Opinión
El mejor recuerdo del Mundial no siempre está dentro de la cancha
¿Te acuerdas dónde viste la final del Mundial 2022? ¿O el 7 a 1 de Alemania a Brasil? Tal vez no recuerdes todos los goles ni las formaciones, pero seguramente sí recuerdas con quién estabas.
Porque, al final, lo que hace especial a un Mundial no es solamente lo que pasa en la cancha. Son los abrazos, las cábalas, las charlas antes del partido, los nervios compartidos y esos momentos que terminan quedando para siempre en la memoria.
La Copa Mundial de la FIFA 2026 será una experiencia única para millones de niños y niñas. Para muchos será el primer Mundial que vivirán. Y aunque hoy no lo sepan, dentro de veinte o treinta años probablemente no recuerden todos los resultados, pero sí recordarán quién les explicó una regla, quién festejó con ellos un gol o quién los consoló después de una derrota.
Cada cuatro años pasa algo maravilloso: las familias encuentran una excusa para reunirse. El fútbol logra pausar por un rato las pantallas individuales, las corridas diarias y las agendas apretadas para generar algo cada vez más valioso: tiempo compartido.
Niños y niñas aprenden mucho más de lo que observan que de lo que les decimos. Aprenden cuando ven cómo celebramos sin burlarnos del rival. Cuando aceptamos una derrota. Cuando respetamos opiniones diferentes. Cuando entendemos que equivocarse es parte del juego y que volver a intentarlo también.
En Escuela Plus, el cluster de entretenimiento y educación de la Fundación Norma y Leo Werthein, entendemos que el Mundial puede ser una enorme oportunidad educativa y, sobre todo, un momento para construir experiencias que dejen huella.
Los recuerdos de la infancia no suelen estar hechos de grandes discursos. Están hechos de momentos. De una tarde compartida en el sillón. De una camiseta prestada. De un abrazo después de un gol. De una familia que se reúne para vivir algo juntos.
Por eso impulsamos iniciativas que buscan aprovechar acontecimientos de alcance global para promover experiencias que unan entretenimiento, aprendizaje y valores. Propuestas como los contenidos educativos de Plim Plim invitan justamente a eso: a transformar cada partido en una oportunidad para compartir, conversar y fortalecer vínculos.
Porque los campeones cambian, las estadísticas se olvidan y los resultados quedan en los archivos. Lo que permanece son los recuerdos. Y quizás, dentro de muchos años, cuando les pregunten por el Mundial 2026, no hablen primero de una final o de un gol inolvidable. Tal vez hablen de algo mucho más importante: de las personas con las que tuvieron la suerte de compartirlo.
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