Frente Amplio: la prueba de fuego de Carlos Ruiz, el intelectual clave de la izquierda extra-Concertación - El Mostrador

Lunes, 23 de octubre de 2017 Actualizado a las 05:10

Nuevo bloque tensiona las líneas del ideólogo de la IA

Frente Amplio: la prueba de fuego de Carlos Ruiz, el intelectual clave de la izquierda extra-Concertación

por 4 abril, 2017

Frente Amplio: la prueba de fuego de Carlos Ruiz, el intelectual clave de la izquierda extra-Concertación
La emergencia de una nueva fuerza política como el Frente Amplio pone en tensión al sinfín de tesis y análisis que, durante la última década, han especulado sobre la vía para una alternativa al duopolio de la Nueva Mayoría (Concertación) y Chile Vamos (Alianza). Es en este contexto que Carlos Ruiz, principal ideólogo de Izquierda Autónoma (IA), queda bajo la lupa de todos aquellos militantes que lo han seguido en sus lecturas y apuestas políticas, así como entre aquellos que han dejado de compartir sus líneas, quienes plantean que “a pesar de que su lectura era muy correcta para los 90, es claro que no ha comprendido los cambios vividos desde el 2006”.

Carlos Ruiz Encina carga en sus hombros la tradición mirista y viejas heridas de la izquierda exiliada que se forjó al calor de la construcción del tejido social de los 60 y 70. “Brillante en lo académico y con olfato político”, es la principal descripción que resuena entre sus seguidores y aquellos que se han alejado de su círculo de influencia. Reconocido por tener un carácter fuerte y estricto, los que lo han seguido en su historia académica y política aseguran que Ruiz, uno de los principales ideólogos de la izquierda post-90 y líder indiscutido de Izquierda Autónoma, transita entre la delgada línea que separa el ser un “formador de cuadros políticos” o un “creador de caudillos”.

Cada vez que se le ve por los patios de la Facultad de Ciencias Sociales de Universidad de Chile, en la que se desempeña como director de la Escuela de Sociología, carga con algún libro o revista, con la mirada baja, “sin interactuar mucho con la comunidad”. “No es muy dado a las habilidades blandas”, cuenta un ex colaborador del mundo académico, quien se extrañó al enterarse de su disposición a participar en las primarias presidenciales del Frente Amplio, opción que aún no se concreta. “No lo imagino haciendo puerta a puerta, campaña, hablando con la gente común y corriente”, agrega su ex colaborador.

Su carrera política y académica estuvo marcada por la formación que recibió desde niño, junto a su hermano Rodrigo Ruiz, de parte de la “educadora popular” –como prefiere que la definan– Marta Harnecker, destacada por su contribución analítica a diversos procesos populares en Latinoamérica. Conocimiento que Carlos Ruiz desarrolló en su paso por la SurDA, organización política que nació a mediados de los 90, como una apuesta de izquierda crítica a las formas que se desarrollaron posdictadura y al Partido Comunista.

Allí, desarrolló un tipo de liderazgo basado en la militancia y formación “controladora y estricta”, perfil que impuso en Izquierda Autónoma, en donde formó a distintos dirigentes estudiantiles que hoy apuestan al campo electoral desde el Frente Amplio, entre ellos, Camila Rojas, Francisco Figueroa y el diputado Gabriel Boric, quien, a mediados del 2016, tras una fuerte disputa mediática con Ruiz, dejó la organización y fundó junto a otros ex militantes el Movimiento Autonomista.

Además de ser un formador de cuadros y dirigentes políticos estudiantiles, Ruiz es respetado entre los círculos académicos, principalmente en estudios latinoamericanos. “Es un autor enmarcado en una serie de tradiciones latinoamericanas, su padre (Eduardo, militante Socialista y latinoamericanista de la UNAM) era un muy destacado sociólogo que hizo su carrera en México, por lo tanto, tenía esa trayectoria bastante marcada”, recuerda un cercano al sociólogo, proveniente del mundo académico.

