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La olla de grillos continúa con sumarios y salida de profesores

Sexo, mentiras y denuncias: la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile y los casos de acoso y abusos

por 27 diciembre 2016

Sexo, mentiras y denuncias: la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile  y los casos de acoso y abusos
El 2016 fue un año convulsionado en la Universidad de Chile. Con graves acusaciones en contra de varios profesores, entre los que destacan Fernando Ramírez y Leonardo León, de a poco se fue destapando lo que hasta entonces era solo un rumor: el encubrimiento entre profesores y la cultura naturalizada del machismo que existe en la escuela. Una historia de viejas amistades, grandes reputaciones, abusos y protección entre docentes. [ACTUALIZADA] (*)

En marzo de 2016, se supo por un artículo en la revista The Clinic del caso de abuso de poder hacia la estudiante María Ignacia León, por el profesor Fernando Ramírez, entonces docente en Historia, una de las cuatro carreras de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile.

En mayo, Leonardo León, ex director de la carrera de Historia, fue denunciado por acoso sexual por las alumnas Macarena Orellana y Dina Camacho. El docente, que hizo clases durante 24 años en la UCH, tiene un prontuario de relaciones íntimas con sus alumnas a lo largo de su carrera, que se hizo público por primera vez a través de un sumario realizado en la Universidad de Valparaíso en 1999 por abuso sexual a la alumna Carla Giovanetti, del cual solo recibió como sanción disciplinaria una multa del 20% de su remuneración mensual.

A partir de la denuncia realizada por María Ignacia León, surgieron al menos diez acusaciones más durante el primer semestre del 2016, según Marcos López, estudiante que cursa cuarto año de Historia y es dirigente de la Coordinación Estudiantil desde principios de este año, que recibe las denuncias y reclamos de los alumnos. Los nombres que más se reiteran, informa el estudiante, son: los de los profesores Fernando Ramírez, el del ex director de carrera Leonardo León, también Sergio Grez, Sergio Carrasco, Zvonimir Martinic, todos con más de 50 años de edad, y el difunto Jaime Massardo.

Hasta hoy se han hecho 13 asambleas estudiantiles que buscan llegar a respuestas sobre cómo enfrentar la situación. Se iniciaron en octubre del 2015 a raíz de la denuncia contra Fernando Ramírez y, desde entonces, dieron origen a un movimiento estudiantil contra lo que una académica –miembro del departamento hace más de diez años y que solicitó que su nombre no fuese publicado– llama la “cultura de tolerancia” hacia las malas prácticas relacionales de una generación de historiadores cuyas vidas se han cruzado por razones políticas, académicas y de amistad desde la década del 70.

Esta historiadora también afirma que “los alumnos sabían de la fama de los profesores y casos de este tipo desde hace muchos años. Es una cultura que todos los docentes también supimos en algún momento. Los rumores, acusaciones concretas hacia gente y sanciones anteriores”. Ella afirma que en ese tiempo desde la universidad no podían hacer nada, porque las alumnas no habían denunciado formalmente a los profesores.

“Lo que está pasando hoy es histórico. Es la primera vez que las alumnas se están atreviendo a denunciar actitudes machistas por parte de los profesores que llevan años sin sancionarse”, dice Marcos López.

En algunas asambleas han llegado a participar más de 150 alumnos de la Facultad, quienes redactaron en conjunto una declaración pública que reprueba los hechos y brinda apoyo a las estudiantes afectadas.

Las asambleas han sido dirigidas por Marcos López, quien ha liderado el proceso de concientización del problema entre el cuerpo estudiantil, junto a sus compañeras Francisca Barrientos y Nicole Molina. Ellas crearon el Comité de Ética CEFH, espacio donde se acogen las denuncias de las estudiantes y se recolectan pruebas que avalen las acusaciones.

