CULTURA
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Llega a Chile Anton Gudim, el artista ruso que dibuja el absurdo de la vida cotidiana
El autor, que ya acumula más de 1,9 millones de seguidores en redes sociales con su serie de viñetas “Yes, But”, lleva diez años mostrando las facetas desquiciadas de la sociedad moderna a través de escenas que, al menos a primera vista, parecen perfectamente normales. Estará en La Furia Ilustrada.
A primera vista, no hay nada demasiado llamativo en las viñetas cómicas del artista ruso Anton Gudim: sus dibujos muestran personajes más bien genéricos, sin características memorables, que habitan espacios asépticos y despejados. Luego de unos segundos, sin embargo, el cerebro del observador hace clic y entiende que esas escenas tan anodinas ocultan un mensaje profundamente desquiciado en el que también hay una punzante crítica social.
El ilustrador, quien proviene del mundo de la ingeniería y la informática y se define como un sujeto extremadamente reservado, lleva diez años compartiendo sus chistes gráficos a través de las redes sociales, donde ya acumula más de 1,9 millones de seguidores. Convertido, a estas alturas, en toda una celebridad, Gudim llega a Chile el próximo mes para participar como invitado estrella en La Furia Ilustrada, encuentro editorial y de ilustración que se realizará entre el 9 y el 11 de octubre en el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM).

Crédito: Anton Gudim
“A menudo he escuchado comentarios, sobre que mis dibujos requieren tiempo para entenderlos y que están abiertos a diferentes interpretaciones. Naturalmente, yo no hago eso de manera intencional. Mis dibujos tienen perfecto sentido, para mí, y siempre puedo encontrar a alguien que los entiende tal como yo quería”, comenta el artista, quien desde 2021 ha concentrado buena parte de su trabajo en la serie “Yes, But”, donde, a través de sólo dos viñetas por historia, muestra las dos caras (una amable y otra absurda, cínica o perturbadora) de situaciones aparentemente triviales.
Algunos ejemplos clásicos de la serie “Yes, But” son las dos viñetas en que primero aparece un refrescante jarro de agua, acompañado por un letrero donde se incentiva el consumo de ese líquido, para luego revelar a una docena de personas haciendo fila para usar el baño. En otra entrega, una glamorosa joven en bikini apoya sus codos en el borde de una piscina, mientras la parte inferior de su cuerpo permanece oculta. El siguiente dibujo rompe ese ambiente distendido, al mostrar que el torso y las piernas de la chica cuelgan a varios metros de altura, por encima de las nubes.

Crédito: Anton Gudim
Recopiladas en dos libros impresos a todo color que se han publicado en Rusia, China y Estados Unidos, entre otros países, las viñetas de Gudim también incluyen escenas como la de una primorosa taza de café recién servida, con su superficie decorada mediante diseños hechos con crema, y que a los dos segundos pierde todo su encanto cuando el líquido es revuelto por la cuchara del consumidor.
También destaca el dibujo donde una impecable maleta con ruedas se ve enfrentada al desafío de cruzar una calle adoquinada.

Crédito: Anton Gudim
“Para mí todo esto ha sido un largo viaje: al principio, posteaba mis dibujos sólo en VK, la red social rusa, y no fue sino hasta varios años después que empecé a hacer posteos cruzados con Instagram. Me di cuenta de que iba por el camino correcto cuando un solo post me permitía ganar diez mil nuevos seguidores, con un público que abarcaba países como Brasil, España e India”, relata el artista, cuya personalidad introvertida lo lleva, a menudo, a usar una máscara cuando debe participar en encuentros con sus lectores.
“Me alegra haber necesitado un largo tiempo para construir mi público. No fue un alza repentina de popularidad. Creo que el éxito sostenido siempre es mejor que un brillante fogonazo seguido por un rápido declive. Es probablemente por eso que aún estoy creando arte después de diez años de trabajo continuo”, reflexiona.

El autor prefiere el anonimato. Crédito: Cedida
-¿Es posible que me cuentes algo para conocer al hombre detrás de los dibujos? ¿Por ejemplo, qué edad tienes, o a qué se dedican tus padres?
-Trato de compartir la menor cantidad de información posible acerca de mí mismo, en términos de edad, familia y otros detalles sociales. Creo que ese tipo de datos me encasillan, lo cual dificulta la plena apreciación de mis dibujos. Prefiero que la gente vea mi trabajo sin tener ese contexto más personal, y que puedan formarse su propia imagen del artista. Todo lo que puedo decir es que nací en Moscú, y que tengo padres y dos hermanos.
-Entiendo que estudiaste ingeniería. ¿Trabajaste en esa área? ¿Pensaste alguna vez en estudiar arte?
-Pasé largo tiempo trabajando en roles técnicos. Dado que siempre tuve talento para las matemáticas, convertirme en ingeniero fue un paso lógico en mi educación. Pero siempre estuve interesado en el arte, he dibujado desde que era niño, y en el colegio yo siempre era el designado para hacer decoraciones para las fiestas, crear diarios murales o diseñar tarjetas de saludos. Después, cuando adulto, aprendí Photoshop e Illustrator en forma autodidacta, junto con lo básico de la animación en 2D, e incluso entré a concursos de diseño.

