CULTURA
Crédito: Julia Toro
Nicolás Poblete y su novela “Séptima región”: “Las sectas cobran fuerza en tiempos de incertidumbre”
Ambientada en el campo, mezcla antropología, rituales ancestrales, experiencias sensoriales y referencias al Chile posterior al estallido social para construir una novela perturbadora sobre la fragilidad humana y los discursos que prometen salvación en tiempos de crisis.
Nicolás Poblete se ha consolidado como una de las voces más singulares de la narrativa chilena contemporánea, construyendo una obra donde conviven la exploración psicológica, la tensión social y una escritura de gran sensibilidad sensorial. Autor de novelas y cuentos reconocidos por su pulso introspectivo y su precisión narrativa, Poblete vuelve ahora con Séptima región, una inquietante historia que se adentra en los mecanismos del poder, la vulnerabilidad y la necesidad humana de creer.
La novela sigue a Renato, un terapeuta ocupacional viudo que, devastado por la culpa tras la muerte de su esposa, acepta la invitación de Eneas, un antiguo colega que vive aislado en una zona rural del Maule. Lo que comienza como una búsqueda de contención y expiación se transforma rápidamente en una relación marcada por la manipulación, el sometimiento y el delirio. A través de esta dinámica íntima, una secta reducida a dos personas, Poblete explora cómo el lenguaje, el carisma y la promesa de trascendencia pueden colonizar la mente de alguien profundamente vulnerable.
Ambientada en un paisaje rural cargado de simbolismo, Séptima región, publicada por Editorial Cuarto Propio, mezcla antropología, rituales ancestrales, experiencias sensoriales y referencias al Chile posterior al estallido social para construir una novela perturbadora sobre la fragilidad humana y los discursos que prometen salvación en tiempos de crisis. En esta conversación, Nicolás Poblete profundiza en las inquietudes que dieron origen al libro, el fenómeno contemporáneo de las sectas y las formas en que el miedo, la culpa y la búsqueda de sentido moldean nuestras relaciones.
– ¿Cómo nace la idea de escribir Séptima región? ¿Hubo algún hecho o imagen que detonara la historia?
– La idea nace de la necesidad de hablar de una relación tóxica que no parece tal y, en la novela, se dramatiza lo que todos podemos vivir en algún momento de nuestras vidas, ya sea en una agrupación o en un vínculo con otra persona, como una pareja. Hay un telón de fondo, que es el estallido social, donde el personaje que encarna al gurú o maestro, es herido por una bomba que le estalla en la cara y eso produce un cambio en su vida. También la novela hace eco de la investigación antropológica que hizo Ruth Benedict y que plasmó en su libro “Patrones de cultura”. La imagen que detona la historia es la de un hombre de cuarenta años, infértil y viudo.
– Las sectas parecen reaparecer con fuerza en tiempos de crisis e incertidumbre. ¿Qué fue lo que más te interesó explorar de ese universo?
– Sí, en tiempos de incertidumbre las sectas cobran fuerza y, en el caso particular de una persona, en un momento de inseguridad o vulnerabilidad, puedes verte envuelto en una secta. Creo que con la crisis de las religiones oficiales, la pérdida de adeptos, los fiascos y abusos que todos conocemos y que han desprestigiado a distintas congregaciones, las sectas pueden ofrecer espacios capaces de reemplazar estas filiaciones. Lo más interesante de este universo es ver cómo una persona “normal” y generalmente “inteligente”, según ha demostrado Amanda Montell en sus publicaciones, puede caer víctima de un discurso delirante, al nivel que la misma persona pierde el norte y se transforma en una especie de zombi.
– Renato es un personaje profundamente vulnerable, marcado por la culpa y el duelo. Háblanos de él, y cómo cae en las manos de Eneas.
– Renato, cuyo nombre remite a la posibilidad de renacer, es un hombre de cuarenta años y se siente muy culpable por el accidente en el que murió su esposa. Él venía manejando y los remordimientos nunca lo abandonan. Es en ese crucial momento donde es contactado por Eneas, un antiguo colega, que lo invita a la Séptima región. El bagaje de Renato es el catolicismo, pero él mismo dice no haberse portado bien, no haber respetado u observado sus preceptos, entonces se transforma en el discípulo ideal de Eneas, quien inocula un discurso delirante, pero convincente para él, consiguiendo su sometimiento absoluto.
– Eneas seduce a través del lenguaje, las ideas y una promesa de trascendencia. ¿Qué reflexión te interesa plantear sobre el poder de ciertos discursos?
– Exactamente, los líderes de sectas utilizan el lenguaje, las inflexiones, los tonos, con suma maestría. Deslumbran y convencen, y apelan a una realidad trascendental. En el caso de la novela, esto se relaciona con nuestro lugar en la naturaleza, en cómo hemos depredado nuestro entorno, la flora y fauna. Todo lo que dice el líder tiene sentido. Todo se puede objetivar, racionalizar. Hay una línea delicada que él sabe manejar y el momento en que lo racional se torna delirante es sutil, por eso, es difícil precisar dónde se encuentra el punto de no retorno. El discurso de Eneas es poderoso, porque tiene sentido. Lo peligroso ocurre cuando los sacrificios que se exigen en pos de ese discurso socavan tu integridad física y psíquica.