“Como comité entendemos que entre un profesor y una estudiante hay una relación de poder. Respecto al consentimiento, por mucho que ella diga que sí, puede haber relaciones de poder que igual estén incitando a la alumna a decir ese sí. Al final por favores sexuales puedes tener trabajo, buenas notas, acceso a muchas cosas que, si uno no lo hace, sobre todo en una carrera como Historia, donde no hay mucha pega, nunca lo vas a encontrar”, dice Francisca Barrientos, presidenta del Comité.

María Ignacia León fue la primera en denunciar públicamente una relación con un docente que involucraba más que lo académico en el horario de clases y que ella misma describe como manipulación. María Ignacia León contó a la prensa la reacción que su profesor había tenido cuando supo que ella estaba pololeando: “Me trató de traidora, me gritoneó tanto, que tuve que decirle que no podía seguir conversando en esas condiciones. Ese día me pude dar cuenta, por primera vez, que él me manipulaba a su gusto y que yo, por razones que todavía no entiendo, lo permitía”.

El segundo caso en hacerse público gracias a una denuncia fue el de Leonardo León. Profesor en la Universidad de Chile desde 1992, fue exiliado en 1973 durante la dictadura y vivió en Londres hasta 1992, año en que retornó al país. Junto a Gabriel Salazar y Luis Ortega fundaron, desde Inglaterra, la revista historiográfica La Nueva Historia Social.

En 2016, León fue denunciado ante la universidad por Macarena Orellana y Dina Camacho, por acoso y persecución sexuales. La fama de sus relaciones con sus estudiantes y ayudantes data de hace cerca de 20 años.

Seguida a la denuncia realizada por las dos estudiantes, comenzó a circular por Facebook la acusación de Paula Godoy, ex alumna de historia de la UARCIS –lugar donde Leonardo León trabajó 13 años– y actual directora audiovisual.

Allí detalla que ella conoció a León el año 2000 cuando iba al departamento de su amiga Marisol Videla, a unas clases particulares que esta última realizaba. Ahí Videla le presentó a Leonardo León como su pareja, con quien tenía una diferencia de 25 años de edad.

El testimonio dice que en un inicio León no se mostraba interesado en Godoy. Se acercó una vez a ella para anunciarle que sería su profesor cuando Paula ingresó a la ARCIS. En esas clases Godoy notó una actitud extraña en León, quien hacía como que no la reconocía e, incluso, llegaba a cambiarle el nombre cuando se dirigía a ella.

Ella seguía yendo al departamento de Videla por sus clases particulares y, en una ocasión, sin Videla en el departamento, se topó con León, quedando solos ellos dos. Según escribe Godoy, Leonardo se le acercó y la criticó por su forma de vestir, diciendo: “Oye, Paula, tú ya eres historiadora y tienes que empezar a vestirte como tal, no puedes seguir vistiéndote como cabra chica, tienes que empezar a comprarte ropa de mujer”. Para Paula, esto fue el inicio de las actitudes dominantes que más adelante aumentarían.

En entrevista con Paula Godoy, ella declaró que consideró extraña la forma en que León empezó se comportarse con ella. “Me dije a mí misma: 'Qué raro que este viejo se meta en estas cosas'. Pero no le di mucha importancia. Luego empezó a decirme: 'No te pongai a tomar en la Universidad. Pobre de ti que te vea curada, cosas así'”, dice Godoy, y agrega: “Yo pensaba que Leonardo lo hacía de buena onda”.

En julio de 2004, Marisol, quien esperaba un segundo hijo de Leonardo, la invitó a ella y a otros amigos más a tomar té a su casa, previo a las vacaciones de invierno. Cuando se dirigía al lugar, se encontró con León en el microbus.

“Estábamos en la micro camino al té en el departamento de Quinta Normal con León. Mientras conversábamos, las cosas subieron de tono y me preguntó sobre si mi vida sexual era activa, yo le sonreí nerviosa y le dije que por qué me preguntaba eso. Ahí me tomó las manos y me dijo: '¿Querís aprender a tener buenas cachas?'. Yo lo paré en seco y le dije: 'Profesor, usted es la pareja de mi amiga, ¿qué onda?'. A lo que me respondió: 'No. Yo no soy la pareja de ella, ella es mi amante'. Me bajé de la micro en la próxima parada, sola y tiritando”, relató Paula en conversación con los autores de este reportaje.

