Opinión
¿Por qué tus clientes también le son fieles a tu competencia?
Durante años se nos enseñó que un buen producto y un buen precio bastaban para ganarse a un cliente para siempre. Hoy esa fórmula ya no funciona. La fidelidad cambió de reglas: las personas ya no le son fieles a una sola marca, sino que reparten su cariño, y su billetera, entre varias que ofrecen exactamente lo mismo que tú. Y ahí surge la pregunta que debería quitarle el sueño a cualquier emprendedor: ¿cómo logro que mi producto o servicio sea el que la gente elija, una y otra vez, en medio de tanta oferta?
Esta pregunta no distingue tamaño de empresa. Le pega igual a una multinacional, a una startup o al emprendedor que recién está partiendo. Pero son justamente estos últimos, las pymes y quienes recién levantan un negocio, los que más chocan con este muro, porque nadie les explica cómo conocer a su cliente. El error más común, y el que escucho una y otra vez cuando converso con emprendedores, es pensar que “todos” pueden comprarles. La verdad es que todos tenemos gustos y necesidades distintas, y quien no entiende eso está, literalmente, vendiéndole a nadie.
Conocer al target no es un capricho de marketing: es la base del negocio. Y aquí hay una deuda pendiente de los organismos públicos y municipales, que rara vez logran transmitir a los emprendedores algo tan simple como esto. Se necesita hacer encuestas, generar espacios de retroalimentación, preguntarle al cliente qué piensa. Suena obvio, pero casi nadie lo hace.
La evidencia respalda esta intuición. Estudios recientes muestran que las reseñas positivas impulsan de forma significativa las ventas de los micronegocios, y otras investigaciones han encontrado una relación directa entre la satisfacción del cliente y el crecimiento del gasto que ese cliente realiza en el tiempo. En otras palabras: escuchar al cliente no es un gesto simpático, es una decisión que impacta directamente en la caja.
Muchos negocios en Chile tienen potencial de sobra, pero nadie les enseñó a mirar a su cliente como algo más que una transacción. Y eso tiene un costo país: menos ventas, menos empleo, menos acceso a financiamiento para quienes podrían crecer si supieran a quién le están hablando.
Cuando le pregunto a un emprendedor a quién le vende, la respuesta casi siempre es “a todos”. Ahí está el problema. La respuesta real está en tomarse el tiempo de entender el ciclo de vida completo del cliente: quién es, en qué etapa está, qué necesita hoy y en qué lo puedo acompañar mañana. No es una idea nueva: el economista de Harvard Business School Theodore Levitt ya lo planteaba hace décadas con el concepto del ciclo de vida del producto. La diferencia es que, en un mercado saturado de opciones, aplicarlo dejó de ser una ventaja y se convirtió en una condición fundamental y prioritaria.
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