Opinión
Créditos: El Mostrador.
Más allá de la sequía: los impactos silenciosos del cambio climático en la agricultura
Cuando pensamos en el cambio climático y la agricultura, la atención suele centrarse en la sequía, olas de calor o eventos meteorológicos extremos. Sin embargo, existen efectos indirectos que rara vez forman parte del debate y que podrían tener importantes consecuencias para la sustentabilidad de nuestros sistemas productivos.
Diversos escenarios climáticos sugieren que las precipitaciones asociadas al actual evento de “El Niño” podrían desplazarse hacia meses más cálidos de lo habitual, aumentando las condiciones favorables para el desarrollo de enfermedades bacterianas y fungosas en cultivos frutales.
Frente a una mayor presión de enfermedades, los agricultores recurren a distintas herramientas de control. Entre ellas destacan los pesticidas a base de cobre, utilizados desde hace más de un siglo debido a su eficacia y amplio espectro de acción. Sin embargo, gran parte del cobre aplicado nunca llega a cumplir su función protectora y termina depositándose sobre el suelo o fuera del área tratada.
A diferencia de muchos pesticidas orgánicos, el cobre no se degrada. Por ello, las aplicaciones repetidas pueden provocar su acumulación progresiva en los suelos agrícolas. Una revisión global publicada en 2024 en la revista Plant, Soil and Environment observó una asociación entre precipitaciones históricas más abundantes y concentraciones elevadas de cobre en suelos de viñedos y huertos, patrón que podría reflejar una mayor presión de enfermedades y una dependencia más intensa de pesticidas cúpricos.
La acumulación de este metal afecta organismos fundamentales para la salud del suelo, incluyendo bacterias, hongos y lombrices responsables de procesos esenciales y beneficiosos para la fertilidad agrícola.
A ello se suma una preocupación emergente relacionada con la resistencia microbiana al cobre. El uso continuo de estos compuestos puede favorecer la aparición de microorganismos menos sensibles a los tratamientos. Si las enfermedades aumentan y la respuesta es incrementar las aplicaciones, podría generarse un círculo de retroalimentación donde una mayor presión fitosanitaria conduce a un mayor uso de cobre, un incremento en la acumulación en el suelo y la creciente presión de selección para organismos resistentes.
La adaptación de la agricultura al cambio climático no solo debe limitarse al manejo del agua. También debe considerar cómo las alteraciones ambientales pueden modificar la presión de enfermedades y generar consecuencias que se acumulan en el tiempo. El verdadero desafío del cambio climático no es solo enfrentar un escenario de escasez hídrica, sino reconocer que cada decisión que tomamos para adaptarnos puede generar nuevas consecuencias si no miramos el sistema agrícola en su conjunto.
Lo anterior refuerza la necesidad de fortalecer estrategias de manejo integrado, herramientas de diagnóstico oportuno y alternativas que permitan reducir la dependencia exclusiva del control químico.
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