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Elecciones internas en la Democracia Cristiana

El diseño laguista detrás de la candidatura de Walker

por 26 agosto 2010

El diseño laguista detrás de la candidatura de Walker
Un nuevo ciclo se cumple en la tienda falangista y la apuesta es que el senador por la Quinta Región Cordillera sea quien tome la posta por los próximos dos años. Pero quienes auscultan el proceso con más atención, estiman que detrás de estos comicios hay un proyecto mucho más grande e importante. Observan que, de ganar el parlamentario, se convertirá en la pieza que faltaba para completar el rompecabezas que daría origen a la Concertación 2.0, aquella que busca volver al “partido transversal”.

Las elecciones internas de la Democracia Cristiana terminan con el ciclo de renovación de las directivas de los partidos políticos. Y tiene especial importancia para el proceso que vive por estos días la Concertación. Incluso, en la tienda admiten que el menor de los temas es la mentada “renovación” y, por el contrario, se concentran en quién sea el triunfador –de entre el senador Ignacio Walker y el ex canciller Mariano Fernández- por las “alianzas” que impulsará el que gane. Como las probabilidades indican que será el parlamentario quien encabece la colectividad por los próximos dos años, se especula que la tienda tomará el camino de la polémica “oposición inteligente”, evitando expandirse hacia el Partido Comunista o Marco Enríquez. Pero con la llegada de los “príncipes” al centro del poder falangista se inicia también el renacimiento de la “Concertación transversal”, dicen unos con orgullo, o del antiguo “Mapu-Martínez”, retrucan otros con sorna.

Para sus críticos, resulta contraproducente plantarse ante la militancia como una candidatura de “renovación”, cuando a lo menos cuatro de los integrantes de la lista de Walker han ocupado cargos de relevancia en los distintos gobiernos de la coalición. Pero quienes ven en el “Movimiento Amplio por la Renovación” una alternativa, aclaran el punto. El team del senador, dicen, “se apropió del concepto” y eso “no tiene nada que ver con el candidato a la presidencia ni con el resto de los integrantes. Sino más bien con un proceso que se venía dando desde hace tiempo en la política y que en la DC personifican figuras como Claudio Orrego, Alberto Undurraga, etc.”. Si bien varios de ellos fueron rostros de diferentes administraciones de la Concertación, “no tuvieron protagonismo real en el control del poder. No eran los que tomaban las decisiones”, tanto a nivel de gobierno como de partido. “Siempre han trabajado para otros. Nunca han sido los dueños del boliche”, insiste una fuente falangista. Pero lo propio ocurre con la opción de Fernández.

Alianzas políticas

Entonces, lo que sigue es la otra gran diferencia entre las dos opciones. La política de alianzas y la relación con la actual administración por la que, en adelante, optará la DC. La oferta menos posible, la de Mariano Fernández, apunta hacia la necesidad de “fortalecer la Concertación y dialogar con otros actores”, con lo que aluden a abrirse a la posibilidad de converger en acuerdos tanto con Marco Enríquez como con el PC. También postulan, según sostienen fuentes de esta candidatura, una “oposición a secas. Real. Somos más críticos y difíciles de convencer”. Mientras que en la tienda preocupa el concepto de “oposición inteligente” de Ignacio Walker. No ha pasado inadvertida la coincidencia que se ha producido entre el gobierno y el entorno del senador en materia de derechos humanos en Cuba.

Una fuente del sector acepta que detrás de la candidatura de Walker “hay un esfuerzo por retomar, con nuevos rostros, un viejo ideario” y añade que Correa está detrás de este diseño y que “Lagos es lejos el mayor gestor” de la iniciativa.

Fuentes falangistas especulan que “se exacerba la cuestión con Cuba para tener un puente con Piñera. Lo mismo con la operación anticomunista de Hinzpeter. Todo esto es para darle a este grupo la excusa, que necesita, para explicarle al país por qué llega a acuerdo con Piñera”. Pero fuentes de esta candidatura sostienen que la coincidencia que se ha producido con el gobierno en este campo es sólo valórica y explican que el concepto de “oposición inteligente se entendió mal, porque la idea a que apunta es dejar definitivamente clara la posición del partido: que es oposición con argumentos”.