– La relación entre Renato y Eneas funciona casi como una secta reducida a dos personas. ¿Por qué te interesó trabajar esa dinámica íntima y claustrofóbica?
– Sí, hay mucha claustrofobia en esta dinámica de dos personas. Destilar a su mínima expresión la energía de la secta permite ver de manera acotada lo que ocurre en relaciones de poder, donde uno debe estar en una situación de control y el otro de sometimiento. A veces uno ve esta tensión en parejas. Así, es fácil entender que, si puedes caer víctima de un marido golpeador, por ejemplo, también puedes ser presa fácil de un gurú en un centro de yoga. El terror de la claustrofobia lo tuve muy presente y me acordaba de ese relato de William Mudford, “La mortaja de acero”, donde un hombre en un calabozo es víctima de una tortura feroz: las paredes comienzan a cerrarse poco a poco por algún mecanismo que él no comprende.
– La novela transcurre en un paisaje rural ligado al Maule. ¿Qué papel cumple ese entorno en la historia?
– El papel de la locación es muy importante, porque es una zona donde la flora y fauna reinan. Aquí se nombran muchas especies endémicas y la naturaleza es vista como un edén que hemos destruido. Esto se refleja en el personaja de “la puma”, un animal ciego y medianamente domesticado. El discurso de Eneas es convincente, porque es una realidad que estamos depredando la naturaleza y, por eso, es tan fácil encontrarle la razón. Además, él está a cargo de un cultivo de palmeras, o sea, está haciendo algo concreto por una especie.
– En Séptima región hay una fuerte dimensión sensorial y alucinatoria. ¿cómo la trabajaste?
– Revisando libros de antropología, como el de Ruth Benedict, también investigaciones de Margaret Mead y la novela de Lily King, “Euforia”, concentré prácticas rituales de pueblos originarios. En casi todas hay uso de drogas o alucinógenos para llevar a cabo ritos de pasaje, que es lo que ocurre en la novela. Los ayunos, el consumo de plantas y hasta la picadura de una araña, más las pruebas por las que tiene que pasar Renato y que hieren su piel con fuego, lo dejan en un estado de híper sensibilidad y alucinación. Era muy importante dar cuenta de esta dimensión sensorial, porque la séptima región es también esa zona del cerebro que procesa información somatosensorial.
– Chile ha vivido años de crisis, polarización y búsqueda de nuevos relatos colectivos. ¿Ese contexto social influyó de alguna manera en la escritura de la novela?
– Totalmente, porque, aunque periférico, el estallido social es un detonante en la novela. Para el estallido Eneas, el gurú, ha ido a saquear una farmacia. Necesita esos fármacos para su hijo que tiene epilepsia y estos remedios son carísimos. Ahí se comenta que su sueldo no alcanza para el tratamiento y que su búsqueda de justicia no tiene ninguna bandera, porque durante el estallido se vio eso: infinidad de banderas que reclamaban demandas específicas. Ahí se comenta que su llamado de auxilio es único, no hay bandera para un padre que lucha por conseguir remedios para la epilepsia de su hijo.
– Después de escribir esta historia, ¿qué crees que revela Séptima región sobre la necesidad humana de creer, pertenecer o entregarse a algo más grande que uno mismo?
– Esta es una necesidad vital que cuenta con un espacio en nuestro cerebro, por eso en todas las culturas hay una organización espiritual, un mito de cómo se creó el mundo, etcétera. Las religiones han hecho un trabajo de apropiación para formatear estos requerimientos a través de políticas e instituciones más establecidas, pero como no siempre llenan estos espacios o satisfacen las necesidades particulares de las personas, surgen otras búsquedas. Es importante formar parte de algún anclaje espiritual, aunque sea una directriz muy única, excéntrica, exclusiva, y así es como puedes verte envuelto en una jerarquía que finalmente coloniza tu cerebro.
– Muchas sectas funcionan a partir del miedo, la polarización y la figura de un líder carismático. ¿Ves paralelos entre esas dinámicas y fenómenos políticos contemporáneos?
– Absolutamente. Es lo que vemos en el libro de Steven Hassan, “La secta de Trump”. Ahí tenemos un ejemplo donde se muestra cómo Trump utiliza el control mental y cómo sus adeptos siguen ciega y lealmente sus comandos. El miedo, especialmente en gente vulnerable, es un gatillo efectivo y, en el caso de Trump, su discurso deslenguado que ha pulverizado el pacto de lo políticamente correcto, ha sido exitoso. En él mucha gente que ha renunciado a la educación, por falta de acceso, o que ha sido sistemáticamente desinformada y embrutecida, obtiene a su líder, al cual le adjudican transparencia y hasta sabiduría. Denominan “fake news” a las noticias que sienten como amenazas y así anulan todo pensamiento crítico con conocidos eslóganes como “Make America Great Again” o “Build the Wall”.