Cristián Warnken: “En el fondo el Estado no quiere a las universidades públicas y está esperando que agonicen” - El Mostrador

Lunes, 18 de diciembre de 2017 Actualizado a las 05:37

Retoma planteamiento del rector de la U. de Chile para expresar su visión de la educación superior

Cultura - El Mostrador

Cristián Warnken: “En el fondo el Estado no quiere a las universidades públicas y está esperando que agonicen”

por 6 septiembre, 2013

Cristián Warnken: “En el fondo el Estado no quiere a las universidades públicas y está esperando que agonicen”
Temporalmente alejado de la TV, debido a que su programa “Una belleza nueva” en TVN fue eufemísticamente cancelado por bajo rating y sacrificado en pos de “mejores” programas como “Las Argandoñas”, hoy por hoy Cristián Warnken está concentrado en su labor de director de la Editorial de la Universidad de Valparaíso y en sus talleres literarios “Viaje a la palabra”, prolongación de su origen profesional como pedagogo. A propósito de las marchas de ayer, concibe la educación como un arte y advierte que en Chile el panorama es dramático porque la educación pública está devastada.

A Cristián Warnken el tema de la educación le apasiona. Cuenta que a la hora de terminar la enseñanza media, mientras sus compañeros humanistas elegían estudiar Derecho, él optaba por marcar en todas sus postulaciones la carrea de Pedagogía. “Fueron como 14”, dice y postuló hasta en Punta Arenas. Tenía muy claro que quería ser profesor. Y fue profesor de Castellano (hoy Lenguaje y Comunicación) durante casi una década. De ahí que con propiedad alza la voz para constatar un panorama educativo que le resulta dramático.

“Estudié esto con la ilusión de hacer de puente desde la literatura que yo amaba hacia un lector que tal vez no tenía la vía de acceso amable y amorosa a esa literatura, sobre todo a la poesía fundamentalmente, que yo creo que es el verdadero tesoro que tiene Chile, el verdadero pensamiento que tiene Chile, el otro pensar de Chile es la poesía… pero es muy mal enseñada en los colegios, muy mal transmitida, los profesores no están preparados para enseñar poesía, y la gente no lee y le tiene rechazo”.

Comenta que esa mala educación, esa pobre manera de enseñar, pretende revertirla en sus talleres "Viaje a la palabra" (http://viajealapalabra.cl/), que los viene realizando desde hace 17 años. “Son mi verdadero eje, mi centro. Lo que hago es justamente ampliar ese público, entonces más que clases típicas de un profesor haciendo una charla sobre poesía, son viajes poéticos… un poco lo que hacía Godofredo Iommi… Salimos de la ciudad, por ejemplo, y en la tumba de Huidobro hicimos un acto poético y así dentro del taller hay distintas actividades, como la del rito de pasaje, que es un rito de muerte, donde los alumnos abandonan su identidad, se cambian de nombre… y esos nombres los usan durante todo el viaje”.

Plantea que el mundo académico ha monopolizado la poesía, la ha secuestrado a través de un discurso teórico que le adosa a la literatura. Y por otro lado que hay un tejido cultural muy débil, muy feble. “En Chile no hay suplementos culturales prácticamente, crítica literaria prácticamente no hay, y un público que podría acceder a la poesía, pero que se encuentra con los especialistas que la cierran… la cacademia como dice Nicanor Parra. Entonces mi idea finalmente es sacar a la poesía de ese secuestro.... y reencontrarla con quien siempre ha tenido que estar en comunión, que es el lector, y los resultados son magníficos”.

Estado actual de la educación chilena

“El diagnóstico es bastante dramático, dramático en términos de la desigualdad, la segmentación, de la devastación de lo que fue la educación pública en Chile, uno de los pilares en su historia… Hoy tú tienes los colegios de los sectores populares donde llegan los peores alumnos que los botan de los colegios subvencionados que están en la carrera loca por los resultados que son medidos de acuerdo a los Simce, que va en una línea que es retención de conocimientos ridículos, muchas veces absurdos en un mundo donde cambió todo el contexto de la información”.