Afirmó a este medio que no le extraña que existan casos de acoso en la Facultad de Filosofía y Humanidades, porque asegura que se les cubren las espaldas a los que caen en estas conductas. “Es obvio que sí lo hacen”, dice Paula.

En su oficina, que es la última del largo pasillo que alberga solo a algunos de los profesores del Departamento de Historia, Gabriel Salazar defiende a sus colegas: “Hay profesores que buscan más que una relación de amistad con las alumnas, pero a ellas (las denunciantes) yo las veo muy pintiparadas. Dando declaraciones de acá para allá. Yo no las vi muy destruidas psicológicamente. Los que sí están destruidos son los dos profesores acusados, Ramírez y León. Están jodidos. Yo no sé si un acoso estúpido da para la pérdida que se produjo por esto (la destitución de ambos). En la balanza es donde hay que ver”.

León solicita su destitución de la Universidad de Chile

“León estuvo lanzando sucesivas licencias cada 15 días, no solo para no asistir a clases o evitar que lo funaran, sino que además estratégicamente, porque si él está con licencia médica y le llegan a quitar una cátedra, puede ser considerado como acoso laboral y, por ende, él podría haber iniciado una contrademanda”, explica el coordinador estudiantil Marcos López.

Luego de ausentarse por un mes, el 29 de marzo de 2016, Leonardo León presentó su renuncia en una carta a la dirección de la carrera de Historia, donde dice haber carecido del apoyo de la comunidad para generar su proyecto académico: “Me fue imposible generar un proyecto académico e institucional que lograra no solo resolver problemas pendientes. Lamento que una tarea que asumí con tanto compromiso termine de esta manera tan abrupta, pero tengo la confianza de que en el futuro, cuando se superen las querellas y rencillas internas, otras personas estarán en mejores condiciones para asumir la dirección de un Departamento de Historia que sigue aferrado a los eventos del siglo XX”.

Desde entonces, no volvió a pisar las salas del campus Juan Gómez Millas. Si bien había abandonado la dirección, aún debía impartir cuatro cursos en pregrado y tres en posgrado, a los que no asistía debido a los certificados médicos que venía presentando desde antes de su renuncia. Finalmente, estos se prolongaron hasta el lunes 16 de mayo, día en que Leonardo León solicitó su destitución de la Universidad de Chile.

El profesor Pablo Artaza, quien quedó a cargo del Departamento de Historia como director subrogante, cuenta que el día en que León mandó la carta pidiendo su destitución varias alumnas visitaron su oficina para manifestar preocupación y contar su experiencia con León en clases.

Ante la pregunta de si León pidió que lo destituyeran para no tener que enfrentar cargos y sumarios, respondió: “Sí, por supuesto que quiso irse con los papeles limpios. El riesgo de la desvinculación como fruto de sanción le genera perjuicios mucho mayores que aparecer desvinculándose sin sanción. Ahora él va a salir de la universidad sin sanción”.

Para explicar por qué él cree que la administración habría aceptado la solicitud días más tarde, dice: “En ese momento no se le estaba investigando todavía. Todavía no había sido llamado a declarar. Pero, ojo, yo tengo una posición bien cuidadosa en ese sentido, porque no sé si es un escenario totalmente negativo. De haber enfrentado Leonardo León el sumario, no estamos seguros de que hubiera tenido sanción. El problema con las denuncias del profesor León es la antigüedad de los hechos”, con esto Artaza se refiere a que las denuncias evocaban situaciones que habían ocurrido con más de un año de antigüedad al momento de ser presentadas.

Marcos López, coordinador estudiantil, afirma que la destitución de León, aunque haya sido solicitada por él mismo, también debe verse desde un ámbito positivo: “El hecho de que haya sido desvinculado fue un logro de la lucha que se ha dado durante estos meses, pero, por otro lado, implica que él es un maquiavélico que sabía lo que estaba haciendo”.