A pesar de su fama en dicho ámbito, Ruiz forjó su carrera como un “outsider, más disidente, miembro de la sociología crítica, versus los grupos dominantes de la facultad, que eran de la línea más tradicional”, destaca un ex colaborador, lo que lo llevó a mantener un lazo directo con distintas organizaciones estudiantiles de izquierda y, de esta forma, influenciar los núcleos de generación ideológica de este mundo.

En su libro De nuevo la sociedad, evidencia su tesis para el periodo y es una verdadera “biblia” para aquellos que se han formado bajo el autonomismo, al igual que la serie de publicaciones y análisis que ha sacado a través de la Fundación Nodo XXI, en la que, junto con su núcleo duro –formado por sociólogos e historiadores provenientes de la Universidad de Chile– han desarrollado la teoría de que “la colonización del poder económico sobre la política” ha calado profundo sobre el modelo implantado posdictadura.

Allí detalla la centralidad que deben tener las demandas y el activismo del mundo educacional, tanto el estudiantil como el de los profesores, reconociendo esto como una “lucha viva” que debe ser prioritaria para recomponer el camino hacia los “derechos sociales”. A esta centralidad, durante el último año, se le ha sumado la demanda del movimiento No + AFP, además de aquella por la igualdad de género. Asimismo, según explican fuentes autonomistas, otra de sus históricas líneas ha apuntado a la necesidad de convencer a los sectores desilusionados y críticos de la Concertación y de la actual Nueva Mayoría. A la par de esto, también ha abordado la necesidad de construir una organización nuclear, con “cuadros robustecidos que desplieguen su trabajo en sectores estratégicos más que territoriales”, señalan desde Izquierda Autónoma.

De acuerdo al sociólogo y director de Fundación Nodo XXI, Víctor Orellana, la principal línea que ha desarrollado su sector, impulsada por Carlos Ruiz, es la de “la emergencia”. Y al respecto, agrega que “es un debate que venía de la SurDA, que surjan fuerzas que puedan derrotar el neoliberalismo, cuya expresión está en la concreción de la Concertación”. En opinión de Orellana, esto consiste en generar “nuevas fuerzas sociales y políticas que puedan derrotar este proceso. Para hacer eso, la izquierda histórica –la cultura socialista y comunista– está agotada, pensamos que había que imaginar ese espacio social, refundar el proyecto de la izquierda (...) casi repensarlo todo”. Para el sociólogo, estas no son preguntas que estén en el ADN del Frente Amplio, que también incluye a organizaciones “con lógicas más tradicionales de izquierda, gente que hace cuatro, cinco años, estaba en la Concertación”.

Centralidades que abrieron distintas tensiones al interior de las organizaciones en las que ha participado. Más de un ex compañero de militancia ha sostenido que “sus tesis han sido derribadas por los mismos hechos”, entre ellas, la supuesta negativa a expandir los focos a otras demandas “más allá de lo estudiantil” y las críticas a armar una nueva alternativa política que surgiera externamente de las fuerzas concertacionistas.

Un ex militante de Izquierda Autónoma asevera que Ruiz siempre inculcó la necesidad de establecer un “rol del intelectual” y añade que el académico “está en contra de hacer un partido ‘poroso’, abierto en los territorios y con la única centralidad política del periodo en la educación”.

Ante esto, Francisco Figueroa, vocero de Izquierda Autónoma y parte del nicho de Ruiz, asegura que “lo de una fuerza intelectualizada es relativo, no creemos que haya nada malo en destacarnos, nos organizamos por frentes sociales más que territorialmente, eso le da un carácter de intervención práctica mucho más intensa”. Finalmente, destaca que como IA “no militamos en reuniones, sino que en nuestros frentes y no hay nadie en la organización que no milite en estos frentes”.

Un poco de historia

Durante su paso por la SurDA, las tesis de su sector también tensionaron al emergente espacio político, que mantenía dos almas a nivel interno: una, dedicada al área académica y la política de cuadros, y otra, con un arraigo más territorial, focalizado en el trabajo en la Toma de Peñalolén. Uno de los principales temas era la disyuntiva entre ampliar la organización en un proceso de unificación con otras organizaciones o constituirse como SurDA al interior de un bloque. Otro punto que generó tensiones fue el de intentar encantar a “sectores descontentos de la entonces Concertación”.