Crédito: Anton Gudim
-¿Te gustaba trabajar como ingeniero? ¿Fue difícil renunciar a ese mundo, para dedicarte al arte?
-Trabajé como ingeniero en tres compañías diferentes, todas privadas, y nunca sentí que perteneciera a ese mundo. Me sentía miserable debido a la falta de satisfacción en términos creativos. Me parecía que las reglas eran opresivas, en especial por la exigencia de estar físicamente presente en mi escritorio sin importar que fuera necesario, o que yo realmente tuviera algo que hacer. Había mucha burocracia sin sentido. Por ejemplo, yo tenía que entregar un informe semanal que nadie leía, así que eventualmente empecé a inventar las cifras. Pero, a pesar de lo absurdo de todo eso, demoré en renunciar y convertirme en un artista independiente, porque el arte es un camino que no ofrece garantía de ingresos estables.
-Sobre tus viñetas de la serie “Yes, But”, ¿cuándo y cómo decidiste empezar a compartir tus viñetas cómicas en las redes sociales? ¿Tal vez al comienzo las hacías sólo para ti y tus personas cercanas?
-Esto empezó como un pasatiempo agradable. Eventualmente empecé a competir en concursos de diseño de vestuario, y publiqué algunos de mis trabajos para venderlos. Y aunque eso no generó grandes ingresos, me permitió construir un portafolio de dibujos que empecé a compartir en mi página personal. Uno de estos dibujos se hizo viral en internet, y apareció en comunidades de arte y humor que tenían millones de seguidores, y ahí me di cuenta de que podía especializarme en contenido viral, así que abrí una página aparte dedicada a mi arte. Las ilustraciones de “Yes, But” aparecieron por primera vez en 2016. Al principio mis historias tenían seis viñetas. Experimentaba con diversos formatos, porque estaba tratando de ir más allá de los cómics tradicionales y trabajaba con diferentes temas.

Crédito: Anton Gudim
-¿Y cuándo se produjo tu gran explosión de popularidad?
-Retomé la serie “Yes, But” en 2021, porque suelo revisitar ideas antiguas, a ver si logro desarrollarlas más, y se me ocurrieron algunos temas. Por ejemplo, hice uno sobre peinados coloridos. Entonces, “Yes”, esos estilos te hacen destacar en medio de la multitud, “But”, cuando estás en medio de una multitud de personas con peinados coloridos, terminas volviéndote invisible. Publiqué esas viñetas online y ¡boom!, recibí una avalancha de comentarios, respuestas y debates. Vi que la gente disfrutaba la discusión sobre los temas que yo planteaba, y fue entonces cuando me di cuenta de que podía convertir estas viñetas en una serie de largo aliento. Hoy la serie ya tiene más de seiscientos dibujos, y para mí es un perfecto ejemplo de que un aparente callejón sin salida puede ocultar un verdadero pozo de potenciales historias.
-¿Crees que el hecho de ser ingeniero influya de alguna manera en tu estilo de humor?
-Mi formación técnica y mi mentalidad matemática tienen influencia en mi trabajo. Muchos de mis conceptos para las viñetas están construidos en torno a la lógica, o en torno a la subversión absurda de la lógica.También disfruto el usar escenas o encuadres recurrentes, me gusta ver que hay un sistema en el proceso creativo, y que se repitan ciertos elementos.

El autor creció bajo la influencia de los comic de EEUU. Crédito: Cedida
-¿Y tu nacionalidad rusa, influye también en ese proceso creativo?
-Es difícil para mí saber cuánto ha influido Rusia en mi arte, dado que me crié viendo principalmente animaciones y cómics de Estados Unidos. Vi películas de Hollywood y escuché música estadounidense, junto con algo de música europea. Siempre me he sentido inclinado hacia temas y lenguajes universales, que resuenan en todas partes. Tal vez por eso a veces mis lectores rusos se sorprenden al descubrir que yo también soy ruso. Mis dibujos no parecen “rusos”, sino que se ven como algo hecho en el extranjero.
-A primera vista, tus viñetas se ven más bien genéricas, casi como ilustraciones de un manual de seguridad. ¿Por qué elegiste esa estética?
-Para mí, la idea detrás del dibujo siempre ha sido lo más importante, y por eso elijo un estilo que no sea tan llamativo y que tampoco requiera tanto tiempo para su realización. Sabía que quería plasmar muchas ideas, y quería dibujar en forma frecuente, así que busqué un equilibrio.
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-¿Nunca quisiste tener un estilo de dibujo más “caricaturesco”?
-Al comienzo cultivé un estilo más caricaturesco, con personajes que tenían proporciones exageradas y miembros flexibles, pero, como mis viñetas están enraizadas en el absurdo, quise acercarme hacia un estilo más neutro y cotidiano. Lo absurdo emerge, a menudo, sobre un trasfondo mundano, y un estilo de dibujo excesivamente caricaturesco o detallado podría desviar la atención de la narrativa o del concepto central. Además, siento que este estilo refleja quién soy: una persona bastante reservada en la vida real, y que incluso puede aparecer como fría o sin emociones, pese a que no es así. Yo simplemente proceso mis emociones de manera más interna.
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