Vidas entrelazadas

Los profesores que han sido acusados han construido lazos y vínculos que los relacionan desde la dictadura militar, cuando eran estudiantes en la Universidad de Chile.

El tiempo que ha transcurrido desde que estos profesores iniciaban sus estudios y carreras, a finales de la década de los 60 e inicios de los 70 es un factor determinante para entender la cultura de abuso que se instaló en la Facultad de Letras y Humanidades. Tal como explica Pablo Artaza: “Hay una brecha generacional, las generaciones más jóvenes no toleran el abuso como principio, pero las antiguas generaciones lo autorizaban".

El ex Pedagógico de la Universidad de Chile, hoy UMCE (Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación), se puede considerar uno de los centros importantes del inicio de estos cruces. En aquel lugar se encontraban la actual profesora del Departamento, María Eugenia Horvitz, que ingresó como docente en 1967, y que el 73 tenía el cargo de directora del Departamento de Historia, y Gabriel Salazar, quien llegó como profesor en 1968 y que al momento del Golpe estaba a cargo del ramo Historiografía. Entre sus alumnos se contaban dos de los actuales profesores, que si bien aún no se conocían, hoy están entre los acusados: Leonardo León y Fernando Ramírez.

Ambos comparten una relación amistosa desde hace 2 años, pero cuando eran estudiantes pertenecían a bandos políticos opuestos, en un ambiente muy polarizado.

Ramírez era de derecha, partidario del régimen. Formó parte de la llamada “Coordinadora Administrativa”, que en el papel se preocupaba del orden y del correcto funcionamiento del campus, cuya misión en realidad era mantener a raya las expresiones subversivas y contrarias al régimen, siendo fuertemente cuestionada posteriormente por el abuso hacia los estudiantes.

En 1978, el día 11 de septiembre, se realizó un acto dentro del campus, organizado por estudiantes, en que se gritaron consignas contrarias a la dictadura y se izó una bandera chilena con un crespón negro, en alusión al luto por cinco años de dictadura. Fernando, junto a su compañero y amigo, Eduardo Ramírez, fueron quienes delataron a los participantes frente a las autoridades, que en su mayoría enfrentaron sanciones de suspensión, tal como se consigna en el texto “Represión y resistencia estudiantil en el Ex Instituto pedagógico (1973-1980)” de Juan Ignacio Cisternas.

Esto generó que se viese a los llamados “hermanitos Ramírez” (pese a no contar con ningún parentesco) como exponentes de la represión de la dictadura en el Pedagógico, ya que hasta ese entonces no se conocía a otros alumnos que hubiesen incurrido en delaciones hacia sus compañeros. “Eduardo y Fernando fueron los únicos alumnos que no pertenecían a ningún puesto de confianza de las autoridades universitarias –como las comitivas del centro de alumnos– y, aun así, fueron convocados a declarar. Existen variados elementos que nos permiten inferir su marcada postura frente a la represión y frente a la dictadura militar”, escribe Cisternas

Leonardo León fue uno de los que sufrió parte de los abusos de esta represión desde la universidad, y específicamente de la Coordinadora en la que en ese entonces participaba Fernando Ramírez.

La madrugada del 11 de agosto de 1975, cuando los alumnos y profesores del Pedagógico preparaban su retorno a clases después de las vacaciones de invierno, se realizó una redada masiva, que terminó con más de 40 estudiantes y docentes apresados. Entre ellos estaba León.

Los agentes y carabineros que participaron de esta acción, contaban con los domicilios de cada uno de los alumnos y docentes capturados, información que salió de la misma universidad y que, según una fuente conocedora del caso, fue otorgada por la misma Coordinadora.

León, apresado esa noche de agosto de 1975, fue enviado al campamento de prisioneros Tres Álamos, donde se encontró con otro historiador: Gabriel Salazar. “Él fue alumno mío primero, antes del golpe, después del golpe a mí me echaron, caí preso, él también cayó preso y lo reencontré en Tres Álamos”, relata Salazar.

