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Domingo, 17 de diciembre de 2017 Actualizado a las 00:47

Representantes del oficialismo denuncian "improvisación"

El cuestionado rol de Ubilla en los conflictos regionales

por 21 febrero, 2012

El cuestionado rol de Ubilla en los conflictos regionales
En La Moneda dicen que responde a un diseño para enfrentar problemas de “orden público”. Por eso, el primero en llegar a las manifestaciones —que terminan convirtiéndose en movimientos sociales— es el subsecretario del Interior. Sin embargo, no todos piensan lo mismo y el saldo negativo de las revueltas también le pasan la cuenta: las soluciones siempre las termina abrochando un ministro.

“Nuestro objetivo es eliminar las barreras que impiden una verdadera descentralización, dando un salto significativo a favor de las regiones y comunas”, reza la frase con que el programa del entonces candidato presidencial Sebastián Piñera Echeñique se comprometía con el mundo que mira el avance del país desde parajes lejanos a la capital.

La mayoría ya ha tenido su crisis durante el actual gobierno, pero tres de ellas han sido emblemáticas y han copado las páginas de la prensa nacional: la actual, de Aysén; el conflicto en Isla de Pascua y, la que demostró que el Ejecutivo debía estar atento a las regiones: Punta Arenas, por el alza del gas. Éstas, las más grandes, tienen varios elementos comunes. Ahora bien, uno de ellos destaca y es que la primera autoridad de la administración que intentó bajar el nivel al conflicto fue el subsecretario del Interior, Rodrigo Ubilla Mackenney. Una imagen políticamente cuestionada desde fuera de La Moneda, al punto que el diputado gremialista de la zona, David Sandoval, no ha dudado en acusar de “improvisación” en las primeras reacciones del gobierno al conflicto suscitado en Aysén.

Las críticas sobre cómo el gobierno ha enfrentado este tema surgen particularmente del oficialismo. Algo que se está volviendo reiterativo en esta administración. La UDI —partido socio al de la intendente Pilar Cuevas (RN)— ha seguido la crisis con especial preocupación, consciente de que la presencia del subsecretario en la zona “no significó ningún avance en la búsqueda de soluciones. Sólo pérdida de tiempo”. Esto, porque el funcionario arribó a la zona —según plantean quienes han estado al tanto del problema— sin los antecedentes y sólo conoció in situ el escenario que enfrenta, esta vez, el gobierno. Lo que no tiene explicación alguna, si se considera que representantes de la región habían puesto en antecedentes a los ministros de Interior, Rodrigo Hinzpeter; de la Segpres, Cristián Larroulet; y, al vocero, Andrés Chadwick, de lo que se estaba incubando en Aysén, se lamenta el diputado Sandoval.

“Efectivamente, estos conflictos se abordan como problemas de orden público —y tal vez ese es un error como gobierno—. Y Ubilla es quien debe poner la cara a la hora de sacar a Carabineros a la calle. Algo que nunca es bien recibido por la gente”, admite un funcionario de gobierno.

El legislador oficialista asegura que, antes de que estallaran las protestas en Aysén, se les envió un documento a los secretarios de Estado en el que se hacía un crudo diagnóstico de la situación. Y pese a ello, “la intendenta se fue de vacaciones y el subsecretario no venía preparado para ninguna cosa. Con ningún sentido lógico, práctico o político para destrabar el conflicto”. Por lo mismo, acusa “un manejo errático de carácter político de parte del gobierno” en la forma de abordar este nuevo conflicto. Presionado, según el propio Sandoval, por el cansancio de la gente que ve incumplidos los compromisos con la región que, entre otras cosas, tiene el más alto costo de vida del país.

Por lo mismo, el secretario general de la UDI, senador Víctor Pérez, instó ayer al gobierno a crear la figura de un ministro “delegado presidencial” que se instale en la zona y tenga las atribuciones para intentar darle solución concreta a los múltiples problemas que conllevan las manifestaciones. Aunque admitió que el envío de los ministros de Salud, Jaime Mañalich, y Transportes, Pedro Pablo Errázuriz, a la zona constituye un avance, aclaró que el gobierno debe tener una capacidad de dialogar y resolver, generando una agenda de trabajo” en relación a los temas que provocaron la crisis.

En cuanto a la participación del subsecretario de Interior en el conflicto, Pérez estima que es a partir de la información que recibe del gobierno regional, delegando implícitamente la responsabilidad en la intendenta, cómo se enfrenta la situación y que Ubilla llegó a la zona, justamente, a ese gobierno “con las falencias que ha mostrado”. Esto no es menor, pues desde el gremialismo aseguran que cuando se cierre esta crisis, el gobierno central tendrá que tomar decisiones respecto de la intendenta y su equipo. Aludiendo a que se le debería pedir la renuncia por la forma como ha actuado.