“En vez de pensar, crear, escribir, desarrollar su cuerpo, estar en contacto con la música, etc., los alumnos están perdiendo sus mejores tiempos en aprenderse de memoria contenidos que van a ser preguntados con preguntas de alternativas, que son las que supuestamente van a evaluar la calidad de la educación”.

Constata Warnken una distorsión total, pues advierte que la educación pública está devastada en los sectores populares y comenta esta paradoja del aumento de la cobertura educativa. Al respecto señala: “Antes había menos cobertura para la educación media, hoy día hay más cobertura, pero una cosa es la cobertura y la otra la calidad. La clase media tenía acceso a una buena educación pública, pero eso no existe hoy día y lo que tienes es una educación particular muy cara que aparentemente es mejor, pero que no es mejor, y que está muy bajo respecto a estándares internacionales”.

No deja de asombrarle el constante desfile de gurúes educativos que vienen del extranjero a visitar el país, predominantemente de Estados Unidos, como expresión de esa costumbre tan chilena de sobrevalorar lo foráneo, de no privilegiar la originalidad. “Si tú le agregas a todo ese escenario, que es una crisis profunda de sentido, que lo que se ha hecho hasta el momento es copiar. A Chile llegan a cada rato gurúes y expertos en educación, todos vienen de Harvard a dar grandes cátedras de cómo hay que educar, de cómo se aprende, etc.” explica con cierta sorna.

“Pero nosotros hemos tenido en Chile por ejemplo, una gran pensadora que corresponde a una época, que fue Gabriela Mistral, que tiene una tremenda reflexión sobre educación, que concebía la educación como un arte, más que como una ciencia…”

Warnken va más allá en su análisis y advierte incluso que los modelos que copiamos no están del todo probados y no necesariamente son los más idóneos. “Siempre estamos copiando modelos que además no sé si son tan exitosos a la larga. Estados Unidos tiene en ciencias y matemáticas un gran problema, pero nosotros copiamos, copiamos, no nos atrevemos a pensar desde acá, y yo creo, por ejemplo, en el tema lenguaje, creo que tenemos un tesoro, que es la poesía y desde ahí Chile debería ser un país que debería tener desarrollada toda una manera de enseñar la poesía, de transmitirla desde la infancia: qué aprender de memoria, qué no; qué papel juega la oralidad, el ritmo, etc., o sea, hay un campo inmenso que nosotros debiéramos ahí ser pioneros y ser líderes y no, estamos en el fono marcando el paso y siguiendo lo que dicen los manuales nomás”.

 Políticas “públicas” que favorecen a universidades “privadas”

En el ámbito universitario el panorama le resulta complejo. Plantea una pregunta que retoma una reflexión del rector de la Universidad de Chile aparecida en un periódico, que da cuenta de cómo las políticas “públicas” han privilegiado los recursos para destinarlos a los planteles universitarios “privados”, abriendo así una contradicción flagrante. “Y también tienes las universidades distorsionadas por el tema del lucro. Hay un artículo que sacó el rector de la Chile que dice: ‘¿Para qué el Estado tiene universidades, que son sus universidades, si le está dando, no sé, el 60% de la plata a las universidades privadas vía becas?’ En el fondo no las quiere, está esperando que agonicen”.

Otro punto atingente toca Warnken respecto a las universidades cuando cuestiona cierta esquizofrenia latente en nuestra sociedad chilena: “Este país es esquizofrénico en muchos sentidos, porque es un país católico, culturalmente. En Chile lo espiritual está monopolizado por la institución religiosa, por la iglesia, y lo espiritual es mucho más amplio que la iglesia… yo creo que en Chile ha habido culturalmente una gran disputa entre el conservadurismo católico y el mundo liberal. Estoy hablando del siglo XIX, que separa la Universidad de Chile de la Universidad Católica, pero no es menor, porque fíjate que la pregunta que yo me hago, siendo yo egresado de la Católica: ¿por qué la Universidad Católica, que es propiedad del Vaticano, recibe plata del Estado como universidad pública? ¿Por qué? ¿Por qué nadie pone en cuestión eso?