Si en algo han coincidido los dos candidatos más fuertes en esta contienda, es en su temor a que vote poca militancia. Y tal parece que ese escenario se debe a que quienes optaron por observar el proceso desde fuera, lo hicieron porque tienen una visión crítica de todos los postulantes a la presidencia falangista. Porque si bien estiman que Walker constituye una amenaza mayor para la tienda y la Concertación, tienen la convicción de que Fernández “también es parte del stablishmen, igual que Walker”. Aún cuando hacen el alcance de que el primero es “chascón”, sector que está prácticamente desapareciendo, pero que al interior de la colectividad se relaciona más con la centroizquierda. Mientras que marcan el punto de que el senador es un “derechista”. “Porque es neoliberal, en lo económico, y conservador en lo valórico. Pero, además, es parte de las redes socioeconómicas de la derecha”, argumentan.

Desde la lista del parlamentario reconocen que este es un estigma que prendió al inicio de la campaña interna, pero que con el tiempo se ha ido desdibujando. Ello, porque el candidato “ha dejado meridianamente claro que nosotros somos oposición al gobierno, no sólo en términos políticos, sino también valóricos”. La misma fuente ratifica que con los sectores de oposición extra Concertación no habrá alianzas políticas, aunque no descarta de plano que sí las haya electorales.

El partido transversal

Otro elemento al que aluden algunos falangistas para auscultar la lista de Walker es que está basada en un diseño mucho más amplio que el de la propia Democracia Cristiana. El punto es que con el triunfo del senador se estaría concretando el anhelo de un sector de la coalición de hacer renacer la “Concertación transversal” o el “partido transversal” como se conoció el conglomerado, cuando lo fundaron los antiguos líderes. Según explica una fuente del partido, el acuerdo entre Gutemberg Martínez e Ignacio Walker, que provocó la bajada del diputado Aldo Cornejo de la contienda, apunta a “un diseño que se viene trabajando hace tiempo y que está cruzado por la presidencial” del 2014. Sus creadores, sostiene, son ni más ni menos que Enrique Correa y, finalmente, el ex Presidente Ricardo Lagos.

“Correa descubrió que había que renovar el partido transversal (el desaparecido Mapu- Martínez) y no encontró nada mejor que intentar poner a Marcelo Díaz (PS), Carolina Tohá (PPD) y Claudio Orrego (DC) en la cabeza de los partidos. Todos ellos defienden a morir el diseño de transición de Boeninger y Correa que cambió muertos por estabilidad política”, explica la misma fuente en evidente desacuerdo con el supuesto diseño. Por lo que, a su juicio, “esto, de renovación no tiene nada, porque todos ellos son los hijos de Boeninger, Correa y Martínez”.

Para sustentar esta argumentación, quienes la comparten, comentan que todos los antes mencionados se reúnen bajo el alero del think tank concertacionista ProyectAmérica, uno de cuyos fundadores es Enrique Correa, presidido por Orrego, que reemplazó en ese cargo a Tohá, mientras que Díaz ocupa una vicepresidencia.

Si para algunos detractores de Walker la idea del “partido transversal” puede jugarle en contra, para otros esto constituye un plus. Entre los “príncipes” asumen el diseño con orgullo y se declaran “profundamente concertacionistas”. De hecho, una fuente del sector acepta que detrás de la candidatura del parlamentario “efectivamente hay un esfuerzo por retomar, con nuevos rostros, un viejo ideario” y añade sin ningún complejo que Correa está detrás de este diseño, pero acto seguido aclara que “Lagos es lejos el mayor gestor” de la iniciativa.

La idea es que “la Concertación se plasme en el proyecto, del partido transversal, con una generación que fue formada en las claves del transversalismo concertacionista”, con un determinado “tipo de políticas públicas, por ejemplo, y un debate público vinculado a sus orígenes”, lo que debería quedar en evidencia “cuando se comience a instalar el rol de los liderazgos presidenciales. Aunque aún es muy pronto para eso”, ex plica una fuente cercana a los “príncipes”.

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