Viajes
Casa Bosque: la apuesta que anticipó la transformación turística del Cajón del Maipo
Construida con miles de neumáticos reciclados, madera recuperada y materiales de la zona, Casa Bosque hoy suma hotelería, gastronomía, eventos y una estrategia de sustentabilidad que busca consolidarla como una experiencia integral.
Cuando Cristian Becker conoció el Cajón del Maipo, a fines de los años noventa, encontró un territorio muy distinto al que hoy recibe visitantes nacionales y extranjeros atraídos por su naturaleza, gastronomía y oferta hotelera.
“Cuando lo conocí me enamoré”, recuerda. En esos años, explica, existían pocos restaurantes, la hotelería era escasa y el Cajón del Maipo todavía estaba lejos de posicionarse como uno de los principales destinos turísticos cercanos a Santiago.
En esa falta de oferta vio una oportunidad. “La apuesta era traer turismo internacional y turismo nacional. Eso fue lo que decidimos hacer desde el diseño y el trabajo”, cuenta Becker, propietario de Casa Bosque.
El proyecto comenzó a tomar forma en 1998, cuando encargó al artista Sergio Andrade el diseño y construcción del inmueble. Los trabajos se extendieron por cerca de dos años y concluyeron en 2000.
La propuesta se alejaba deliberadamente de la estética que entonces predominaba en los restaurantes cordilleranos. En lugar de decoraciones costumbristas, Becker buscaba un espacio donde arquitectura, arte y gastronomía formaran parte de una misma experiencia.
“Yo quería una cocina a la vista, algo que en esa época prácticamente no existía. Él diseñó toda la estructura artística. Hay detalles escondidos por todas partes: árboles convertidos en figuras, esqueletos de ballena, elementos que invitan a mirar con atención”, relata.
Una casa construida con materiales recuperados
Parte de la identidad de Casa Bosque está en su propia estructura. Para levantar sus muros se utilizaron más de 8.600 neumáticos desechados, posteriormente cubiertos con adobe. La técnica permitió construir los espacios interiores curvos que caracterizan al inmueble.
La madera utilizada corresponde principalmente a cipreses caídos provenientes de la zona costera de Cahuil, cuyas piezas fueron trabajadas por Andrade con motosierra. Parte de las estructuras de fierro, en tanto, provienen de antiguos aserraderos.
Las piedras a la vista fueron extraídas de canteras del sector y trabajadas por artesanos locales. El arte también quedó integrado a la arquitectura. Las lámparas de fierro fueron realizadas por el artista Carlos Russel, incluida una pieza principal ubicada en el acceso que pesa cerca de dos toneladas. El mural del techo es obra del pintor chileno Vittorio Queirolo, mientras que otras esculturas y elementos fueron encargados al artista Nicolás Miranda.
El resultado convirtió al edificio en parte central de la experiencia del visitante y en una de las características que diferenciarían a Casa Bosque dentro de la oferta gastronómica del Cajón del Maipo.
Cuando había que explicar qué era el Cajón del Maipo
La trayectoria de Casa Bosque también refleja cuánto ha cambiado el turismo en el Cajón del Maipo. Becker recuerda que durante los primeros años debía recorrer agencias de turismo llevando carpetas con fotografías para mostrar tanto el proyecto como el territorio.
“Había que mostrarlo porque nadie lo conocía”, señala.
Dos décadas después, buena parte de las reservas hoteleras llega directamente a través de internet. A los visitantes nacionales se suman extranjeros, particularmente brasileños y argentinos, además de viajeros que combinan recorridos por las viñas de Pirque con estadías o visitas al Cajón del Maipo.
La cercanía con viñas como Concha y Toro también ha permitido establecer relaciones informales de colaboración entre distintos actores turísticos. “No hay convenios formales. Simplemente nos apoyamos mutuamente porque entendemos que el destino crece cuando todos crecen”, explica Becker.
Ese mismo principio, asegura, intenta aplicarse en la relación con la comunidad. Cerca del 90% de las personas que trabajan en Casa Bosque son de la zona y, cuando existe disponibilidad, los insumos se adquieren a productores locales.
“Los negocios tienen que apoyarse entre sí. Tiene que haber una sinergia completa para que todo sea más circular”, plantea.
Una cocina donde el fuego es parte del paisaje
La gastronomía ha sido, desde el comienzo, uno de los pilares de Casa Bosque. Su propuesta se construyó alrededor de una cocina donde la leña, el humo y las cocciones prolongadas tienen un papel central, junto con productos de temporada y preparaciones caseras.
El fuego no es sólo una técnica. Es parte de la experiencia de comer en medio del Cajón del Maipo: una cocina pensada para los días fríos, para sentarse con tiempo y compartir alrededor de una mesa después de recorrer la montaña.