Otro aspecto  no menos decidor del enrevesado panorama de la educación universitaria, y que va en la misma línea de lo anterior, es la cantidad de recursos disponibles en universidades privadas en contraste con las universidades públicas, que se refleja en el monto que reciben los profesores trabajando para unas u otras. “Hay mucha gente que está en universidades privadas…, prácticamente todos los profesores… Los profesores que trabajan en la Chile, que reciben sueldos miserables. Porque ése es el espanto de las universidades públicas, las tienen liquidadas…”, enfatiza.

“Tienen su alma (los profesores) en la Chile, pero tienen que trabajar en la Adolfo Ibáñez o en la Universidad del Desarrollo porque es la que les da las lucas. O sea, es dramático, pero es así para un profesor universitario, hoy día… Es curioso, porque esas mismas universidades son las que les dan el sueldo a un sector que es el que está impugnando todo el sistema en las movilizaciones”.

 Nivelar para arriba

A propósito de educación, Warnken también cuestiona esa tendencia peyorativa de los medios, especialmente de la TV, de creer que la gente no está preparada para ciertos temas o no podría digerir ciertos contenidos, y en ese sentido defiende su apuesta televisiva cultural y responsabiliza a quienes dirigen los medios.

“Quienes toman las decisiones en las pautas editoriales son personas que viven de sueldos bastante grandes, entonces, no van a correr muchos riesgos… o sea, no sé, ponen a la Raquel Argandoña haciendo un programa de altísimos costos y pierden millones y llegan a sacar tres puntos de rating, y vuelven a cometer errores una y otra vez con ese tipo de programas y resulta que cuando viene una crisis lo primero que se corta son estos programas marginales (como “Una nueva belleza”), que son más baratos, porque llegaron a tener dos o tres puntos de rating”.

Entonces “un gerente de programación de la televisión pública, que antes fue un gerente de un retail o gerente de un supermercado, decide cambiar a las ocho de la mañana el programa. ‘Se acaba’, dijimos nosotros como una señal de dignidad. ‘No, creemos que el programa merece otro tratamiento, sobre todo en la televisión pública’, explica.

Cuenta además que curiosamente, aquel programa que no tenía ningún efecto, que era minoritario, produce una batahola: “Nos empiezan a llamar los otros canales, que son con los que se supone que la televisión pública tiene que competir; esos canales, desleales, picantes, faranduleros, que obligan a la televisión pública a sacar estos programas de sus parrillas. Y tienes una oferta de un canal, que eso es lo más probable que ocurra, que te ofrece un horario prime para transmitir el programa. Entonces uno dice: '¡Guau, estos gallos qué están pensando!'”.

Todo este descriterio, según Warken, deja entrever que “hay una mirada despreciativa hacia el público popular. A ese público hay que entregarle la cuestión o digerida o charqueada, o debilitada”.

Y grafica esta situación con un contraejemplo: “Pasa que un tipo como Juan Pablo Izquierdo va a una población y toca un concierto de Malher entero, un concierto que en el teatro de Viena va un público muy refinado, porque Malher es difícil, y va y toca a Malher en La Pintana. Y contaba que el público en silencio escucha Malher durante una hora y media, gente que nunca en su vida había ido a un concierto”.

“Entonces, yo creo en la nivelación hacia arriba, hacia la excelencia. Una excelencia que no es solamente las bellas artes y las bellas letras. A uno puede gustarle Bach y también te puede gustar la cueca chora y brava. Ésas dos cosas. Pero ahí donde haya excelencia, donde haya calidad. Y eso es lo que hay que tener: modelos de excelencia”.

 


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