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Ministros Hinzpeter y Chadwick aprovecharon el espacio político

La ausencia de Piñera fue factor clave para alcanzar acuerdo en conflicto de Aysén

por 26 marzo, 2012

La ausencia de Piñera fue factor clave para alcanzar acuerdo en conflicto de Aysén
Pese a que La Moneda se ha empeñado en difundir la versión de que el Presidente monitoreó toda la exitosa negociación y que antes de que viajara a Asia ya se había tomado la decisión política de zanjar sí o sí el asunto la semana pasada, la realidad tiene sus matices. La operación para salirse del libreto de la mano dura la tomaron los dos ministros políticos, ante la inminencia de una fatalidad, y requería una cuota de flexibilidad que Piñera no ha mostrado en este episodio.

Cuando el avión del Presidente Sebastián Piñera despegó el lunes 19 de marzo en la noche para dar inicio a una extensa gira por Asia, no se vislumbraba una pronta solución al tenso conflicto en Aysén. Por el contrario, esa tarde todas las posiciones estaban radicalizadas: La Moneda había aplicado la Ley de Seguridad Interior del Estado, imperaba la tesis de aplicar mano dura y criminalizar las manifestaciones sociales, además llovían las críticas desde distintos sectores por la excesiva represión policial. El ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, era fustigado públicamente con la amenaza de una inminente acusación constitucional en su contra y los dirigentes sociales, encabezados por Iván Fuentes, mantenían a firme su pliego de peticiones.

Sin embargo, en ausencia del Mandatario el equipo político de Palacio logró apagar el incendio, porque tomó nota de las señales de alerta que le llegaron. Se jugó cartas arriesgadas como traer las negociaciones a La Moneda y finalmente zanjó el conflicto, anotándose un punto importante, cuando mantenerse inflexible sólo conduciría a un escenario de consecuencias impredecibles.

No se trata de una rebelión interna, porque con Piñera no hay cabida para eso. Su personalidad y estilo no lo permiten, ya que el Presidente tiene un estilo rudo de negociación, un trato y lógica que trae de su dilatada trayectoria empresarial y que le pesa demasiado en su manera de gobernar. Así, para muchos en el gobierno su ausencia del país permitió generar un margen de acción a sus ministros Rodrigo Hinzpeter y Andrés Cahdwick, que por lo general nadie en el gabinete tiene. Es sabido que una de las principales debilidades de este gobierno es la dificultad de los secretarios de Estado para empoderarse. El mejor ejemplo es el caso del ministro de Energía Rodrigo Álvarez, quien se vio atado de manos por las órdenes del Presidente en momentos clave de la negociación que mantuvo en la primera parte de la negociación en Aysén.

El avión del Presidente despegó cerca de las 20:30 horas del lunes 19 rumbo a Vietnam y no hay dos voces para precisar que durante esa larga noche, se produjo el punto de inflexión en el conflicto. Y es que a pesar de la Ley de Seguridad del Estado y la decisión de mandar Fuerzas Especiales a Aysén, el nivel de violencia en la Patagonia prendió todas las alertas a un gobierno, que hasta entonces se jugaba por el discurso de aplicar mano dura, defender el orden público y responsabilizar a los dirigentes sociales del movimiento si los enfrentamientos con carabineros terminaban con un triste saldo de muertos que lamentar.

La cita clave

Tras esa noche de enfrentamientos, el martes en Valparaíso el senador Horvath asistió a la comisión de derechos humanos del Senado donde expuso la situación de Aysén, mostró fotos de la represión, los enfrentamientos y los excesos policiales. Luego, en un almuerzo con el vicepresidente Hinzpeter, el vocero Chadwick y el ministro de la segpres, Cristián Larroulet, en el mismo Senado, el parlamentario les advirtió que se corría el riesgo que el conflicto terminara con ciudadanos muertos en las calles y que ese costo, por más que el gobierno tratara de aplicar la tesis del resguardo del orden público, era muy alto de pagar. "Ahí, ese martes, tengo la oportunidad de hablar, ahí Hinzpeter empieza a entender los códigos, lo que realmente sucede en la zona, fue en esa reunión cuando me pide que haga de puente y que vea la opción que los dirigentes vengan a Santiago, a La Moneda, a retomar el diálogo", explica Horvath.

Si bien tenían la carta desde el martes, fue durante el miércoles que en La Moneda reconocían en privado que la misiva de los dirigentes de Aysén ─que pedía el retiro de las fuerzas especiales y retirar las 22 querellas por Ley de Seguridad del Estado─ era vista como una buena señal que permitía augurar una chance de retomar el diálogo.

"Ahí, ese martes, tengo la oportunidad de hablar, ahí Hinzpeter empieza a entender los códigos, lo que realmente sucede en la zona, fue en esa reunión cuando me pide que haga de puente y que vea la opción que los dirigentes vengan a Santiago, a La Moneda, a retomar el diálogo", explica Horvath.

Ese mismo miércoles en la noche, muy tarde, los dirigentes de Aysén avisaron a la Anef en Santiago que al día siguiente viajarían a Santiago a reunirse con Hinzpeter en La Moneda para retomar el diálogo. Cada parlamentario de la zona se hizo cargo del costo de tres pasajes de avión de los dirigentes, mientras la alcaldesa se costeó ella su ticket y la ANEF asumió la coordinación logística y hospedaje de la delegación patagónica.