“La SurDA estaba armando la candidatura de Jorge Lavandero y justo estalló el caso” que terminó con el senador DC condenado por abuso sexual de menores, recuerda un ex militante de dicha orgánica. Agrega que “más adelante, el grupo de Carlos Ruiz apoyó la candidatura de Jorge Arrate, pero solo durante los primeros meses”.

Una jugada que tenía detrás esta tesis fue la ocupación del Centro de Estudios Públicos (CEP) en el año 2003, por parte de los universitarios pertenecientes al movimiento. El objetivo era impedir la reunión que tenía el ex Presidente Ricardo Lagos con una serie de empresarios, con el fin de evitar los resabios de la Crisis Asiática. En la jugada, recuerda un ex militante de la SurDA, “además de lograr el objetivo de apuntar los dardos a la Concertación, se logró tener alguna expresión mediática y aparecer como izquierda en la palestra de algunos medios de comunicación”, recuerda. Es tras esta jugada que algunos medios, como El Mercurio y La Tercera, habrían puesto sus ojos en este incipiente espacio universitario, aseguran desde la IA.

A mediados de la década del dos mil, integraron el “Movimiento de la Democracia y la Justicia Social”, junto a otras instancias, como Fuerza Social y Nueva Izquierda, la que dio origen al MAS, en el que participó el senador Alejandro Navarro. La SurDA se mantuvo unida hasta este proceso de convergencia, pero en el 2007 se incrementaron las tensiones en torno a la discusión de si constituirse o no en una fuerza nacional. En tal contexto, la principal complicación era la pérdida de control o de identidad que habría al articularse con un sector más amplio.

En dicha época la lucha estudiantil también ya era una centralidad. “El objetivo era llegar a las presidencias de las federaciones de la Católica o la Universidad de Chile”, rememora un ex militante de la época. El periodo 2005-2006 estuvo bajo el mando de Nicolás Grau y luego Giorgio Boccardo –por entonces estudiante de sociología y miembro hasta hoy del núcleo duro de Ruiz–, que llegó a la presidencia de la FECH.

Durante el año 2007, surgió el conflicto por el recién estrenado Transantiago y, en medio de una serie de manifestaciones de los transportistas, ocurrió un ejemplo de lo que han denominado “la histórica resistencia a amplificar luchas estratégicas”, ya que hubo una “fuerte negativa a que Boccardo apareciera con otros actores, específicamente desde el sector de Carlos Ruiz, pues era hacer política superestructural, por lo tanto, perder el sentido de hacer el anclaje social más específico”, puntualiza un ex militante.

Otro ex miembro de la SurDA señala que Ruiz siempre levantó la tesis de mantener “una matriz más cerrada al interior de la organización, anclada en las luchas educacionales”, visión que se contraponía en algunos aspectos a la levantada por su propio hermano, Rodrigo Ruiz, quien defendía la postura de abrirse a un frente ampliado. En el mismo año 2007, crecieron las tensiones en torno a esta dicotomía y la SurDA terminó por disolverse. Tras el quiebre –al igual que la división de Izquierda Autónoma–, casi la totalidad de “la estructura universitaria se sale” y, posteriormente, entre 2008 y 2009, se conforma un nuevo bastión para Carlos Ruiz: Izquierda Autónoma.

Durante esos años el trabajo de Ruiz comienza a consolidarse y su núcleo duro, caracterizado por tener a intelectuales fuertes y comprometidos con su línea política y lectura estratégica del periodo, comienza a tomar cuerpo. De esta, los ahora directores de Fundación Nodo XXI, Víctor Orellana, Giorgio Boccardo y Francisco Arellano –ex trabajador del CEP, que habría tendido puentes para consolidar a dicha fundación como un interlocutor válido, por fuera de la Concertación, con el Movimiento Social–, se consolidan como el “dream team” de esta nueva izquierda intelectual liderada por el intenso trabajo de Ruiz, precisan desde la Facultad de Sociología de la Universidad de Chile (Facso).

La historia se repite: Izquierda Autónoma

Desde la irrupción de Izquierda Autónoma (IA), en el año 2008, y a partir de la fusión de distintos colectivos –como Estudiantes Autónomos de la Facultad de Derecho, el Movimiento Autonomista Libertario (MAL) de la Facultad de Ciencias Sociales, entre otros–, comienza a generar sus principales nichos en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile y la Facso.

