Gastronomía
La ostra japonesa busca volver a las mesas chilenas con nuevas oportunidades para la gastronomía
La ostra del Pacífico busca recuperar espacio en la gastronomía chilena como un producto sustentable, de rápido crecimiento y alto valor culinario.
Chile posee más de 6.400 kilómetros de costa y una de las mayores diversidades de productos marinos del planeta. Sin embargo, gran parte del consumo se concentra en pocas especies, dejando espacio para redescubrir recursos con alto valor culinario y productivo. Ese es el caso de la ostra japonesa o ostra del Pacífico (Crassostrea gigas), un molusco que busca recuperar protagonismo en las mesas chilenas gracias a una iniciativa que une ciencia, acuicultura y gastronomía.
En el marco del Mes de la Ostra, el Instituto Chileno de Fomento de la Ostra (ICO) y la Asociación Chilena de Gastronomía (Achiga) destacaron el valor de este producto como una alternativa sustentable, versátil y con identidad territorial, capaz de generar nuevas oportunidades para pequeños productores, restaurantes y comunidades costeras.
La actividad incluyó una degustación realizada por el Equipo Chefs Chile en el tradicional restaurante La Chimenea, donde se mostró el potencial culinario de la ostra del Pacífico y sus múltiples posibilidades de incorporación en la cocina contemporánea.
La ostra japonesa y sus potencialidades
Aunque es una especie ampliamente cultivada en distintos países del mundo, en Chile la ostra del Pacífico representa una oportunidad estratégica para diversificar la acuicultura nacional y fortalecer las economías locales vinculadas al mar.
Su desarrollo forma parte del Programa Tecnológico para el Desarrollo y Escalamiento Sustentable del Cultivo de la Ostra Japonesa, ejecutado por la Universidad Católica del Norte (UCN) y financiado por Corfo. La iniciativa está presente en ocho regiones del país —Tarapacá, Antofagasta, Atacama, Coquimbo, Biobío, La Araucanía, Los Ríos y Los Lagos— y busca impulsar la ostricultura como una alternativa productiva para la Acuicultura de Pequeña Escala (APE).
A la fecha, el programa ha distribuido más de cinco millones de semillas y trabaja con más de 60 beneficiarios, fortaleciendo capacidades técnicas y generando nuevas oportunidades de desarrollo para productores locales.
Un cultivo que complementa otras actividades del mar
Uno de los principales atributos de la ostra del Pacífico es su rápido crecimiento. A partir de semillas de aproximadamente 30 milímetros, puede alcanzar talla comercial entre seis y nueve meses, dependiendo de las condiciones de cultivo.
Esta característica permite que pescadores artesanales y pequeños acuicultores diversifiquen sus fuentes de ingreso y complementen actividades como el cultivo de mitílidos o la extracción de recursos bentónicos.
“Chile tiene una enorme riqueza en productos del mar y la gastronomía tiene el desafío de seguir poniendo en valor esa diversidad. La ostra del Pacífico es un producto con identidad, versatilidad y gran potencial culinario, que puede abrir nuevas posibilidades para nuestros restaurantes y, al mismo tiempo, generar oportunidades para los pequeños productores y las comunidades vinculadas al mar”, señaló Eduardo Regonesi, gerente general de Achiga.
El valor gastronómico de la ostra del Pacífico
A nivel internacional, las ostras son consideradas uno de los productos premium de la gastronomía marina. Su sabor, textura y capacidad para reflejar las características del entorno donde son cultivadas las convierten en un producto altamente valorado por chefs y consumidores.
En Chile, su potencial va mucho más allá del tradicional consumo en fresco. Puede incorporarse en preparaciones calientes, gratinados, ceviches, fondos marinos, arroces, pastas e incluso propuestas de cocina de autor que buscan resaltar ingredientes locales.
“Potenciar productos locales significa fortalecer a quienes los producen, generar identidad y construir una gastronomía cada vez más conectada con nuestros territorios. Queremos que la ostra vuelva a estar presente en las cocinas chilenas y que chefs y restaurantes puedan descubrir todo su potencial”, agregó Regonesi.
Para la gastronomía chilena, el desarrollo de la ostricultura representa una oportunidad para ampliar la oferta de productos de origen nacional, fortalecer la identidad culinaria costera y conectar de manera más directa a los restaurantes con productores de distintas regiones del país.
Un aporte a la sustentabilidad
Además de su valor gastronómico y económico, la ostra del Pacífico aporta beneficios ambientales. Como organismo filtrador, ayuda a remover partículas suspendidas del agua y participa en los ciclos naturales de nutrientes de los ecosistemas marinos donde se cultiva.
Según explica María Eugenia Echegoyen Hormazábal, presidenta del Instituto Chileno de Fomento de la Ostra, se trata de “una alternativa productiva que puede desarrollarse bajo adecuados estándares ambientales y sanitarios”, contribuyendo a una acuicultura más diversa y sostenible.
La dirigenta también enfatizó que el cultivo de la ostra del Pacífico no compite con la ostra chilena nativa, sino que ambas especies pueden coexistir y aportar al fortalecimiento del sector.
Un desafío que une ciencia, productores y cocina
El objetivo de esta iniciativa no es solo aumentar la producción de ostras, sino también fortalecer el vínculo entre investigación científica, productores, chefs y consumidores.
La producción de semillas se realiza en el hatchery del Laboratorio Central de Cultivos Marinos de la Universidad Católica del Norte, bajo condiciones controladas, un proceso clave debido a que las condiciones naturales de las aguas chilenas dificultan la reproducción espontánea de la especie.
Para Achiga e ICO, el desafío ahora es lograr que la ostra del Pacífico vuelva a ocupar un lugar relevante en las cartas de restaurantes, ferias gastronómicas y mercados locales, consolidándose como un producto representativo de una gastronomía chilena que apuesta por la diversidad, la sustentabilidad y el valor de los territorios.
En un escenario donde la cocina chilena busca diferenciarse a través de productos únicos y de origen, la ostra japonesa aparece como una oportunidad concreta para impulsar el desarrollo regional, fortalecer la acuicultura de pequeña escala y enriquecer la oferta gastronómica del país.