En el Ejecutivo insisten en la versión que el Presidente monitoreó a cada instante toda la operación para zanjar el conflicto. Que Piñera estuvo al tanto en todo momento de los avances, que conociendo al Mandatario, es imposible que alguno de los ministros diera un paso sin su autorización, que tanto Hinzpeter como Chadwick hablaron por teléfono con él a cada instante. El viernes en la mañana, tras la larga reunión del jueves y previo a la cita con Larroulet en que se aterrizarían las propuestas en discusión, Piñera tuvo una videoconferencia desde Hanoi (Vietnam) con su equipo político para hablar del conflicto, un diálogo que antes, durante y después de realizarse fue profusamente difundido en Palacio y puesto como ejemplo del manejo que tenía el Presidente de los hechos en Santiago.

Sin embargo, no se discute que en su primera reacción pública al ser informado de la cita del jueves en Santiago no fue la más calmada. Desde Hanoi, la madrugada del jueves, el Presidente evitó confirmar la reunión que esa tarde se desarrollaría en La Moneda y a cambio precisó que “no todas las peticiones, por legítimas que sean, se pueden cumplir de forma inmediata” y que “el gobierno tiene que gobernar para todos los chilenos y preocuparse no solamente por los que protestan, sino de otros chilenos que tienen necesidades”.

Sus palabras generaron preocupación y sobre todo, pusieron en tela de juicio la viabilidad de la reunión. Tanto, que Horvath, llamó a Hinzpeter para aclarar los hechos y luego salió públicamente a precisar que la reunión seguía en pie. En paralelo, en La Moneda se comentó que el vicepresidente habló por casi 40 minutos con el Mandatario sobre el tema, para después precisar a sus asesores que no había nada que aclarar, porque la reunión con los dirigentes patagones seguía a firme.

Así, otras versiones apuntan a que la ausencia de Piñera en el país permitió a Chadwick y Hinzpeter hacer lo que mejor saben: política, algo de cuya carencia se acusa a la administración piñerista. Tomaron la oportunidad que se presentó e hicieron primar los criterios políticos ─antes que los económicos─ a la hora de buscar consenso y soluciones en las negociaciones con los dirigentes. Tanto así, que superado el primer desafío de la cita del jueves, el día realmente clave fue el viernes. Prueba de ello fue la maratónica reunión de más de siete horas con Larroulet, donde hubo momentos tensos, que llevaron casi al quiebre el diálogo nuevamente, pero que fueron superados. Esto, porque primó el criterio político y no el economicista para zanjar el problema, puntualmente en lo relacionado con la zona franca

El blindaje a Hinzpeter

Uno de los principales triunfadores de la semana terminó siendo el vicepresidente Hinzpeter. El lunes era uno de los más cuestionados del gobierno por la represión en Aysén y la aplicación de la Ley de Seguridad del Estado. Ante esto, a todo nivel el oficialismo asumió una estrategia para protegerlo ante del "bulling" político al que consideraban estaba siendo sometido. "Lo critican por acción y por omisión, todo es culpa de él", afirmó un ministro de Estado en la semana, mientras en palacio varios asesores añaden que "le dan como bombo".

La defensa más notoria fue la del vocero. Chadwick ─con quien Hinzpeter tuvo una comentada discusión semanas antes precisamente por sus distintas visiones en la aplicación de la Ley de Seguridad del Estado─ acuñó frases durante la semana como que la aplicación de la polémica normativa "es ejecutada por Hinzpeter, pero ella responde a una convicción de todo el gabinete, todos los ministros la respaldamos".

En Palacio explicaban que el mensaje que estaba dando Chadwick apuntaba a dejar claro que la responsabilidad por las medidas impopulares, como la Ley de Seguridad Interior del Estado, debían ser compartidas por todos y no cargar con ello sólo al titular de Interior. “Hinzpeter ejecuta, pero ello responde a una decisión política del Presidente Piñera que así sea, es una convicción de todo el gabinete", agregaron en el gobierno.

El blindaje fue evidente. Si bien es parte de sus tareas de vocero, Chadwick asumió todas las declaraciones públicas sobre el tema de Aysén, algo que se hizo notar en la semana. "Es él quien está poniendo la cara estos días", precisaron asesores. Tanto blindaje ocurrió, porque el conflicto de Aysén habría sido en parte la gota de rebasó el vaso. Comentaban en el gobierno que Hinzpeter estaba aburrido de ser el malo de la película, especialmente cuando esa imagen negativa del "sheriff" no corresponde realmente con lo que él es políticamente.

Parlamentarios y dirigentes afirman que en realidad es menos duro en privado que en público, tal como lo declaró el mismo Iván Fuentes tras reunirse con él el jueves. Más de uno le ha precisado al vicepresidente que esa mala imagen es parte de los costos a pagar por el honor del cargo que ostenta.

Por más aburrido que esté, en La Moneda recalcan que una de las características de Hinzpeter que nadie puede negar es la lealtad a toda prueba que ha demostrado con el Presidente, la que ha implicado poner en jaque incluso su capital político.

Por lo mismo, desde el gobierno y los protagonistas del capítulo de Aysén ponen el acento en descartar la imagen que los ministros políticos simplemente le presentaran hechos consumados al Presidente ─al menos en una primera instancia─, porque en la suma y la resta, esa tesis sólo perjudica al propio Hinzpeter.

No obstante, si hasta el lunes era el villano, los últimos días ha primado la imagen de estadista. Tal como fue el viernes en el cónclave de los centros de estudio de la Alianza donde dio un discurso de política de alto vuelo sobre los desafíos del sector. El vicepresidente está consciente del cambio de escenario a su favor, como también de que “mañana puedo volver a ser el villano una vez más, así es esto”, precisó el viernes.

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