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Twitter o la predicción del canto del cisne

Twitter o la predicción del canto del cisne

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Sí, Twitter va en declive, lo mismo que Facebook, pero ello no es el resultado de una bola de cristal o el mensaje críptico de un oráculo que no tenga posibilidad de ser revertido. Eso lo sabe la compañía y los que trabajan investigando el ADN de las redes y sus poblaciones digitales.


El Mostrador Fuente Preferida

‘Twitter ha firmado su propia condena a muerte’ o ‘Twitter, su mediocridad y su pronto final’ han sido algunos de los titulares que la prensa digital más ha reiterado, en el último año, para instalar el discurso de la estrepitosa caída de dicha red.

Una verdadera lápida −esculpida a la medida de los escandalillos que se publicitan en torno al abuso de información privilegiada o malas negociaciones de sus directivos− que se pone de manera anticipada a la empresa, arrebatándole de cuajo los oropeles de la, hasta hace poco, llamada ‘revolución de los 140 caracteres’ y cuna de una nueva generación: los millennials.

Bipolar o no, esa brusca fluctuación del discurso editorial y de algunos expertos, ha terminado por opacar cada uno de los anuncios sobre aplicaciones y herramientas que se sumarían a las funciones principales de la plataforma, y que, bajo esa lógica de la rutinización del carisma, no serían otra cosa que las señales más prístinas de su ocaso.

Las razones de la crisis y los riesgos del vaticinio popular

Desde su puesta en marcha el año 2006, y durante ocho años, Twitter había crecido de manera sostenida en la incorporación de usuarios, especialmente en EE.UU y países asiáticos, pero esa suerte cambió.

Desde el 2014, una vez ya aplicados nuevos modelos de negocios por los inversionistas que llegaron a controlar la propiedad de la compañía, sus resultados han ido a la baja. Las acciones padecen un vaivén propio de la inestabilidad de su directorio, al tiempo que se conocen cifras negativas, como el hecho de que de los más de 300 millones de cuentas abiertas únicamente un tercio se usa efectivamente. Tales datos no solo influyen de forma negativa en las finanzas sino en la percepción e imagen de la misma red en el ecosistema digital imperante.

En este sentido, la rumorología sobre la decadencia de Twitter nos devela el mal del reduccionismo con que se explica una verdad propia de las comunidades. Una muestra patente de este tipo de vaticinios está en el gran eco alcanzado por una columna, publicada por The New Yorker, hace poco más de una semana y firmada por el periodista Joshua Topolsky bajo el título ‘El fin de Twitter’. Un balde de agua fría, uno entre tantos, por cierto, que se han lanzado ad portas de la entrega del informe financiero de la compañía y su comportamiento en la Bolsa de Nueva York. El, experto en tecnologías de la comunicación firma la sentencia de muerte de la plataforma basándose en consideraciones sobre el acoso a celebrities, la aburrida presentación de contenidos, la imposibilidad de seguir las conversaciones y los cambios mediocres que le restarían la exclusividad de la concisión elitista de los 140 caracteres.

En suma, sería el aburrimiento en un tiempo no determinado ni posible de medir el que apagaría a la fulgurante estrella.
Y es este tenor de opiniones la que se repite de manera profusa y se erige en el mayor error en todos los augurios.

Mucho presentimiento, mucha advinanza y escasa ciencia.

El ADN digital y los modelos predictivos de crecimiento: un aporte desde Chile

Sí, Twitter va en declive, lo mismo que Facebook, pero ello no es el resultado de una bola de cristal o el mensaje críptico de un oráculo que no tenga posibilidad de ser revertido. Eso lo sabe la compañía y los que trabajan investigando el ADN de las redes y sus poblaciones digitales.

Twitter, junto con otras plataformas, son comunidades que poseen una serie de características propias de la población que se denomina ADN digital, que puede ser cuantificado y proyectado. No es, por tanto, un ejercicio fortuito ni una predicción aleatoria y sin cientificidad el determinar cuándo alcanzará su peak de usuarios activos y cuándo comenzará a decaer; o definir el mayor o menor ingreso de nuevos miembros y los usos que le darán a sus cuentas y aplicaciones. Al contrario. Si la economía mundial ha derivado hacia el estudio de la nueva economía digital no es solo porque las poblaciones hayan aumentado su interconectividad y compren con tarjetas de crédito ‘a distancia’, sino porque se mueven igual que un país con sus mercados y áreas económicas.

