Publicidad
La Democracia y sus Demonios: la filosofía más allá de sus prácticas de  automarginación Opinión

La Democracia y sus Demonios: la filosofía más allá de sus prácticas de automarginación

Publicidad
Asociación Chilena de Filosofía (ACHIF)
Por : Asociación Chilena de Filosofía (ACHIF) Asociación Chilena de Filosofía (ACHIF).
Ver Más


¿Puede la filosofía seguir hablándose a sí misma mientras la democracia actual enfrenta desafíos y crisis que requieren ser pensados? La respuesta no debiera salir solo de los papers ni de los pasillos universitarios. Si la filosofía quiere tener voz pública, necesita volver a las aulas, a las comunidades y al debate ciudadano con un lenguaje claro, crítico y honesto.

En Chile, la disciplina arrastra una automarginación que no es solo responsabilidad de “los otros”, sino que se debe a dinámicas internas de las lógicas y prácticas académicas. La hiperespecialización, el fetiche del paper y una burocracia que premia índices y métricas de productividad por sobre el sentido de la formación y la docencia en las aulas, han debilitado progresivamente el vínculo de este campo con la sociedad. La filosofía parece resolverse a sí misma en debates conceptuales herméticos codificados en cada una de sus corrientes y escuelas. Sin embargo, no podemos olvidar que, desde Sócrates en adelante, la filosofía ha sido concebida como una práctica intelectual que se desarrolla y se expone ella misma en el espacio público donde se abre la posibilidad transformadora de la palabra. En este sentido, la filosofía es una oportunidad para estimular una convivencia capaz de integrar las diferencias, reflexionar con argumentos y un escepticismo crítico necesario con el cual cuestionar cualquier tipo de discurso hegemónico que pretenda clausurar el pensamiento humano.

La crisis democrática, transida de desinformación, discursos de odio, populismos, desigualdades y revoluciones tecnológicas, no es tampoco un fenómeno externo a las instituciones donde la filosofía también se desarrolla. Ciertos “demonios” les son inherentes: el miedo que vuelve enemigo a lo distinto; la competencia que desarma la cooperación; las promesas, para algunos tentadoras, de los atajos autoritarios frente a la complejidad. El contrato social nace de una administración del temor, advertía Hobbes, que sigue cumpliendo un rol fundamental como dispositivo político en las sociedades actuales. Sin embargo, ninguno de estos fenómenos puede ser abordado y reflexionado sin ser comprendido en un contexto o situación histórica y cultural particular. Toda crisis global tiene también sus determinaciones particulares que no pueden excluirse de una reflexión filosófica.

Por eso importa recuperar la vocación pública de la filosofía. No para romantizar su “inutilidad”, sino para devolverle aquel lugar con sentido de influencia y transformación social: formar pensamiento crítico en la escuela, abrir espacios deliberativos en los territorios, debatir los dilemas éticos de la tecnología y la política, nutrir una ciudadanía capaz de disentir sin anular al otro. La utilidad de la filosofía se juega no solo en su trabajo académico sujeto a los estándares de calidad, sino que también cuando plantea mejores preguntas para abrir conversaciones y reflexiones capaces de resaltar acuerdos y desacuerdos, como también de analizar críticamente los supuestos o prejuicios que subyacen en todo discurso.

Este noviembre, Talca será sede del IX Congreso Nacional de Filosofía con el tema “La democracia y sus demonios”. Esta instancia, más que una tribuna para especialistas, se propone como una ocasión para nutrir a la disciplina en un espacio de diálogo y sentido de comunidad con el propósito de entregar orientación: hacia la docencia como tarea central, hacia el diálogo intergeneracional —incluyendo a estudiantes de enseñanza media—, hacia la colaboración por sobre la carrera individual. Si la filosofía quiere incidir en la vida pública ha de empezar por revisar sus propias prácticas. Salir de la automarginación no es marketing académico, es un compromiso con el bien común en tiempos de desbordante incertidumbre. Si podemos expresarlo de este modo, con énfasis, mas sin exagerar: se trata de reorientar la filosofía hacia un pensar juntos como acto de defensa democrática.

Para más detalles sobre la ACHIF y del IX Congreso Nacional de Filosofía: la democracia y sus demonios, visitar el siguiente sitio web: http://www.achif.cl/

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
Publicidad