Sostenibilidad
Créditos: El Mostrador.
¿Qué garantiza una etiqueta de “gallinas felices”? El debate sobre bienestar animal y certificación
El debate por el uso de expresiones como “gallinas felices” reabre la necesidad de contar con estándares y mecanismos de certificación que permitan demostrar las condiciones de bienestar animal informadas en el etiquetado de los huevos.
La falta de una definición legal para expresiones como “gallinas felices” volvió a poner en el centro del debate la necesidad de contar con mecanismos que permitan verificar las condiciones reales de bienestar animal en la producción de huevos. La discusión surgió luego de que el Servicio Nacional del Consumidor (SERNAC) advirtiera que esta denominación no cuenta con un reconocimiento normativo específico en Chile, lo que abre interrogantes sobre la forma en que este tipo de mensajes son comunicados al público.
Para Paula Toro Mujica, académica del Instituto de Ciencias Agroalimentarias, Animales y Ambientales de la Universidad de O’Higgins (UOH), el foco no debería estar únicamente en las expresiones utilizadas por las marcas, sino en la existencia de antecedentes comprobables que respalden las condiciones de producción que se declaran en las etiquetas.
“Mientras no exista una definición legal o técnica que establezca qué significa exactamente una ‘gallina feliz’, el término no puede interpretarse como una garantía de bienestar animal. Lo relevante es conocer las condiciones reales de crianza y verificar si existen certificaciones o mecanismos que respalden las afirmaciones presentes en el etiquetado”, comenta la ingeniera agrónoma.
La investigadora sostiene que, cuando las personas no tienen acceso directo al origen de los productos ni a las instalaciones donde se crían las aves, la transparencia se vuelve un elemento clave para diferenciar una estrategia de marketing de una práctica respaldada por evidencia. En ese contexto, afirma que conceptos como “gallinas felices”, “huevos de campo” o “naturales” pueden utilizarse, siempre que estén acompañados de información clara sobre las condiciones que representan.
“Si una empresa utiliza conceptos como ‘gallinas felices’, debería informar si las aves son libres de jaula, si tienen acceso al exterior, cuáles son sus condiciones de manejo o si existe una auditoría externa que valide esa información. Lo importante es que las personas puedan comprobar aquello que la etiqueta promete”, sostiene la académica.
Del mensaje comercial a la evidencia técnica
Según explica Toro, cualquier etiqueta que haga referencia al bienestar animal debería sustentarse en criterios objetivos y verificables sobre el sistema de crianza. Para ello, existen estándares internacionales que sirven como referencia y permiten evaluar de manera concreta las condiciones en que viven los animales.
Entre ellos destacan las denominadas Cinco Libertades, principios ampliamente utilizados para medir el bienestar animal dentro de los sistemas productivos.
“Las Cinco Libertades establecen que los animales deben estar libres de hambre y sed, incomodidad, dolor, lesiones y enfermedades, además de poder expresar su comportamiento natural y vivir sin miedo ni angustia. Estos principios se traducen en parámetros medibles que permiten evaluar objetivamente su bienestar dentro del sistema productivo. Así, lo que se declara en una etiqueta puede contrastarse con prácticas reales de manejo, como alimentación, infraestructura, estado sanitario y conducta animal, constituyendo la base técnica de cualquier etiquetado”, comenta la experta en Gestión Sostenible.
Consumidores más informados, estándares más exigentes
La académica plantea que el desafío va más allá de regular determinadas expresiones comerciales. A su juicio, el objetivo debe ser fortalecer los sistemas de certificación y auditoría que permitan traducir los principios de bienestar animal en indicadores concretos y verificables para los consumidores.
“Las exigencias seguirán aumentando porque las personas demandan conocer cómo se producen los alimentos que consumen. La oportunidad está en avanzar desde conceptos atractivos pero ambiguos hacia estándares verificables basados en indicadores de bienestar animal. Cuando existan mecanismos claros para demostrar esas condiciones, la confianza podrá construirse sobre evidencia y no únicamente sobre mensajes presentes en una etiqueta”, concluye la también docente de la ICA3-UOH, insistiendo en la necesidad de pasar de una mera declaración hacia lo efectivamente demostrable en materia de bienestar animal.