Allí entablaron una amistad que continuó después de la liberación y durante el exilio de ambos en Inglaterra. Salazar se asentó en Hull, mientras que León se quedó en Londres, los dos con becas para perfeccionar sus estudios. Fue en esa época que ambos, junto a Luis Ortega, fundaron la Revista Nueva Historia y en cuyo nacimiento participó otro de los profesores acusados de acoso y que hoy pertenece al Departamento de Historia de la Universidad de Chile, Sergio Grez.

Con posterioridad a su exilio, de regreso en Chile, la Universidad decidió reincorporar a varios de sus docentes exonerados, entre ellos a León, Salazar y a María Eugenia Horvitz. Los tres izquierdistas formaron una relación de confianza debido a lo vivido antes del regreso. Allí, en el Departamento de Historia, conocieron a Sergio Carrasco, profesor que ingresó a principios de los 90.

Fernando Ramírez, que durante la dictadura se transformó en profesor de la universidad, llegó antes que todos ellos. Ramírez, quien no contaba con grandes relaciones con los profesores que habían vuelto del exilio, de a poco comenzó a formar amistad con ellos.

El acercamiento entre León y Ramírez ocurrió durante la postulación de León a la dirección del Departamento de Historia, tal como lo señala el profesor Mauricio Folchi: “(Ramírez) no era amigo de Leonardo León ni mucho menos, más bien tenían una relación distante por razones políticas. El acercamiento se produjo por dos años, tres o quizás menos. Quizás en el momento en que Fernando era subdirector. Él e Isabel Torres impulsaron la candidatura de Leonardo León. La verdad es que nunca los había visto tan amigos como en ese momento. Fue más bien un pacto electoral”.

El último de esta generación en ingresar al Departamento de Historia, fue el amigo de León y Salazar en el exilio, Sergio Grez, quien fue anexado al mismo en 2004. En la elección para escoger al director de carrera de 2014, Sergio Grez y Leonardo León compitieron por el cargo que finalmente recibió León. Pablo Artaza, el actual director subrogante, afirma: “La postulación del profesor León fue una intervención a la candidatura de Sergio Grez. Fue inventar a la rápida a otro candidato que pudiese aparecer”.

Según Folchi, quienes habrían colaborado en la campaña de Leonardo León son las profesoras María Eugenia Horvitz, Carla Peñaloza e Isabel Torres, junto con Fernando Ramírez.

“¿Qué los puede unir? Es impensable, no es que tuvieran un proyecto académico ni nada. La verdad es que no sé cómo lo consiguieron. El otro candidato era Sergio Grez. Yo iba por él”, cuenta Mauricio Folchi.

Con León a la cabeza, en 2014, de a poco la generación más antigua de profesores de la carrera en la Facultad de Filosofía y Humanidades había ascendido dentro del Departamento. Fernando Ramírez como subdirector, Sergio Grez como miembro del Consejo de Académicos de la carrera, María Eugenia Horvitz como vicedecana y Gabriel Salazar como una figura intelectual e influyente por su Premio Nacional de Historia .

Una cultura naturalizada del machismo

Tras la renuncia de León, el profesor Pablo Artaza asumió el puesto de director subrogante y se ha hecho cargo de colaborar con las denuncias de los estudiantes, de asegurarse que el proceso se cumpla de manera efectiva y también de construir el escenario en el que se encontrará la institución en un futuro, con un protocolo para este tipo de casos.

“Yo creo que no nos puede pasar que sigamos protocolos en que profesores no pueden compartir la mesa con los estudiantes, me parece absurdo, o que los profesores no puedan conversar con los alumnos en su oficina. Pero sí hay que establecer protocolos para las actitudes punibles y estandarizarlos. Dónde y a quién denunciar cuando el profe me palmoteó el brazo y yo sentí algo distinto a un palmoteo. Puedo mantener comportamientos afectivos y cercanos sin palmotear. No estamos hablando de relaciones de pareja. Tenemos que dar prueba ahora de qué tan capaces somos, como intelectuales, de generar en la práctica buenas actitudes en las relaciones sociales y, por eso, deberíamos ser evaluados”, afirma Artaza.