La IA empieza a tomar una connotación nacional a partir de la vicepresidencia de la Fech durante el año 2011, cargo que ocupaba el ahora precandidato a diputado por el Frente Amplio y director de Nodo XXI, Francisco Figueroa. Luego, lo siguió en la presidencia Gabriel Boric, actual diputado por Magallanes. En el año 2013 y 2014, asumieron la presidencia de la Fech Valentina Saavedra y Camila Rojas, las actuales precandidatas a las parlamentarias de Izquierda Autónoma.

El periodo 2013-2014 es reconocido como la “época dorada” de Izquierda Autónoma, fortalecida al interior del Movimiento Estudiantil y llevando la direccionalidad política de los estudiantes, además logró conquistar un banquillo en la Cámara de Diputados, con la figura de Boric, esto a pesar de que perdieron otras candidaturas, como la de Francisco Figueroa, “quien de todas maneras logró una votación importante”, recuerda un ex militante de la IA. Esplendor que parecía no reflejarse a la interna, ya que las históricas tensiones, arrastradas desde la SurDA se mantenían. Así, el constante conflicto entre la apertura a otras fuerzas, la disputa institucional o electoralismo, el arraigo en el enjambre social y la centralidad en la disputa educacional, eran una constante al interior de la organización.

Desde ese espacio afirman que otra apuesta que “pareció jugarles en contra” fue la de lanzar a Carlos Ruiz como una carta disponible para ser candidato presidencial. “No fue una candidatura con mucha repercusión entre las bases del Frente Amplio, para nada comparable con lo de Beatriz Sánchez. Además, la aparición de Alberto Mayol también nos tensionó, ya que son el mismo perfil y es sabido que ninguno cedería ante el otro”.

Con la inclusión de distintos colectivos en el origen de la IA, también se integraron en estas fuerzas líneas nuevas, que se apartaban –en parte– de la elaborada por Carlos Ruiz y, ya en esa fecha, existía una serie de militantes que se estaban separando de la vía intelectual, recalca un ex militante. Estas líneas, mucho más cercanas a la construcción con otras fuerzas sociales, a la búsqueda de alianzas estratégicas con otros sectores precarizados, pero no igualmente movilizados, “ni estratégicos”, apostaron asimismo por la disputa institucional y la candidatura de Boric –respaldada en su momento por Ruiz–. Más adelante y tras el quiebre, es este mismo grupo el que respalda la candidatura de Jorge Sharp, lo que –según indican fuentes militantes de la época– fue tildado por Ruiz como “un grave error político”.

En el año 2012, Carlos Ruiz junto a Figueroa escribieron, en una columna publicada en El Mostrador, que “el malestar con la educación haya logrado involucrar una dimensión de derechos vigentes, incorpora como protagonista estelar a este teatro de conflictos el problema de la magnitud que alcanza la privatización de las condiciones de vida (educación, salud, pensiones, etc.) y, por tanto, el modelo subsidiario de Estado”. Agregaron que “reimaginar y construir izquierda para un nuevo ciclo de luchas populares es una tarea ineludible. Es responsabilidad impostergable de todos quienes se niegan a que las fuerzas sociales hoy activas terminen reducidas a bases de sustentación de una extensión de la vieja política”.

Es justamente la discusión en torno a las “fuerzas sociales activas” o “vivas”, la que tensionó a estas dos almas, ya que –como señala un miembro del Movimiento Autonomista– “para el sector de Ruiz la lucha con otros sectores, como el minero, poblacional, o cualquier otra demanda que no se diera en el ámbito educacional, no era una apuesta estratégica”, fórmula que desde el 2014 fue refutada por parte importante de la Confech, luego de que se abrieran distintas articulaciones con sectores estratégicos, como los de los subcontratistas del sector minero, portuarios y profesores movilizados, entre otros.