Entre los platos que mejor representan este sello está el brisket Casa Bosque, que pasa hasta 12 horas en el horno ahumador, y la plateada Angus Black, también sometida a una larga cocción para conseguir una carne tierna y de sabor profundo. A ellos se suman el lomo vetado Angus, el bife de chorizo con un toque ahumado, las ribs de cerdo, costillar e incluso pernil.
La carta también incorpora productos del mar, como salmón, albacora y ostiones gratinados, además de entradas para compartir como camarones al pil pil, machas a la parmesana, carpaccios y provoleta. Entre los acompañamientos aparecen papas en distintas preparaciones y puré de papa al merquén.
La propuesta se completa con preparaciones caseras como pastas, cremas para los días fríos y postres como torta tres leches, manzana encantada, panna cotta con berries y el Cerrito de Chocolate. Una cocina que busca poner en valor la calidez y el encuentro alrededor de la mesa.
Las oportunidades no se dejan pasar
Los eventos no estaban contemplados originalmente en el modelo de negocio. “Los matrimonios no los tenía contemplados”, reconoce Becker.
La idea apareció poco después de la apertura, cuando una clienta chilena llegó junto a su pareja francesa. El novio quedó sorprendido con el lugar y decidió que quería celebrar allí su matrimonio.
Fue el primero. “Ahí me di cuenta de que era algo muy bonito y entretenido”, recuerda Becker.
La experiencia abrió una nueva línea para Casa Bosque. Con el tiempo, los matrimonios y otras celebraciones se transformaron en una actividad relevante, especialmente durante los fines de semana.
El crecimiento de los eventos planteó, además, otra necesidad: alojamiento. Inicialmente, Casa Bosque trabajó con el cercano Hotel Militar de Guayacán para recibir a los invitados. Pero el aumento de la demanda llevó a Becker a avanzar hacia un proyecto hotelero propio.
La oportunidad surgió cuando una vecina decidió vender una propiedad que utilizaba como segunda vivienda. Becker desarrolló allí un hotel junto a un socio, aunque diferencias respecto de la conducción del negocio terminaron con la sociedad poco después.
El establecimiento cambió varias veces de propietarios hasta que, 18 años más tarde, sus fundadores consiguieron recuperarlo. “Fue el momento justo”, afirma.
Con 22 habitaciones, esta reapertura permite ampliar la oferta y responder a una creciente demanda por escapadas desde Santiago, enfocadas en el bienestar, el descanso y la desconexión.
Ahora el objetivo es avanzar hacia un hotel boutique, mediante remodelaciones y una propuesta que permita integrar alojamiento, gastronomía, eventos y naturaleza.
“La idea es sacar el estigma de restaurante y convertirnos en un concepto más redondo”, explica.
De los neumáticos reciclados a la sustentabilidad certificada
La reutilización de materiales estuvo presente desde la construcción del proyecto, mucho antes de que conceptos como economía circular o gastronomía sustentable adquirieran la relevancia actual.
Esa lógica se mantiene hoy en distintos ámbitos del funcionamiento del recinto. Vasos y objetos decorativos, por ejemplo, son fabricados utilizando botellas recicladas.
Durante 2026, esa forma de trabajo dio un nuevo paso. En julio, Casa Bosque se convirtió en el primer establecimiento adherido al Acuerdo de Producción Limpia (APL) Estándar de Gastronomía Sustentable en completar íntegramente su plan de acción.
Entre las medidas desarrolladas se encuentran una planta solar que abastece parte de su consumo energético, la eliminación de envases de un solo uso, acciones para disminuir el desperdicio de alimentos y un mayor aprovechamiento de las materias primas.
“Estamos convencidos de que la sustentabilidad y la rentabilidad van de la mano. El APL nos permitió poner indicadores y objetivos a una forma de trabajar que ya era parte de nuestra cultura”, explicó Agustín Becker, responsable de sostenibilidad del establecimiento.
Para Cristian Becker, ese proceso es también parte de una transformación más amplia que ha vivido el Cajón del Maipo.
“Antes existía una imagen de que era el patio trasero de Santiago. Hoy la gente entiende que hay paisajes maravillosos, gastronomía, naturaleza y experiencias únicas”, señala.
A su juicio, todavía existe espacio para desarrollar una promoción más activa del destino. Al comparar a Chile con lugares como Mendoza, observa una diferencia en la manera de presentar la oferta turística.
“Los argentinos venden sus destinos como si fueran el paraíso. Nosotros somos más reposados, esperamos que las cosas lleguen. Tenemos que aprender a salir a buscar las oportunidades”, sostiene.
Más de dos décadas después de aquella primera apuesta, Casa Bosque busca iniciar una nueva etapa. El restaurante que nació cuando el Cajón del Maipo todavía debía explicarse con fotografías pretende ahora consolidarse como un proyecto que reúna gastronomía, hotelería, arte, naturaleza y sustentabilidad, en un territorio que también cambió junto con él.