El actual director conoció a León en la década del 2000, cuando ambos eran docentes en la Universidad ARCIS, donde a León le quitaron una asignatura por problemas de conducta, docencia y faltas administrativas.

“El profesor León tiene un prontuario. Mucha gente le dijo cuando entró a la Chile: 'Córtala, no vayas a hacer tonteras'. Tonteras es el eufemismo para: 'No hagas lo que has hecho en otro lado'. Si uno examina el comportamiento del profesor León, él aparece con un descontrol psiquiátrico. Que no haya dejado de tener un comportamiento que uno supuestamente lo debería tener internalizado como no permitido, eso es un indicador”, dice Artaza, y argumenta que ahora lo importante para la institución es liberarse de las malas prácticas relacionales e insiste en la relevancia de instaurar un protocolo que las defina, el cual hasta el momento no existe para ninguna carrera de la Universidad de Chile.

“En la Facultad hay una cultura de abuso de poder. Con una suerte de diferencia jerárquica exageradísima entre profesores y estudiantes, que permiten que estas cosas sucedan. Los alumnos sabían de la fama de los profesores y casos de este tipo desde hace muchos años. Cuando llegué, noté que era evidente, porque se rumoreaba de muchísimos casos. Es una cultura que tanto los demás profesores y los estudiantes conocían muy bien, pero hacía falta que alguien desafiara esa tolerancia”, cuenta una profesora de planta en Historia, que comenzó a hacer clases en 2002 y que solicitó que su nombre no sea publicado.

Ella afirma, también, que la generación de historiadores que han demostrado un patrón de prácticas cuestionables en cuanto a las relaciones con las alumnas es la más antigua del Departamento: “El machismo que hay se presenta en todo momento, hay profesores que no te pueden ver sin comentar sobre tu cuerpo o ropa. Son todos los viejos, creen que hay una expectativa de que te estén ahí piropeando”.

“Mientras pudiera hacer referencia a lo sexual, lo hacía. También contaba cómo lo torturaron en dictadura. Nos decía que le ponían electricidad en las pelotas, y usaba esas palabras. Hablaba de su exilio. También es racista, se reía de los mapuches y de las mujeres. El otro día empezó a hablar de su suegra, la trataba de vieja culiá. Empezó a hablar de la amante de Pinochet, a quien, según él, le decían 'la zapallo', porque tenía el tremendo culo, así, con esas palabras en clases. Lo más brutal es que igual todos se reían, el clima de impunidad que había en ese tiempo era súper burdo”, cuenta Francisca Barrientos, presidenta del Comité de Ética estudiantil.

El Comité de Ética estudiantil ha iniciado una campaña, a través de un formulario electrónico, donde los alumnos pueden hacer sus denuncias de manera anónima y aportar a la investigación. También crearon un documento compartido donde han reunido pruebas grabadas de las clases de Leonardo León. Francisca Barrientos y Nicole Molina se han encargado de revisar los archivos grabados.

“Mientras pudiera hacer referencia a lo sexual, lo hacía. También contaba cómo lo torturaron en dictadura. Nos decía que le ponían electricidad en las pelotas, y usaba esas palabras. Hablaba de su exilio. También es racista, se reía de los mapuches y de las mujeres. El otro día empezó a hablar de su suegra, la trataba de vieja culiá. Empezó a hablar de la amante de Pinochet, a quien, según él, le decían 'la zapallo', porque tenía el tremendo culo, así, con esas palabras en clases. Lo más brutal es que igual todos se reían, el clima de impunidad que había en ese tiempo era súper burdo”, cuenta Francisca Barrientos, presidenta del Comité de Ética estudiantil.

(AUDIOS): Seleccionamos los fragmentos más relevantes y los presentamos como clips de audio. (Audio 1), (Audio 2), (Audio 3).

