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Mario Marcel y el nuevo malestar: “La inseguridad económica y laboral es realmente muy corrosiva”

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Iván Weissman Senno
Por : Iván Weissman Senno Editor El Mostrador Semanal
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En Diálogos de El Mostrador, el exministro de Hacienda y expresidente del Banco Central abordó la tensión entre capital y trabajo en la era de la IA. Advirtió que Chile enfrenta este cambio con un Estado de bienestar incompleto, baja confianza institucional y un desafío demográfico acelerado.


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La segunda edición de Diálogos de El Mostrador 2026 puso sobre la mesa una pregunta incómoda: qué pasa con la democracia, la cohesión social y el trabajo cuando la inteligencia artificial (IA) acelera una transformación que ya venía golpeando al mundo laboral.

El invitado fue el exministro de Hacienda y expresidente del Banco Central Mario Marcel. Su advertencia de fondo: la vieja tensión entre capital y trabajo ya no se parece a la del siglo XX.

  • “Si había algo que caracterizaba al siglo XX era ese optimismo respecto de que las cosas iban a ser mejores en el futuro. Hoy día no vemos eso”.
  • Para un país con un Estado de bienestar “a medio construir”, esa incertidumbre pega más fuerte: afecta la calidad de vida, el bienestar y la cohesión social. “Es realmente muy corrosivo el tema de la inseguridad”, resumió.

El mundo fabril, con trabajadores sindicalizados, empleadores identificables y producción anclada en un territorio, dio paso a otra economía. Una donde el capital financiero pesa más, los intangibles dominan el valor de las empresas y las grandes tecnológicas operan “básicamente en la nube”.

Para Marcel, esa transformación obliga a cambiar la pregunta. “Lo primero que uno tiene que preguntarse es qué capital y qué trabajo”, dijo. El trabajador para el cual fueron diseñadas muchas instituciones –hombre, jefe de hogar, asalariado, jornada completa– hoy representa menos del 40% de la fuerza laboral.

El punto más inquietante está en la inteligencia artificial. A diferencia de otras revoluciones tecnológicas, donde las ganancias de productividad terminaron expandiendo consumo, demanda y empleo, esta vez no está claro que el proceso vaya a repetirse.

La concentración de poder en pocas grandes compañías tecnológicas abre una duda central: si la riqueza generada por la IA circulará por la sociedad o quedará atrapada en una élite global.

  • “Cuando se dice que a lo mejor le van a pagar a la gente por no trabajar, la pregunta es: ¿quién le va a pagar? ¿Cómo van a llegar esos recursos?”, planteó Marcel.

Y ahí aparece el límite del Estado nacional: los sistemas tributarios siguen pensados para gravar actividad dentro de un territorio, mientras las empresas digitales pueden mover capital, datos y valor con una velocidad inédita.

El exministro no cree que Chile esté condenado a mirar el cambio desde la galería. Pero sí advierte que un país pequeño no puede regular por sí solo fenómenos globales de esta magnitud.

  • De ahí la importancia de iniciativas multilaterales en impuestos, competencia y regulación digital, y también de una estrategia local: convertir la infraestructura digital que se está instalando en Chile –data centers, conectividad, cable transpacífico– en una verdadera industria de servicios digitales.

El telón de fondo es político. Marcel conectó la revolución digital con el avance del populismo, la erosión de la confianza y la sensación de inseguridad.

  • No solo inseguridad frente al delito, sino también económica, laboral y generacional. “Cada vez más padres piensan que sus hijos no van a vivir en un mundo mejor que el que les tocó a ellos”, dijo.

La confianza fue otro eje de la conversación. Marcel recordó que Chile arrastra históricamente bajos niveles de confianza interpersonal, pero que durante décadas eso fue compensado por mayor confianza en las instituciones.

Ese equilibrio se rompió. Y cuando se erosiona la confianza institucional, suben los costos de transacción: hacer negocios, emprender, contratar, invertir o incluso regular se vuelve más caro y más lento.

  • “El debilitamiento de la confianza, o la desconfianza generalizada, incide mucho sobre la productividad”, afirmó. La permisología, agregó, también puede leerse desde ese ángulo: un Estado que no confía en empresas ni ciudadanos termina multiplicando controles, trámites y barreras.

A esa tensión se suma el cambio demográfico. Chile, dijo Marcel, tuvo uno de los bonos demográficos más intensos de América Latina, lo que ayudó a explicar parte del crecimiento entre mediados de los 80 y la primera década de los 2000. Pero ese bono se está agotando. En 15 años será uno de los países de la región con mayor proporción de adultos mayores.

  • La salida, según el exministro de Hacienda, no está en mirar el envejecimiento como una fatalidad. Hay palancas. Una es aumentar la participación laboral femenina, donde Chile sigue rezagado frente a países desarrollados e incluso frente a pares latinoamericanos. Otra es fortalecer el ahorro de largo plazo, incluido el efecto de la reforma previsional y el aumento de cotización con cargo a los empleadores.

En el plano institucional, Marcel fue crítico de la politización de la economía. A su juicio, Chile necesita más espacios de conversación fuera de la pelea contingente. La crispación política –advirtió– ya aparece en los informes de clasificadoras de riesgo como una debilidad del país.

Pero también defendió que Chile tiene más fortalezas de las que suele reconocer. Mencionó avances en gobierno digital, como la declaración de impuestos por internet, la Clave Única y la gestión de datos durante la vacunación por el COVID-19. También puso como ejemplo la reforma de pensiones, que logró destrabarse en el Senado gracias a una metodología diseñada para construir confianza entre los actores políticos.

Al cierre, Marcel propuso tres prioridades: mirar hacia adelante y no seguir discutiendo la economía como si Chile estuviera anclado en los años 80; empujar con fuerza la participación laboral femenina y la industria digital; y recuperar confianza como una tarea explícita de política pública.

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