Chile, bajo el amparo de la “libertad de acción” o el libre mercado. ¿Todo lo puede la libertad de acción?, ¿puedo aplicar una técnica psicoterapéutica que está demostrado que es dañina porque soy libre?, ¿quién protege a los pacientes en este país?

Nuestro accionar como Colegio de Psicólogos es muy pero muy limitado desde la dictadura, donde se nos quitó prácticamente todo poder. No existe la posibilidad de suspender la licencia, como en la mayoría de los países, por lo cual sólo podrían ser sancionados quienes estén colegiados, o sea, la minoría. ¿Y el resto? Mientras esto sea así, creo que es obligación del Estado hacerse cargo y llamar a una investigación del tema y que la justicia dictamine: si se ha dañado a un ser humano, pues, deberá pagarse. Los seres humanos no son cosas. No son muebles o sillas sobre los cuales depositar nuestros prejuicios.

Después de estudiar este tema tanto tiempo, creo que su fundamento es la doctrina católica más ortodoxa, desde donde se despliegan este tipo de dispositivos que lo que buscan es reafirmar el modelo de familia católica, con sus respectivos roles de género binario y el sexo visto como un mandato de reproducción. Estas tres son las premisas que defiende esta teoría.

En este, el país de Daniel Zamudio, donde llevamos años intentando disminuir los crímenes de odio, existen estos terapeutas regando ideas de homosexuales como enfermos, adictos, que cometen todo tipo de abusos y deben ser “reparados”. No sólo dañan al paciente. Dañan a todo aquel que los escuche, pues propagan las ideas que son la antesala de los crímenes de odio.

Las siguientes preguntas son de mi exclusiva responsabilidad:

¿Qué hace Marcela Ferrer en la comisión que está analizando la Ley Zamudio en el Congreso?, ¿quién la invitó? Creo que el honorable que lo hizo tiene bastante que explicarnos a todos. Ella estaría participando como asesora en otras comisiones también, como la de la Ley de Identidad de Género.

¿Por qué la Universidad Católica realizó un seminario en donde gastaron recursos públicos, promoviendo estas terapias?, ¿por qué y quién aprobó esa tesis de bioética con errores gramaticales, sin citas APA y con referencias como Juan Pablo II en un estudio científico?

¿Por qué, sabiendo los daños de las terapias reparativas de la homosexualidad, la Red Clínica de la PUC tiene como profesional atendiendo en su staff a Marcela Ferrer?

¿Por qué la Universidad de Los Andes tenía como docente a Marcela Ferrer?, ¿se aseguran de que no emita juicios homofóbicos?

Me he aventurado a ser valiente y señalar estas preguntas, repito, a modo personal, porque creo profundamente en defender aquello que es justo. Ya basta de que en este país se haga lo que se quiera y nadie abogue por los derechos humanos de los pacientes y su cuidado. Nadie debiera entrar a una terapia que, se ha comprobado, causa serios daños e incluso el suicidio.

Soy una convencida de que, en la reforma educacional, la calidad debe de ser tomada en serio, ese eslogan que la UDI tanto ha promulgado, pero que parece olvidar o no decir nada cuando toca a temas como estos. Creo que los estudiantes de Psicología deberían estudiar orientación sexual y desarrollo del género en sus mallas. Creo que se debiera promover el pensamiento crítico y siempre, como una ley, examinarnos en nuestras creencias. Quienes sufran de homofobia, por favor, no hagan psicoterapia. Dejen de mezclar ciencia y religión. Lo importante no es defender nuestras creencias sino a quienes se ponen bajo nuestras manos, confiando en que están seguros.

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