La decana María Eugenia Góngora y un equipo de periodistas encargados de las comunicaciones del Decanato reaccionaron a estas demandas tras la publicación del reportaje de prensa, emitiendo una declaración online. Esta explicaba por qué no se habían pronunciado de forma pública sobre el caso que imputaba a Fernando Ramírez y las nacientes denuncias en contra de Leonardo León:

“Hemos enfrentado esta situación de cara a la comunidad universitaria, con investigación y justicia, y queremos abrir espacios para un debate que nos permita actuar de manera ética y respetuosa (…). Hasta ahora y dado que el sumario aún no está concluido, no ha sido posible ni pertinente hacer declaraciones públicas al respecto. Sin embargo, nos parece necesario aclarar algunos puntos ante la comunidad universitaria y ante la opinión pública”. Después de estas palabras, inician una serie de desmitificaciones sobre el trabajo de Decanato respecto a las denuncias, asegurando que se han reunido muchas veces con María Ignacia León y que están tomando todas las medidas legales posibles para evaluar la querella.

“La imagen pública del Decanato está en el suelo. Nosotros esperábamos algo más directo. Solo los representantes hemos podido conversar con la decana sobre el tema y nos ha dicho básicamente lo mismo que escribe online, pero mis compañeros no han recibido esa información de manera directa y confiable”, señala el coordinador estudiantil Marcos López. Se solicitaron entrevistas para este reportaje en cuatro ocasiones con María Eugenia Góngora, sin embargo, no fueron concedidas ni por ella ni su equipo de comunicaciones, argumentando que en el comunicado se había dicho todo lo pertinente al caso, desde la perspectiva del Decanato.

Pablo Artaza, quien se relaciona con la decana por su cargo administrativo, señala: “Ella no tiene mucho trato con los medios, ni con situaciones administrativas tampoco. Se maneja más bien con grupos de colegas, y con los grupos de colegas puede reportarse más bien con una opinión, más que comprometerse con una declaración”.

Una docente de la carrera de Historia, que optó por no dar su nombre, defiende el hecho de que la decana no se haya pronunciado directamente, porque su posición no era compatible con la situación: “Yo creo que para ella no es fácil en este momento. Ella era la jefa de León y a la vez tenía que ser la persona que decidiera un caso en su contra de parte de una alumna. Eran dos roles que no creo que sean muy compatibles”.

Hoy, quien recibe las denuncias por acoso sexual es el Senado Universitario en la Casa Central de la Universidad de Chile. Este es un organismo interno que establece las políticas y estrategias de desarrollo institucional, además de acoger las querellas y realizar sumarios administrativos. Es presidido por el rector, Ennio Vivaldi, quien junto a otros 36 miembros exigió en mayo que los testimonios de las alumnas fueran acogidos directamente desde esta institución.

“Lo de ellos, más que el tema interno, es la protección de la imagen institucional de la Universidad de Chile. Ante eso, la Casa Central quiso tomar el caso para mostrar poder y control sobre el tema. Mi hipótesis sobre este tema es que la imagen pública del Decanato está en el suelo, entonces el nivel de confianza que tienen es muy menor. Hay muchas suspicacias en cuanto a los sumarios que lleva a cabo el Decanato, incluso con sumarios de otros casos que están andando en este mismo momento”, interpreta Marcos López ante la decisión de la universidad de tratar el tema desde el Senado Universitario.

Esto deja fuera del proceso de investigación al Decanato e inicia un “sumario amplio” desde la Casa Central de la Universidad de Chile. El concepto remite a que el Senado seguirá recogiendo antecedentes de varios casos y que contempla incluir en un proceso jurídico a todos los profesores que han sido acusados por los alumnos, para luego personalizar las querellas y aplicar un proceso a las que sean consideradas de mayor gravedad.

Gritos, exigencias insoportables, apropiación de la vida de las alumnas, seducciones explícitas, miradas y toqueteos, salidas a terreno sin ninguna fiscalización, invitaciones a comer a la casa, llamados y mensajes telefónicos constantes, ofertas de alojamiento y ayuda monetaria hasta infidelidades matrimoniales, son las que se encuentran dentro de las actitudes de Fernando Ramírez y Leonardo León que fueron denunciadas por sus alumnas.

