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Agencia Uno
Republicanos en debate sobre AC contra Grau y rol de Boric como futuro articulador de la oposición
El Partido Republicano ve en Boric a un rival de cuidado, con “talento y carisma”, que conserva una base de apoyo del 30% pese a un “mal desempeño gubernamental”. Un sector de la tienda prefiere rivalizar con su polo y medir fuerzas con el FA antes que con el Socialismo Democrático o Franco Parisi.
En el Partido Republicano la acusación constitucional (AC) contra el exministro de Hacienda Nicolás Grau y la ofensiva contra el expresidente Gabriel Boric reabrió un debate estratégico que trasciende el libelo acusatorio y apunta a la discusión política y convivencia de dos visiones partidarias midiendo fuerzas.
Fuentes internas del Partido Republicano, cercanas a figuras como José Antonio Kast, reconocen que una corriente política defiende el pragmatismo presidencial y legislativo en la hoja de ruta del Gobierno, mientras que la otra corriente republicana es más vista como atrincherada en el impulso fiscalizador y combativo contra el gabinete económico del expresidente Boric, sin medir costos políticos.
El timonel de la colectividad, el senador Arturo Squella, lidera la corriente que prioriza la mirada institucional y de largo plazo. Su estrategia se centra en consolidar al partido como una alternativa de gobierno madura, cuidando precisamente la gobernabilidad, el tono y las mayorías en el Senado y, en lo posible, ampliarlas.
Para Squella, que ha sido por más de una década profesor de derecho constitucional, el éxito de la acusación contra Grau no debe ser un juicio político genérico, sino que depende estrictamente de que los hechos de mala administración económica “empalmen bien con las causales específicas de la acusación constitucional” presentadas por los 13 diputados oficialistas.
Bajo esta premisa, Squella ha pedido “prudencia”, evitando calificar la AC como una arremetida directa contra Boric. En su rol de líder del partido, actúa como un “amortiguador de tensiones” con Chile Vamos y el Socialismo Democrático, minimizando las diferencias de opinión.
La trinchera fiscalizadora de la Cámara
El polo opuesto está en un sector de la bancada de diputados, representada por liderazgos como el del diputado Agustín Romero o Benjamín Moreno, que han aludido a la AC como una herramienta de contraste ideológico y electoral contra el Frente Amplio.
El diputado y presidente de la Comisión de Hacienda de la Cámara, Agustín Romero, pidió apoyar sın matices la acusación y dijo que quienes no se sumen serán parte del “blanqueo” a la administración Boric.
“Lo que se hizo en los últimos cuatro años durante el Gobierno del expresidente Boric fue validar una especie de fraude, donde es el Gobierno el que presenta ingresos sobreestimados”, señaló.
Y agregó: “Lo que está en discusión con esta AC es validar el manejo económico de Boric. Lo que va a definir el Congreso, además de la AC contra Grau y sus consecuencias, es si nosotros vamos a considerar si el manejo económico del Presidente Boric fue bueno o malo”.
Romero no otorga el beneficio de la duda técnica a la gestión anterior, calificándola como la validación de una “especie de fraude” con ingresos sobreestimados. Por su parte, el diputado Luis Sánchez refuerza este juicio a la capacidad del Gobierno anterior, exigiendo responsabilidades por haber dejado la “caja en cero”.
Estrategia 2028: “levantar” a Boric como articulador de la oposición
Un punto de convergencia táctica –aunque visto con reparos internos– es la idea de posicionar a Gabriel Boric como el gran contrincante para el futuro. Fuentes cercanas al Presidente Kast sugieren que el oficialismo busca deliberadamente “levantar” a Boric como líder opositor, debido a que es un contendiente con un “techo electoral conocido” y un historial de gestión que califican como un “fracaso”.
Esta estrategia busca evitar el surgimiento de candidatos más transversales del Socialismo Democrático que logren capturar el “sentido común” del país, prefiriendo enfrentar a un adversario cuya base de apoyo –aunque sólida en un 30%– se considera insuficiente para ampliar su base electoral en una presidencial futura.
En Chile Vamos advierten que la definición en torno a la acusación contra Grau actúa como síntoma de un debate más profundo de los republicanos: “La tensión entre ser una derecha institucional y madura o mantener la armadura de derecha bélica que entiende la política como un campo de batalla ideológico permanente”, sostienen
Oposición acusa: “Quitan espacio a moderados y hacen contraste con Boric”
En Chile Vamos, pero principalmente en la oposición, observan el debate al interior de Republicanos con interés.
Según explican, consideran que el uso de la evaluación negativa del Gobierno de Boric es un “bálsamo” o justificación para las decisiones impopulares, principalmente en el recorte fiscal y en seguridad, que se tomarán en el presente de la administración del Presidente J. A. Kast.
Legisladores de Chile Vamos sostienen que para los republicanos la narrativa de calificar la situación recibida como un descalabro producto de un “mal manejo político” permite a la administración actual reinstalar la vigencia de la idea de un “Gobierno de emergencia”.
Según observan analistas del sector, esto hace posible desplazar el foco de atención de las decisiones propias hacia la “herencia” recibida, argumentando que las medidas actuales son respuestas necesarias a una gestión previa que dejó al Estado en una situación crítica.
“No me parece tanto que se busque levantar a Boric como sí al Gobierno anterior. O sea, poder tener una explicación de lo que son las decisiones que se toman en función de una evaluación negativa del Gobierno anterior. Ahora, eso recae finalmente en la figura de Boric, por analogía o interpelando su administración, más que su figura misma. Un sector en el fondo dice ‘estoy haciendo esto porque se hicieron mal las cosas’”, plantea el decano de la Escuela de Gobierno de la UDD, Eugenio Guzmán.
Desde la Democracia Cristiana advierten que la estrategia que apunta a levantar la figura de Gabriel Boric y, especialmente, al Frente Amplio (FA) como los antagonistas principales, responde a un cálculo electoral preciso. Se les considera adversarios convenientes, porque poseen un “techo electoral conocido” y una historia reciente que es “fácil de cuestionar”.
“Es posicionar a Boric como gran adversario. Se trata de jugar a la polarización y escoger a alguien al frente. Tienen que escoger su adversario que sea creíble en encarnar la polarización de la izquierda. Y alguien creíble de que lo vaya a lograr. Un comunista no va a ser candidato de la oposición, esa opción murió. Entonces, si no hay PC, queda el Frente Amplio. Y el líder del FA es Boric. Además, tienes que escogerlo, hablar de él y darle mucha centralidad para que ningún moderado tenga espacio”, analiza el sociólogo Víctor Maldonado.
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