Desde principios de 2015, y ante el auge y fuerza que tomaba Izquierda Autónoma, el movimiento determinó iniciar un proceso de ampliación y “convergencia autonomista”, el que terminó con un sonado quiebre entre el sector duro de la IA, liderado principalmente por Carlos Ruiz, y aquel sector “más crítico”, que tenía como figura más reconocida al diputado Gabriel Boric. Esto, tras varios intercambios de posiciones a través de la prensa y denuncias de “caudillismos y personalismos”, apuestas electoralistas y “prácticas poco democráticas”.

Con una fuerte repercusión en medios, el quiebre se vio marcado por una serie de desencuentros y un hecho que habría marcado el fin de las relaciones entre ambos sectores. Una silenciosa visita al Mineduc de algunas reconocidas dirigencias de Izquierda Autónoma, entre ellas Ruiz, con el fin de presentarle a la ministra Adriana Delpiano una propuesta para la reforma a la Educación Superior, que había sido elaborada junto con el centro de estudios Nodo XXI, habría sido la gota que rebalsó el vaso. El mismo diputado Boric salió públicamente a decir que ni el grueso de la militancia de la IA ni él sabían de esta visita, y que no estaban de acuerdo con esa estrategia –reconocida por la línea impulsada por Ruiz– de “incidir directamente en los espacios institucionales, para darle una ganada al movimiento social”, señala un ex miembro de Izquierda Autónoma que dejó el espacio tras el quiebre.

Según un militante que proviene de los años de la SurDA, durante el proceso de convergencia se revivieron los “fantasmas del pasado”, y “se abrieron las mismas discusiones que se dieron en el escenario SurDA 2005-2007”. Se revivió la disputa entre la tesis de expandirse como “una mancha de aceite, que contrasta con la necesidad de mantener un control orgánico, de cuadros, que siempre ha impulsado Ruiz”, agrega.

Es también “esa desconfianza o negación de participar de un frente más amplio, en las condiciones que estaban establecidas, lo que subyace tras la posición del sector de Carlos que se opuso a la candidatura de Jorge Sharp en Valparaíso”, indica la misma fuente. Candidatura que no contó con el respaldo de Izquierda Autónoma, al ser una “apuesta territorialista”, puntualizan desde Movimiento Autonomista. Esto habría marcado aún más el distanciamiento, en un año donde se comenzaba a cimentar el camino al Frente Amplio.

Según Víctor Orellana, militante de Izquierda Autónoma, “lo que ocurrió en Valparaíso nos llena de esperanza, pero también nos llena de responsabilidad (...) obtener una alcaldía es un medio para producir cambios, no es un fin y la vieja política quiere convencernos de que conseguir un cargo es un fin”, punto que los miembros del FA deberían tener presente a la hora de establecer las definiciones políticas en esta época.

Frente Amplio, derrota política o cambio de tesis

La escena se repetía una y otra vez durante el año 2016. Desde el quiebre al interior de Izquierda Autónoma y el fracaso de construir un pacto electoral para las municipales, las conversaciones entre las fuerzas del denominado “Polo Emergente” –que incluye a RD, MA, IL, ND y el PH– marginaron a los autonomistas de los sigilosos encuentros que se mantenían desde 2014 para conformar el FA.

La idea de armar un Frente Amplio, liderado por Revolución Democrática y Movimiento Autonomista, comenzaba a tomar forma y el concepto ya empezaba a rondar en la prensa. En paralelo, el lote de Ruiz intentaba articularse con otras fuerzas que también buscaban armar una alianza político-electoral en vista de las municipales de 2016 y parlamentarias de 2017.

De esta forma, IA, Partido Pais, Poder y Ecologista Verde comenzaron a armar otro núcleo de construcción alternativo a la Nueva Mayoría y que, tras tensas reuniones y “más de alguna reticencia”, terminaron optando por entrar al Frente Amplio, un espacio que parece estar “en constante disputa y con tensiones propias de la diversidad de las organizaciones, pero que sin duda refuta la tesis de que bajo la actual coyuntura no es momento de construir un bloque alternativo”, sostiene un alto dirigente del FA.

En la misma línea, para distintos ex militantes de Izquierda Autónoma, la aparición del Frente Amplio es una “derrota” para la tesis que ha levantado el sector liderado por Carlos Ruiz a lo largo de los últimos años. Esto, debido a que Ruiz habría marcado una reticencia a generar una “alianza política amplia en el actual periodo”.