Las razones –según los alumnos y profesores entrevistados para este reportaje– de que tales conductas hayan estado ocultas tanto tiempo en el Departamento de Historia y entre los estudiantes, van desde la falta de denuncias concretas por parte de las estudiantes que se producía por miedo, naturalización de los hechos y por temor a no acusar a historiadores con influencia en la academia. Marcos López, quien ha estudiado durante cuatro años en la Facultad, enfatiza: “Nuestra disciplina es muy individualista. Las condiciones concretas en empleabilidad nos hacen saber lo que cuesta emerger. Muchos profesores deben mantener el trabajo ante todo y ser historiador de la Universidad de Chile es prestigio puro. No es gratis que te expulsen de aquí”.

Una profesora del Departamento que dice haber presenciado actitudes irrespetuosas cuenta: “Las mujeres somos pocas en el Departamento, la historia en general es un gremio bastante machista donde los profesores se sienten muy cómodos en decir: 'No sé qué hace una mujer en mi sala, las mujeres no sirven para la historia'”.

María Eugenia Horvitz es una de las docentes más antiguas de Historia en la Universidad de Chile y asegura: “Por lo menos en este Departamento, yo no he escuchado a profesores haciendo comentarios sexistas. Puede haberlo, pero yo no lo he escuchado nunca, y llevo muchos años en esta universidad”.

Horvitz ejerció como vicedecana hasta que María Eugenia Góngora le pidió que dejara su cargo. Esto, debido a una reunión en que tuvieron diferencias de opinión en el tratamiento del caso de Fernando Ramírez. Según Nicole Molina, integrante del Comité de Ética estudiantil, Horvitz habría insistido en buscar una forma de salvar a Ramírez de la destitución, según le informó la profesora Claudia Zapata, que ha abogado por los estudiantes en esta causa y que ese día estuvo en la reunión. “Todos le dijeron en esa sala a María Eugenia Horvitz que ni ella ni los profesores podían manejar ese tema fuera del sumario. Ella los trató de ineptos y estúpidos, entonces la decana dijo que se fuera y que dejara su cargo de Vicedecano”, relata Nicole.

Cuando se le pregunta a María Eugenia Horvitz sobre las múltiples denuncias que han salido a la luz durante el 2016, ella responde: “Ahora a los estudiantes les ha dado por esto. Se aburrieron de pelear por la gratuidad, de estar en la política y ahora hablan de acoso sexual. En esta Facultad hay cuatro departamentos, y los demás estudiantes, los de Filosofía y de Lingüística, no han dicho nada. Debe ser porque estos otros cabros no estaban para meterse en esto ni perder el tiempo gritando como acá en Historia”.

El futuro

Pablo Artaza abre de par en par la puerta de su oficina, y así decide dejarla. Explica que son las conductas mínimas de distancia y precaución, las que no están interiorizadas por la generación de historiadores que ha dado que hablar en la Universidad de Chile, y que mucho menos están especificadas en un protocolo.

Su plan es forjar una nueva cultura relacional dentro de la facultad, donde los profesores sean evaluados por su capacidad de autocontrol y respeto. Los estudiantes exigen un cambio en la cultura machista y misógina que se ha probado a través de un movimiento caracterizado por las denuncias públicas, que van en aumento.

Los estudiantes de la facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, que ya iniciaron una cruzada para combatir estos actos desde sus propias herramientas institucionales, como la Coordinación Estudiantil y el Comité de Ética, están a la espera de que durante los próximos meses comience el sumario administrativo contra el profesor Sergio Carrasco.

En las paredes del baño de mujeres del tercer piso de la facultad, se pueden leer mensajes como “León maricón” y “si la violación es una mierda es una mierda para todas!”. Rodeando estas frases, se encuentran largos párrafos en los que las alumnas discuten sobre este tema. Casos de acoso y abuso que las han remecido a ellas y a la comunidad del campus Juan Gómez Millas durante el último año y que, seguramente, les serán difíciles de olvidar.

(*) N de la R: Posterior a la publicación de esta nota, la Decana de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, María Eugenia Góngora, envió carta aclaratoria al Director.

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