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El dedo de Chadwick

El dedo de Chadwick

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Cuando el senador Carlos Bianchi emplazó a Beyer a que hiciera “un gesto país” y en ese momento renunciara, para no ser destituido por la Cámara, todas las miradas de las bancadas de la UDI y RN se dirigieron hacia donde estaba Chadwick. El jefe de gabinete de Sebastián Piñera solo movió su índice en señal de rechazo al ofrecimiento de Bianchi y el desenlace quedó zanjado.


Hay dedos famosos en la humanidad. Antiguamente en Roma, bastaba que el César alzara el pulgar para salvar la vida de alguien en la arena del Coliseo. En la actualidad y especialmente en política, algunos son fiel reflejo del poder político que ostentan sus dueños. Imposible olvidar el mítico dedo del ex Presidente Ricardo Lagos con el que apuntó a la cámara para emplazar al general Augusto Pinochet, un gesto que fue clave previo al plebiscito de 1988. Y durante la eterna sesión del miércoles en el Senado que selló la destitución de Harald Beyer, surgió otro dedo, el del ministro del Interior Andrés Chadwick, en el momento de mayor tensión y expectación política.

Ya el senador DC, Patricio Walker, había anunciado que rechazaría los tres capítulos de la acusación, las esperanzas del gobierno de salvar a Beyer habían resurgido, pero luego el senador independiente por Magallanes, Carlos Bianchi, dejó en claro que iba a apoyar el libelo, emplazó a Beyer a que hiciera “un gesto país” y en ese momento renunciara, para no ser destituido por la Cámara Alta.

Fue en ese instante, que todas las miradas de las bancadas de la UDI y RN se dirigieron al lugar del hemiciclo donde Chadwick estaba sentado, esperando una indicación de cuál era el rumbo que iban a tomar los hechos. El jefe de gabinete de Sebastián Piñera, el pánzer de la derecha, solo movió su índice en señal de rechazo al ofrecimiento de Bianchi y el desenlace quedó zanjado.

Vino la reunión de comité que se solicitó para dar tiempo a Beyer, pero los senadores de la Alianza ya sabían que no se iba a dar pie atrás.

Cuentan que la rapidez con que el ministro del Interior indicó al oficialismo el rechazo a la idea de Bianchi, se debe a que la posibilidad de la renuncia se discutió en infinidad de ocasiones con el propio Beyer y que era algo ya definido que no sucedería.

En Santiago, en La Moneda, estaba el Presidente siguiendo la transmisión de la votación. El celular de Chadwick sonó, la llamada obviamente era de Palacio y se informó que no había novedades, que no se daba pie atrás. El dedo de Chadwick ya se había movido.

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