Opinión
Créditos: El Mostrador.
Si un médico practica antes de operar, ¿por qué un profesor no habría de hacerlo antes de enseñar?
Nadie aceptaría que un médico ingresara por primera vez a un pabellón sin haber practicado antes. La sociedad comprende que profesiones de alta complejidad requieren preparación progresiva, acompañamiento y muchas horas de práctica antes de asumir la responsabilidad de trabajar con personas. Sin embargo, cuando se trata de la formación docente, esta idea no siempre ha tenido la misma fuerza.
Durante años, gran parte de la formación inicial de profesores se centró principalmente en contenidos teóricos, metodologías y conocimientos disciplinares. Todo ello es necesario, por supuesto, pero insuficiente. Porque enseñar no consiste únicamente en saber un contenido. Enseñar implica tomar decisiones en tiempo real, interpretar lo que los estudiantes piensan, generar ambientes de aprendizaje respetuosos, retroalimentar oportunamente y responder a contextos profundamente diversos; y, justamente esas capacidades no se desarrollan solamente leyendo sobre enseñanza, sino que practicándola.
Por eso hoy cobra tanta relevancia avanzar hacia currículums basados en la práctica para formación inicial docente. Aprender a enseñar requiere oportunidades sistemáticas para observar clases, ensayar destrezas pedagógicas, equivocarse, recibir retroalimentación y volver a intentar. Tal como ocurre en otras profesiones, estas instancias no pueden aparecer únicamente al final del proceso formativo, sino que deben ser parte central del aprendizaje desde etapas tempranas.
En Educación Básica esto resulta especialmente importante. Son las profesoras y profesores de los primeros años quienes acompañan procesos decisivos para la vida de niños y niñas, como aprender a leer, escribir, resolver problemas, convivir y construir confianza en sus propias capacidades. La experiencia que un estudiante tenga con sus primeros profesores puede marcar profundamente su trayectoria escolar y su relación con el aprendizaje. Por lo mismo, enseñar a enseñar exige cada vez más conexión con la realidad de las aulas. No basta con conocer estrategias, es necesario practicarlas en contextos reales o simulados, reflexionar sobre ellas y comprender que la enseñanza también se aprende desde la experiencia.
Porque si la sociedad comprende que un médico necesita practicar antes de operar, también debiera entender que un profesor necesita hacer lo mismo antes de enseñar, ya que en sus manos no solo está el aprendizaje de niños y niñas, sino también gran parte de su trayectoria escolar, confianza y oportunidades futuras.
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