El policía bueno y policía malo

En cambio, los cuestionamientos que se hacen de la actuación de Ubilla, que algunos han querido minimizar desde el interior del gobierno, en general tienen que ver con que cada vez que estalla un conflicto importante es el primero en llegar al lugar de los hechos y “no soluciona nada. En general lleva a Carabineros y no negocia nada”, plantea un observador que recuerda “la embarrada” que quedó en el conflicto por el precio del gas en Magallanes, donde incluso dos mujeres murieron atropelladas, durante una protesta. En el gobierno sostienen que “la pega” del subsecretario es justamente hacer de “policía malo” y que ello responde a un diseño que se tiene para estos efectos. “Efectivamente, estos conflictos se abordan como problemas de orden público —y tal vez ese es un error como gobierno—. Y Ubilla es quien debe poner la cara a la hora de sacar a Carabineros a la calle. Algo que nunca es bien recibido por la gente”, admite un funcionario de gobierno.

Después de que el subsecretario cumple con su función, de acuerdo al diseño de Palacio, son los ministros los llamados a solucionar los conflictos. Ello, “según la lógica estructural y autoritaria, si se quiere, de este gobierno de que los ministros son los importantes”. En ese contexto, Rodrigo Ubilla “cumple con su pega y en ese sentido está muy bien evaluado en Interior. Porque él es algo así como el policía malo y Hinzpeter el bueno”, afirma otro observador del gobierno. Tan correctamente está haciendo su trabajo, que representantes del mundo social en Aysén calificaron a la administración Piñera de “intransigente”, tras el viaje de Ubilla a la zona.

Por lo pronto, en el marco de las manifestaciones en Magallanes y tras la muerte de las dos mujeres atropelladas, el 13 de enero del 2011 Ubilla señalaba que “la muerte de estas dos jóvenes que tenemos que lamentar, es la consecuencia del llamado a una protesta sin medir consecuencias. Magallanes se ha caracterizado siempre por su tranquilidad y por ello quienes han organizado esta movilización, deben asumir su responsabilidad, porque en el diálogo está la solución a los problemas, no en la protesta irresponsable”. Más tarde, el 16 de enero del 2011 planteaba que “un sector minoritario de la asamblea no ha querido entender estas bondades, y lo que están haciendo el día de hoy es poner la situación económica de la región en conflicto”. Mientras que en el problema que duró meses en Isla de Pascua, en diciembre del 2010 acusaba a los organizadores de que “buscan un aprovechamiento político”.

"Rodrigo Ubilla cumple con su pega y en ese sentido está muy bien evaluado en Interior. Porque él es algo así como el policía malo y Hinzpeter el bueno", afirma un observador del gobierno.

"Rodrigo Ubilla cumple con su pega y en ese sentido está muy bien evaluado en Interior. Porque él es algo así como el policía malo y Hinzpeter el bueno", afirma un observador del gobierno.

La línea es similar en el conflicto de Aysén, donde ha acusado de “instrumentalización política” y llamó “a la calma. No desconocemos las demandas y claramente Aysén no va a poder resolver en una semana demandas de 30 ó 40 años. Hay muchas de ellas en las que hemos avanzado, lo hemos conversado con los actores sociales, más que nada a la comunidad, a hacerse responsable de dónde están los niños, que no se estén haciendo parte de los desórdenes”. Estas son algunas de las posturas del subsecretario que, según algunos de los observadores de este conflicto, “no contribuyen a generar un buen estado de ánimo para negociar”. Algo que sorprende en un político con la experiencia y trayectoria de Ubilla. Sobre todo, porque en su entorno aseguran que eso se debe a que está calificado como “un buen negociador” y le atribuyen el mérito de haber conseguido acuerdo en cada uno de los conflictos regionales que ha enfrentado este gobierno y en que le ha tocado llegar como representante de La Moneda.

Los problemas del gobierno

Para un analista político del oficialismo, la tarea que le toca cumplir al subsecretario del Interior “es parte de una estructura diseñada por el gobierno para enfrentar este tipo de conflictos. Y que demuestra que el Ejecutivo no tiene ninguna capacidad de adelantarse a los conflictos y los enfrenta como problemas de orden público, contexto es que mandan a Ubilla a esos lugares”. Situaciones que ocurren una y otra vez. “Y este diseño es el que en vez de resolver los conflictos, los gatilla. Después de eso, el gobierno se da cuenta que es mucho más complejo que eso y asume una postura más negociadora.

El gobierno parte de la base con un diagnóstico tipo y erróneo, calificando el problema como de orden público, porque no tiene capacidad de anticiparse. Mandan a Ubilla y con la fuerza pública en la calle, las manifestaciones se agudizan y tienden a crecer en intensidad y en impacto. Al contradecir el primer diagnóstico (problema de orden público) provocan que se gatille uno mayor. Porque las demandas efectivas y reales le dan respaldo ciudadano a las manifestaciones”.

Visión que se contradice con otra promesa de campaña de Piñera que planteaba que “nuestra meta es tener un Estado fuerte, eficiente y con sentido de urgencia”.

Y mientras Ubilla le achaca gran parte de la responsabilidad de lo que ocurre en Aysén a gobiernos anteriores, el senador Horvath replica que “el gobierno tiene responsabilidad porque han pasado dos años y no se ha avanzado un metro en la carretera Austral (para esta zona); los transbordadores están funcionando pésimo, a sabiendas que hay fondos para reponerlos y para que haya transporte más expedito y económico. La cuota de responsabilidad que tiene el gobierno es perfectamente posible de resolver con esta visita a terreno y el trabajo que se logre día con las organizaciones de Aysén”.

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