Francisco Figueroa, vocero de Izquierda Autónoma, asegura que la generación de un Frente Amplio, “que aún está en formación”, se hallaba en las líneas impulsadas por su sector, que “en 2014, cuando comienza la convergencia autonomista, la propuesta de discusión partía de la base de la construcción de un nuevo frente político que debe disputar el espacio institucional, las elecciones, y que había fuerzas que eran fundamentales para la alianza”.

Figueroa manifiesta que la gran diferencia, y apuesta de su sector, es que “la disputa de poder institucional no puede prescindir de construir fuerza social, que te permita correr los límites de lo posible”. Explica que “lo que hemos planteado es que justamente, para una alianza política, no alcanza solo con los convencidos de la izquierda histórica”, sino que se debe apuntar a todos los sectores y demandas, “una de ellas es la lucha por la educación, no solo el (ámbito) estudiantil. Esa es una lucha que no se puede abandonar, ya que es la principal cantera de los dirigentes políticos de las fuerzas de cambios y otros espacios sociales”.

Para Orellana “la discusión del Frente Amplio está recién empezando, no nos sentimos llegados a última hora”, dice. Para el sociólogo, las diferencias al interior del FA “no impiden compartir el domicilio político con otras fuerzas”. Según el militante del autonomismo es relevante, “más que poner la centralidad en la cosa electoral, en la acumulación de votos y de cargos, poner la centralidad en la producción de cambios, la desmercantilización de la vida, en los conflictos por la igualdad de género, el sistema de AFP y la educación”.  “Según mi vara, el éxito no está en los parlamentarios que uno saque”, sentencia.

Desde el Frente Amplio refieren que Izquierda Autónoma es una fuerza necesaria y fundamental para la construcción del proceso, pero reconocen “que está debilitada”, ya que no tiene la presencia territorial, como tampoco la influencia intelectual, de otras fuerzas, como Revolución Democrática o el Movimiento Autonomista, y que este debilitamiento proviene del quiebre de hace un año y de su apuesta estratégica con fuerzas como “Partido Poder, Igualdad y los ecologistas, fuerzas con las que no tiene unidad ideológica, sino que solo es para equiparar fuerzas con el Polo Estratégico”. También agregan que la última de sus jugadas, al presentar a Francisco Figueroa y Camila Rojas como candidatos, es la carta con “la que se juegan el todo por el todo, si no, mueren políticamente y, con ello, la apuesta política de Ruiz”.

Desde ese espacio afirman que otra apuesta que “pareció jugarles en contra” fue la de lanzar a Carlos Ruiz como una carta disponible para ser candidato presidencial. “No fue una candidatura con mucha repercusión entre las bases del Frente Amplio, para nada comparable con lo de Beatriz Sánchez. Además, la aparición de Alberto Mayol también nos tensionó, ya que son el mismo perfil y es sabido que ninguno cedería ante el otro”, explican.

Figueroa, el vocero autonomista, recalca que como IA “no estamos por partir de cero, por diluirnos, por hacer política mediática, y esa es una de las apuestas que existen dentro del Frente Amplio. Hay quienes están más enfocados en un discurso más ambiguo, ideológicamente hablando, principalmente ante la discusión en torno a si nos definimos de izquierda”, señala. Agrega que, ante esto, “las propuestas hablan por sí solas y, también, quién se hace presente en la alianza. Nos preocupa mucho más ponerle contenido a esto, anclaje y no son tiempos fáciles para hacer eso, los años electorales conspiran para que las discusiones políticas queden atrás”.

Orellana ahonda y puntualiza que el debate sobre la “electrización” del proceso de confluencia “atraviesa a todo el Frente Amplio”. Esto, producto de que en las últimas semanas se han registrado tensiones y hasta quiebres al interior de algunas fuerzas –como Izquierda Libertaria–, tanto por la proclamación de Alberto Mayol como por la proclamación de algunos candidatos al Congreso. El sociólogo de Nodo XXI hace hincapié en que “la vieja política está trabajando para que el Frente Amplio sea una nueva franquicia (...) se han abierto muchos flancos para que se nos pongan etiquetas”, sentencia.

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