Precisamente, en Chile, ese tipo de estudios es un aporte a la innovación de las redes globales y es realizado por profesionales en I+D. Uno de dichos expertos es Yuri Cancino, directivo de la compañía local Blue Aspects, entidad que ha desarrollado un modelo predictivo de crecimiento de poblaciones digitales y que ha analizado el comportamiento de varias redes sociales.

En este sentido, Cancino explica que la solución a la crisis de Twitter es aplicable a todas las plataformas que poseen usuarios activos y configuran un ADN que puede ser estudiado: desde la website de un banco hasta la de una ONG internacional o empresa de servicios de alto tráfico on line. Insiste en que el problema se resume en un concepto: el estancamiento normal de una población que ya no tiene más espacio físico. Eso es innegable. Por tanto, “si Twitter no cambia, no interviene sobre el ADN digital ese estancamiento va a continuar y eso tendrá efectos a largo plazo. El paso desde los 140 caracteres a los 10.000 va a incidir sobre la esencia del servicio, va a modificar líneas conductuales, se van a ir muchos y otros llegarán. Podría revertirse o, al menos, restrasar el peak de la crisis, permitiendo la reinvención de la plataforma y posibilitando la adaptación de sus usuarios”.

Agrega además que esta crisis permite un cambio de enfoque en las inversiones en internet, pues exige que se asuman los riesgos de decrecimiento y la valoración del ADN como un activo contable y no solo como una cuestión aleatoria. Los modelos predictivos permiten detectar los problemas del ADN y deben ser incorporados a la hora de diseñar los planes de negocios al momento de crear las plataformas y no cuando ya estén en funcionamiento y las pérdidas amenacen con la insolvencia de la empresa.

La realidad in situ

Chile, por ejemplo ocupa el 7º lugar de países con mayores usuarios activos de Twitter y día a día proliferan los medios de comunicación de internet así como plataformas comerciales y educativas que se valen de la red para replicar contenidos y publicidad asociada. Actualmente, se contabilizan cerca de 4,8 millones de cuentas, ubicándose por sobre Rusia, Finlandia, Noruega y Canadá que han desarrollado una industria de la telefonía móvil muy exitosa.

A este respecto, Cyntia Páez Otey, especialista en redes sociales y administradora de medios sociales del diario El Mostrador, ha analizado el fenómeno del supuesto declive de la red: “Una parte del problema es la cuestión económica en juego, sus acciones transadas en Bolsa o la plata que genera; pero otra muy distinta es el efecto sobre la comunidad y los usuarios de redes sociales. Twitter no está muriendo, porque no existe una red que entregue lo que ella posibilita: comunicación inmediata. No tiene competidor, solo hay redes complementarias. Quizá para la sobreabundancia de prensa y contenidos de escaso valor periodístico, Twitter sea el mejor medio de comunicación. Es la calidad del mensaje, lo exacto, lo preciso, lo que la diferencia de Facebook y otros”.

Por el contrario, hay quienes opinan que, desde Latinoamérica, el descenso de la red es mucho más marcado: “Twitter hace ya tiempo que está en problemas y se debe a su incapacidad para generar tráfico y leads. Quizá si ampliare los 140 caracteres a una cifra menor a los 1000 y simplificare sus algoritmos podría volver a funcionar”, afirma Alex Ceball, artista visual asentado en Barcelona y cazador de tendencias en medios digitales. Añade asimismo que no cree que sea un buen medio de comunicación social, porque “son telegramas que se envían por internet y en nuestros días todo es gráfico, todo es imagen. Si no ves una imagen, no prestas atención”. Respecto a las nuevas aplicaciones y la propuesta del nuevo límite de 10000 caracteres, “eso es un discurso de otra índole que sería mejor leer en el diario o escuchar en la radio”.

Faltan solo unos pocos días para la entrega y publicación de los resultados financieros de Twitter, pero no solo en Nueva York estarán quienes entiendan cuál es la verdadera suerte que tendrá la revolución que significó para algunos su desarrollo global. Al menos, desde Chile sabremos que la referida hecatombe sufrida por los 140 caracteres aún es reversible y cuantificable. Las redes de internet algún día serán valoradas como tejido social, pero no serán los rockstar de las revistas de moda, sino matemáticos y científicos que hablarán no de la automatización, sino de la humanización de internet.

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