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El Mostrador
Embajador Andrés Ergas: el riesgo de mezclar intereses en Washington
La designación de Andrés Ergas como embajador en EE.UU. instala dudas en un momento crítico: sin trayectoria diplomática, con negocios en el país anfitrión y vínculos con el grupo Luksic, su llegada tensiona la línea entre interés público y privado.
La decisión ya está tomada. Andrés Ergas será el embajador de Chile en Estados Unidos durante el gobierno de José Antonio Kast. Pero, lejos de cerrar el debate, su nombramiento lo abre. Y lo hace en un momento altamente sensible: cuando la relación bilateral atraviesa una tensión inédita, tras la revocación de visas a autoridades chilenas y la presión explícita de Washington en materias de inversiones en infraestructura y áreas estratégicas.
En ese escenario, la designación no solo sorprende por el nombre, sino por lo que representa. No es un diplomático. No proviene del servicio exterior. Viene del mundo de los negocios. Y llega con vínculos, intereses y antecedentes que abren un flanco más que incómodo.
Ergas ya tuvo un debut extraoficial en la capital estadounidense. Según La Tercera, sostuvo reuniones con analistas latinoamericanos y con políticos chilenos y estadounidenses, donde fue presentado como el futuro representante diplomático. Además, integró la delegación de la Oficina del Presidente Electo (OPE) que expuso ante la Cámara de Comercio de Estados Unidos, junto a Alejandro Irarrázaval, Eitan Bloch —el hombre clave en la conectividad digital de Kast— y la futura subsecretaria de Relaciones Económicas Internacionales, Paula Estévez.
Pero el problema no es la agenda. Es el contexto. Estados Unidos no es una embajada cualquiera: es un socio comercial vital, un actor central en inversiones, defensa y política hemisférica. Y hoy, además, ha endurecido su forma de operar, utilizando sanciones como herramienta de presión. En ese tablero, la diplomacia no admite improvisaciones, apuntan observadores.
Ergas, sin embargo, no llega con ese oficio. Su trayectoria está marcada por el mundo financiero, con notorios desaciertos incluidos. Fue presidente y CEO del Banco HNS, entidad que en 2004 registró la peor rentabilidad del sistema (-15%) y que terminó siendo vendida tras un periodo complejo que obligó a inyecciones de capital para sostenerla.
A ello se suman cuestionamientos internos y decisiones de gestión que dejaron huella en el mercado. Tras su salida, impulsó proyectos como Nomads of the Seas y un hotel en San Pedro de Atacama, ambos finalmente discontinuados. No son antecedentes menores para un cargo donde la credibilidad, la reputación y el escrutinio internacional son parte del día a día.
La división financiera de General Electric —que había ingresado a la propiedad— exigió la rotación en la presidencia. También se conocieron cuestionamientos por gastos considerados excesivos durante su gestión. El propio Ergas se defendió años después señalando que el vehículo cuestionado no era un Mercedes Benz, sino “un Audi A4”.
Uno de los puntos más sensibles no está solo en su historial, sino en sus intereses actuales. Ergas mantiene inversiones inmobiliarias en Estados Unidos, precisamente el país donde representará a Chile. Un dato que, en cualquier análisis de política exterior, activa alertas de conflicto de interés. La Convención de Viena es clara: el interés del Estado debe estar por sobre cualquier interés particular. Y en un escenario donde cada decisión económica tiene lectura geopolítica, esa línea se vuelve especialmente delgada.
Como advirtió Juan José Lyon, director ejecutivo de América Transparente a El Mostrador: “La diplomacia no es un premio, es una función técnica”. Y lo que está en juego no es una oficina comercial, sino la representación política del Estado de Chile frente a una de las administraciones más impredecibles de las últimas décadas.
El vínculo con el grupo Luksic
El caso de Ergas no puede leerse de forma aislada. Integra el directorio del Banco de Chile, institución controlada por el grupo Luksic. En esa mesa comparten asiento figuras como Andrónico Luksic, Jean Paul Luksic y Jaime Estévez, quien protagonizó una polémica de proporciones cuando, en su calidad de presidente de BancoEstado, otorgó un millonario crédito al grupo Luksic para financiar la compra de un paquete accionario que le permitió tomar el control del Banco de Chile. Años más tarde, el propio Estévez pasó al directorio del banco privado, generando críticas por “puerta giratoria”.
El histórico dirigente socialista y exministro del gobierno de Ricardo Lagos es, además, padre de Paula Estévez, futura subsecretaria de Relaciones Económicas Internacionales del gobierno de Kast.
En el Banco de Chile, Ergas participa en representación de su padre, accionista relevante del banco, aunque no controlador. La política internacional está hecha, en gran medida, de gestos y señales. Y el contexto importa.
Su caso se conecta directamente con el del nuevo canciller, Francisco Pérez Mackenna, quien fue durante años el principal ejecutivo de Quiñenco, holding de la familia Luksic. Su llegada a Cancillería ya instaló cuestionamientos por potenciales conflictos de interés, dadas las inversiones y controversias que mantiene actualmente el grupo en Estados Unidos.
Entre ellas, la de mayor impacto es el proyecto Twin Metals en EE.UU., propiedad de Antofagasta Minerals, brazo minero del mismo conglomerado.
El tránsito de este proyecto no ha sido menor. Desde hace años se ha transformado en uno de los conflictos más sensibles de la minería en Estados Unidos. Ubicado cerca de una de las reservas naturales más protegidas del país, enfrentó una fuerte oposición ambiental por riesgos de contaminación.
Su avance ha estado marcado por el vaivén político: fue impulsado durante el primer gobierno de Donald Trump y posteriormente bloqueado por la administración de Joe Biden, que suspendió permisos clave.
Hoy, con Trump nuevamente en la Casa Blanca, el proyecto parece recuperar impulso. Y es precisamente en ese escenario donde los roles de Ergas como embajador en Estados Unidos y de Pérez Mackenna como canciller de Chile generan suspicacias sobre la posible superposición entre la agenda comercial privada y el interés público del país.
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