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Xochimilco: el termómetro verde de Ciudad de México
Xochimilco enfrenta múltiples amenazas: urbanización descontrolada, contaminación del agua, especies invasoras. Aun así, sigue siendo una zona agrícola activa, donde productores locales mantienen viva una tradición milenaria, cultivando alimentos en un sistema único en el mundo.
En una de las urbes más grandes y complejas del planeta, Ciudad de México aún conserva un vestigio vivo de su origen lacustre. Xochimilco no es solo un atractivo turístico ni una postal colorida de trajineras: es un ecosistema clave para el equilibrio ambiental de la capital mexicana y, por extensión, un símbolo de lo que está en juego en las grandes ciudades de Latinoamérica.
Llegamos hasta aquí casi por accidente, o al menos eso parecía al inicio, en medio de un viaje junto a Xiaomi para conocer su nueva Serie 17. Pero bastaron unos minutos sobre el agua para entender que este lugar no era una simple parada en la pauta: era una historia en sí misma.
Mucho antes de que existiera el asfalto, esta región formaba parte de un vasto sistema de lagos donde floreció la ingeniería agrícola de las culturas prehispánicas. Las chinampas, islas artificiales construidas sobre el agua, convirtieron a Xochimilco en una de las zonas agrícolas más productivas del mundo antiguo. Este sistema no solo garantizaba alimentos, sino que también regulaba la temperatura, retenía humedad y sostenía la biodiversidad.

Las trajineras se utilizan tanto como medios de transporte como para restaurantes flotantes. Fuente @kerosut
Con la expansión urbana y la desecación progresiva de los lagos tras la colonización, gran parte de ese ecosistema desapareció. Sin embargo, Xochimilco resistió. Hoy, sus canales son lo último que queda de ese pasado acuático que definió a la ciudad. Y aunque su imagen suele asociarse a celebraciones y turismo, su rol es mucho más profundo: funciona como un pulmón verde, un regulador térmico natural y un reservorio de vida.
Recorrer sus canales es también recorrer una contradicción. A ratos, el silencio del agua y la vegetación hace olvidar que estamos dentro de una megaciudad. En otros momentos, la música, las trajineras llenas y la actividad comercial recuerdan que este ecosistema también está vivo en lo social y económico. No es un museo: es un sistema en funcionamiento, aunque frágil.

El bosque de Chapultepec en pleno DF también funciona como pulmón verde dentro de Ciudad de México. Fuente @kerosut
En términos de cambio climático, su importancia es crítica. La pérdida de humedales urbanos como Xochimilco implica un aumento directo en las temperaturas locales, menor captación de carbono y una mayor vulnerabilidad frente a fenómenos extremos. Expertos advierten que su deterioro o eventual desaparición podría traducirse en un aumento de varios grados en la temperatura de la ciudad, intensificando aún más los efectos de la isla de calor urbana.
Mientras avanzábamos entre canales, era inevitable pensar en Chile. En espacios como el Humedal Río Cruces o el Humedal de Batuco, la discusión es similar: cómo proteger ecosistemas clave frente al avance de la ciudad y la presión humana. Pero hay una diferencia importante. En Chile, estos entornos suelen abordarse desde la conservación o la restauración. En Xochimilco, en cambio, la vida productiva sigue ocurriendo sobre el agua. Aquí se cultiva, se trabaja y se habita, manteniendo una relación directa entre comunidad y ecosistema que en otros lugares ya se perdió.

Es posible disfrutar, a toda hora del día, de una comida en Xochimilco. ya sea en sus islas o en las trajineras que recorren sus canales.Fuente @kerosut
Hoy, Xochimilco enfrenta múltiples amenazas: urbanización descontrolada, contaminación del agua, especies invasoras y la presión constante del crecimiento de la ciudad. Aun así, sigue siendo una zona agrícola activa, donde productores locales mantienen viva una tradición milenaria, cultivando flores, hortalizas y alimentos en un sistema único en el mundo.
También es un espacio de memoria y cultura. Entre sus múltiples rincones, existe incluso lugar para lo insólito, como la conocida Isla de las Muñecas, que añade una capa de misterio a un territorio ya cargado de historia.

La entrada a La Isla de las Muñecas. Fuente @kerosut
Al final del recorrido, la sensación es clara: Xochimilco no es solo un lugar que resiste, es un sistema que insiste. En un contexto donde las ciudades buscan desesperadamente soluciones frente al cambio climático, este rincón de Ciudad de México ofrece una respuesta que no viene del futuro, sino del pasado. Una que, vista desde Latinoamérica, resulta tan urgente como familiar.