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Qué son los bots: cómo influyen en las redes sociales y las claves para reconocerlos
El caso del consultor argentino Fernando Cerimedo reabrió en Chile el debate sobre las granjas de bots y su uso político. Estas redes pueden inflar tendencias, amplificar desinformación y crear una falsa apariencia de respaldo ciudadano. Pero, ¿pueden realmente cambiar una elección? ¿Cómo funcionan?
La imagen parece salida de una película: computadores, módems y dispositivos conectados capaces de operar simultáneamente decenas, cientos o miles de cuentas en redes sociales. Pero las llamadas granjas de bots existen y se han convertido en una herramienta para intentar alterar la conversación digital, promocionar contenidos, difundir desinformación o hacer creer que una determinada opinión tiene mucho más respaldo del que realmente posee.
El tema volvió al centro del debate político chileno después de la detención en Bolivia del consultor argentino Fernando Cerimedo. Durante allanamientos a inmuebles vinculados con él, la Fiscalía boliviana informó que había incautado lo que calificó como una “mini granja de bots”. La defensa del argentino ha cuestionado esa descripción y sostuvo que los equipos encontrados tenían otras funciones.
El antecedente adquirió especial relevancia porque Cerimedo ya había reconocido públicamente el manejo de cuentas creadas artificialmente. En una entrevista realizada en Argentina en 2023 dijo administrar cerca de 50 mil cuentas artificiales solamente en ese país, además de otras destinadas a Chile, y explicó que uno de sus objetivos era aumentar artificialmente la relevancia de determinados contenidos en las plataformas.
Pero el fenómeno es bastante más amplio que Cerimedo y obliga a responder una pregunta básica.
¿Qué son los bots en redes sociales?
Un bot —abreviación de robot— es un programa capaz de realizar automáticamente acciones que normalmente ejecutaría una persona.
En una red social puede publicar, republicar contenidos, seguir cuentas, responder mensajes o realizar otras tareas previamente programadas.
Eso significa que no todos los bots son cuentas falsas ni todos tienen una finalidad maliciosa. X, por ejemplo, pone como ejemplos legítimos las cuentas automatizadas que informan sobre desastres naturales o ayudan a encontrar servicios. La plataforma incluso contempla una etiqueta de “cuenta automatizada” para identificar aquellas que funcionan de esa manera.
El problema aparece cuando esa automatización intenta presentarse como actividad humana genuina para alterar artificialmente una conversación.
Y allí es necesario distinguir varios conceptos que suelen confundirse.
- Bot: cuenta cuyo comportamiento está total o parcialmente automatizado.
- Troll: normalmente hay una persona detrás de la cuenta. Su actividad puede consistir en provocar, hostigar, atacar o instalar determinados mensajes.
- Cuenta falsa o sockpuppet: identidad ficticia manejada por una persona que intenta hacerse pasar por otro usuario.
- Botnet o granja de bots: conjunto de cuentas automatizadas que trabajan coordinadamente.
- Cuenta híbrida o cyborg: combina automatización con intervención humana.
Por eso, encontrar muchas cuentas diciendo lo mismo tampoco permite concluir automáticamente que sean bots. Puede tratarse de militantes, activistas, empleados, trolls humanos, cuentas falsas o una combinación de todos ellos.
Meta utiliza precisamente el concepto de “comportamiento inauténtico coordinado” para describir operaciones en las que distintas cuentas actúan conjuntamente para engañar a las personas sobre quién está realmente detrás de una campaña. Esas redes pueden combinar perfiles verdaderos y falsos.
¿Qué es una granja de bots y cómo funciona?
La imagen tradicional de una granja de bots muestra decenas de teléfonos celulares conectados físicamente a un computador. Esa infraestructura existe, pero actualmente ni siquiera es indispensable.
Una operación puede funcionar desde servidores en la nube, utilizar múltiples direcciones IP, proxies y programas capaces de administrar numerosas cuentas simultáneamente. Es decir, una granja de bots no necesariamente necesita una habitación llena de teléfonos.
Su utilidad está en la escala.
Una persona puede publicar un mensaje una vez. Una red automatizada puede hacer que centenares o miles de cuentas interactúen con él casi simultáneamente.
El mecanismo puede funcionar de la siguiente manera: aparece un mensaje; una red comienza a republicarlo o mencionarlo; aumenta rápidamente su volumen de interacciones; otras personas lo encuentran en sus redes; usuarios reales comienzan a compartirlo y el contenido adquiere una difusión que inicialmente no habría tenido de manera espontánea.
