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Festival de Ideas CAF: la cocina latinoamericana como identidad cultural y desarrollo económico

Festival de Ideas CAF: la cocina latinoamericana como identidad cultural y desarrollo económico

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En el marco del Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe 2026 y del Festival de Ideas CAF en Panamá, chefs y referentes culturales de Chile y Latinoamérica reflexionaron sobre la gastronomía como motor de desarrollo económico, identidad y cohesión social.


Esta semana, Panamá fue escenario del Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe 2026, instancia que reunió a altas autoridades latinoamericanas, líderes políticos, representantes de organismos multilaterales y referentes del sector privado para debatir los principales desafíos económicos, sociales y de desarrollo de la región.

En ese contexto, y como antesala al encuentro económico, se desarrolló el Festival de Ideas CAF “Voces por Nuestra Región: Cultura que mueve el mundo”, organizado por CAF – banco de desarrollo de América Latina y el Caribe, con el objetivo de posicionar la cultura y las industrias creativas como un eje estratégico del crecimiento regional, más allá de su valor simbólico.

El festival se llevó a cabo en el Panamá Convention Center y reunió a artistas, creadores, chefs, gestores culturales y emprendedores en torno a conversaciones sobre música, literatura, arte, turismo y gastronomía, entendidas —como se reiteró durante las jornadas— “no solo como cultura, sino como economía, identidad y cohesión social”.

Dentro de esta programación, uno de los espacios más relevantes fue el panel “Gastronomía y Economía: el sabor que impulsa Latinoamérica”, donde se debatió el rol de la cocina como herramienta de integración regional, sostenibilidad y proyección internacional.

El conversatorio reunió a actores que representaron distintas miradas y experiencias dentro del ecosistema gastronómico y creativo, como Mario Castrellón, chef y fundador del Grupo Maito, uno de los grandes referentes de la cocina panameña contemporánea; Rey Guerrero, chef, cuya mirada conecta cocina, territorio y oficio; Max Raide, empresario chileno y creador de la Ruta Trasandina, proyecto que vincula gastronomía, turismo y desarrollo territorial.

La moderación estuvo a cargo de Ana Elena Mallet, investigadora y curadora, académica del Tecnológico de Monterrey y miembro del Comité de Adquisiciones del Departamento de Arquitectura y Diseño del MoMA de Nueva York, quien aportó una lectura transversal entre cultura, diseño y políticas públicas.

Identidad, cultura y marca país desde la cocina

Mario Castrellón, quien lidera las cocinas del Grupo Maito, se ha posicionado como uno de los principales embajadores de la gastronomía panameña ante el mundo, a partir de una propuesta que fusiona sabores locales con influencias afro, asiáticas y caribeñas.

Durante su intervención, reforzó la idea de que la gastronomía es una de las formas más directas y potentes de expresar identidad cultural. “Una de las maneras más fáciles de enseñar quiénes somos como país es a través de lo que hay en la mesa”, señaló, enfatizando la importancia de que los propios panameños se sientan orgullosos de su cocina.

Castrellón compartió el proceso de investigación cultural desarrollado en Natá de los Caballeros, a partir del hallazgo de una tumba precolombina asociada a un chamán y a la riqueza agrícola del territorio. “Nos empezamos a preguntar por qué había habido asentamientos importantes aquí, y la respuesta estaba en la tierra, en la agricultura, en la caña”, explicó.

Ese recorrido derivó en la recuperación del seco, el único destilado con denominación de origen de Panamá, históricamente asociado a lo popular. “El seco es un producto nuestro, netamente panameño. Hay una oportunidad enorme de volver a hablar de él, de crear orgullo y marca país desde la gastronomía”, afirmó. “Crear marca país desde la gastronomía es también recuperar lo que somos”.

Esa visión se expresa con claridad en Maito, restaurante que encarna la identidad culinaria multicultural de Panamá, donde confluyen influencias afrodescendientes, asiáticas y caribeñas en una cocina contemporánea profundamente conectada con el territorio, con sabores criollos, de mar, de montaña y de la tierra panameña.

América Latina como destino gastronómico

Para Max Raide, creador de la Ruta Trasandina, Latinoamérica tiene hoy una oportunidad concreta de proyectarse al mundo como un destino gastronómico integrado, comparable a Europa o Asia. “Tenemos productos, territorios y una hospitalidad única. ¿Por qué el mundo puede recorrer varios países en Europa en una o dos semanas y no pensar lo mismo de América Latina?”, planteó.

Raide recordó que, aunque la región no tenga mil años de historia documentada como Europa, sí existieron imperios sin fronteras, donde los productos circulaban por todo el continente. “Eso es algo que tenemos que volver a recuperar, porque ahí está nuestra identidad compartida”, sostuvo.

Desde una mirada más pragmática, abordó también las dificultades geográficas que enfrentan países como Chile o Argentina. “Estamos al final del mundo. Eso significa que tenemos que hacer un triple esfuerzo para que la gente conozca nuestra gastronomía, nuestros productos y nuestra gente”, explicó.

En ese contexto, destacó el rol de plataformas internacionales y rankings gastronómicos. “Sin estas vitrinas, comunicacionalmente estaríamos completamente fuera de foco”, afirmó, reconociendo que, aunque imperfectas, han sido claves para visibilizar la cocina latinoamericana y elevar los estándares del sector. “Te obligan a mejorar: en servicio, en formación, en idiomas, y eso termina beneficiando también a los productores y a las comunidades con las que trabajamos”.

El cuidado de las comunidades

Desde una mirada crítica, Rey Guerrero, chef afrocolombiano y autor de “Sabores de resistencia”, recetario cronicado del Pacífico colombiano reconocido como libro de literatura gastronómica, puso el acento en el rol de las comunidades y los riesgos de una exposición global mal gestionada.

“La gastronomía no es solo sabor”, afirmó con énfasis. “Es técnica, es biodiversidad, es historia productiva”. Para Guerrero, el problema surge cuando la cultura se consume sin reconocer a quienes la producen. “Cuando los actores de las comunidades no están presentes, cuando no son parte del proceso, falta algo por hacer”, señaló.

En ese sentido, fue claro al advertir sobre los riesgos de la apropiación cultural. “No basta con pagar un plato. El verdadero valor está en que ese pago llegue a las comunidades del Pacífico, a los pescadores artesanales, a las sabedoras que han transmitido estos conocimientos de forma oral”, sostuvo. “Si no, seguimos viendo la cultura de manera extractivista”.

La gastronomía como desarrollo económico y social

La sostenibilidad fue otro eje transversal del diálogo. Raide ejemplificó con la sobreexplotación de recursos marinos en Chile y la amenaza de extinción de especies como la macha. “Tenemos un futuro alucinante, pero si no somos conscientes de nuestra responsabilidad, todas estas oportunidades se van a acabar”, advirtió.

Castrellón, en tanto, cerró con una mirada optimista sobre el momento actual de la región. “Hoy, a diferencia de hace 20 años, los latinoamericanos estamos orgullosos de nuestra identidad gastronómica. Hoy sí es un lujo ir a un restaurante de cocina local”, afirmó. “La gastronomía chorrea desde la tierra hasta lo más alto: genera empleo, identidad y desarrollo”.

El conversatorio dejó en evidencia que la gastronomía latinoamericana atraviesa un momento de visibilidad y reconocimiento sin precedentes. El desafío, coincidieron los participantes, es crecer sin perder el territorio, los saberes y las comunidades que la sostienen, entendiendo la cocina no solo como una industria, sino como una herramienta profunda de desarrollo cultural, económico y social para la región.

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