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Roberto Goycoolea Infante: Rector, arquitecto

por 9 mayo, 2018

Roberto Goycoolea Infante: Rector, arquitecto
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Hace unos días se nos fue, aunque sólo de una forma de presencia, nuestro rector- arquitecto Roberto Goycoolea Infante (Q.E.P.D.), un hombre que más allá de sus obras es reconocido por todos, más aún por nosotros en la Universidad del Bío-Bío, como un gran maestro, compañero y amigo. Un constructor y emblema de la UBB. Su presencia nos acompañará siempre no sólo por sus obras de arquitectura construidas, ampliamente difundidas en Concepción y Santiago, también nos deja una obra en pleno desarrollo, su último proyecto, el edificio para el Centro de Biotecnología de los Alimentos en la sede Ñuble de la UBB, diseñado junto a su hijo arquitecto Fernando Goycoolea Prado.

El año recién pasado lanzamos su último libro, “Escuela de Arquitectura UBB, desde la Memoria”, un aporte notable inspirado en los recuerdos, con las certezas, el anecdotario y los afectos de un notable profesional. El texto es también una respuesta al desafío de retrospectiva que propuse a un grande habituado a la perspectiva. Es paradojal, Don Roberto rompe aquí estos conceptos porque el libro es más que una retrospectiva, ya que cambia el foco y “dibuja” la perspectiva desde atrás, pero no hacia atrás. Y ello tiene una clara explicación, es la siempre abundante y prolífica creatividad que caracterizó a nuestro Premio Nacional de Arquitectura 1995, el primero de regiones.

Por cierto, debí advertirles antes que no me es posible ser imparcial en este escrito. Fui alumno, colaborador y subordinado de Goycoolea. Es para mí, y estimo que, para muchos, una de aquellas personas especiales que marcan la vida y entonces las reconocemos como “maestro”, es decir, aquel que nos formó, orientó, mostró caminos e influyó más allá de su compromiso inicial por instruirnos. Por ejemplo, en la asignatura de Taller de Diseño Arquitectónico nos preguntaba que estábamos leyendo, pero que no fuese de la especialidad, nos incitaba y sugería lecturas sobre, filosofía, política, economía, música, literatura latinoamericana, universal, etc. nos decía “…el arquitecto debe ser culto, solidario y justo; debe respetar al mandante, buscar las mejores soluciones, cobrar lo justo y respetar el entorno urbano/natural”.

En el libro, editado por Ediciones Universidad del Bío-Bío, Goycoolea nos conduce por la ruta de la creación de la única escuela del sur de Chile en el 68, desde el sueño de los visionarios que como él imaginaron algo bueno para el país, con los sacrificios y la generosidad que ello implica, hasta la excelencia impulsada por las generaciones de líderes que, inspirados en la visión original de los fundadores, la han colocado hoy entre las tres mejores escuelas del país y entre las pocas acreditadas a nivel mundial ante la rigurosa institución británica Royal Institute of British Architects (RIBA). Por cierto, pasando, sin convenientes omisiones, por las tensiones de los años sesenta al setenta y la siguiente dureza del período dictatorial con sus estragos también locales sobre la UBB y las personas, algunas aún hoy desaparecidas como el arquitecto Alejandro Rodríguez, también miembro del grupo fundador de nuestra emblemática escuela.

En el libro, editado por Ediciones Universidad del Bío-Bío, Goycoolea nos conduce por la ruta de la creación de la única escuela del sur de Chile en el 68, desde el sueño de los visionarios que como él imaginaron algo bueno para el país, con los sacrificios y la generosidad que ello implica, hasta la excelencia impulsada por las generaciones de líderes que, inspirados en la visión original de los fundadores, la han colocado hoy entre las tres mejores escuelas del país y entre las pocas acreditadas a nivel mundial ante la rigurosa institución británica Royal Institute of British Architects (RIBA). Por cierto, pasando, sin convenientes omisiones, por las tensiones de los años sesenta al setenta y la siguiente dureza del período dictatorial con sus estragos también locales sobre la UBB y las personas, algunas aún hoy desaparecidas como el arquitecto Alejandro Rodríguez, también miembro del grupo fundador de nuestra emblemática escuela.

Y todo ello el maestro Goycoolea lo hacía con esos valores y cualidades tan simples: sinceridad, respeto al otro como un legítimo otro, fortaleza y valentía. Son esas mismas herramientas con las cuales generosamente colocó su nombre a nuestra disposición para representar los anhelos de democracia y conducirnos en ese difícil proceso de transición desde el mundo de los rectores delegados de la dictadura hacia aquellos decididos por nosotros mismos. Roberto Goycoolea Infante fue el primer rector de la democracia, y usted lector sabe tanto como yo que por esos días no era fácil ser líder. Quien otro podría haberlo hecho con esos valores, sin revanchismos, buscando justicia; pero inclusión, reconstruyendo confianzas, construyendo sobre lo bueno ya realizado y aprovechando circunstancias que, aunque mal hechas, podían adaptarse para iniciar un nuevo camino de futuro como fue la fusión impuesta entre el Instituto Profesional de Chillán (Ex Sede de la U. de Chile) y la Universidad de Bío-Bío (Ex Sede de la U. Técnica del Estado).

Para tener un Chile que sea más CHILE para todos, personas buenas y notables como el rector-arquitecto Roberto Goycoolea son esenciales.

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