El objetivo no necesariamente es convencer directamente a miles de personas. A veces basta con convencer al algoritmo de que algo está ocurriendo.
Las propias reglas de X prohíben expresamente utilizar automatización para intentar manipular los trending topics, publicar mensajes iguales mediante múltiples cuentas o producir interacciones masivas de manera artificial.
¿Cómo pueden influir los bots en lo que pensamos?
Uno de los errores frecuentes es imaginar al bot como una especie de propagandista digital que convence directamente a una persona de votar por determinado candidato.
Su funcionamiento suele ser más indirecto. Los bots pueden alterar principalmente qué vemos, con qué frecuencia lo vemos y qué tan popular creemos que es una opinión.
Una investigación publicada en Nature Communications analizó alrededor de 14 millones de publicaciones de Twitter que difundían artículos provenientes de fuentes de baja credibilidad. Los investigadores detectaron que solo cerca del 6% de las cuentas analizadas correspondían a bots, pero estas eran responsables de aproximadamente 31% de las publicaciones que enlazaban esos contenidos. Además, actuaban especialmente durante los primeros momentos de difusión, cuando una noticia todavía no se había vuelto viral.
El siguiente paso lo hacen las personas. El mismo estudio comprobó que usuarios humanos republicaban contenidos difundidos inicialmente por bots. De esa manera, una operación artificial puede terminar adquiriendo difusión orgánica.
Este mecanismo permite generar algo especialmente importante políticamente: la apariencia de consenso.
Si una persona encuentra miles de mensajes defendiendo una idea, puede interpretar que está frente a una opinión ampliamente extendida, cuando parte de esas supuestas voces podría provenir de una estructura coordinada.
La finalidad no tiene por qué ser únicamente aumentar el apoyo a un candidato. También puede consistir en instalar un asunto en la agenda, desacreditar a un adversario, inundar una discusión con mensajes, amplificar una noticia falsa o conseguir que periodistas, políticos e influenciadores reaccionen frente a un tema.
Cómo reconocer un bot en redes sociales
No existe una característica única que permita identificar con certeza una cuenta automatizada. De hecho, los investigadores advierten sobre el riesgo de falsos positivos: una persona extremadamente activa puede parecerse a un bot y los sistemas automatizados cada vez imitan mejor el comportamiento humano.
Lo correcto es buscar varias señales simultáneamente. Una actividad extremadamente intensa durante muchas horas, publicaciones a intervalos casi regulares, mensajes idénticos repetidos por distintas cuentas, uso sincronizado de los mismos hashtags o enlaces y perfiles creados recientemente que comienzan súbitamente a publicar cientos de veces pueden ser señales de automatización.
También resulta útil observar la proporción entre contenido propio y republicaciones. Muchas cuentas creadas exclusivamente para amplificar mensajes tienen poca conversación auténtica y concentran su actividad en repostear o responder contenidos de determinadas cuentas.
Otra señal importante aparece cuando numerosos perfiles publican exactamente el mismo mensaje con segundos o pocos minutos de diferencia. El comportamiento coordinado suele ser más revelador que las características de una cuenta individual.
Las imágenes de perfil genéricas, robadas o creadas mediante inteligencia artificial también pueden acompañar cuentas falsas, aunque por sí solas tampoco demuestran automatización. La propia política de autenticidad de X identifica como práctica engañosa la utilización de identidades fabricadas mediante fotografías de stock, robadas o generadas por IA.
Y hay otra precaución: el check azul ya no garantiza que exista detrás una persona cuya identidad haya sido verificada según el antiguo sistema de Twitter. X explica actualmente que esa marca significa principalmente que la cuenta mantiene una suscripción Premium y cumple determinados requisitos de elegibilidad.
En cambio, cuando X muestra explícitamente la etiqueta “automatizada”, la plataforma está indicando que el contenido de esa cuenta es generado automáticamente.
Eso sí, hay que tener en cuenta que los bots modernos son mucho más sofisticados que los antiguos perfiles que repetían exactamente la misma frase cada diez segundos.
La inteligencia artificial permite producir textos diferentes, fotografías sintéticas, horarios aparentemente humanos e incluso respuestas contextualizadas. Por eso la pregunta ya no debería ser solamente “¿esta cuenta es un bot?”.
La pregunta más útil es: ¿estas cuentas están actuando de manera coordinada? Si veinte perfiles diferentes aparecen sistemáticamente al mismo tiempo, publican los mismos enlaces, utilizan idénticos hashtags, responden a las mismas personas y desaparecen simultáneamente cuando termina una campaña, existe un patrón que merece análisis independientemente de si cada perfil individual es completamente automático o tiene una persona detrás.