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Chantal Delsol y el odio del mundo Opinión

Chantal Delsol y el odio del mundo

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Eugenio Rivera Urrutia
Por : Eugenio Rivera Urrutia Director ejecutivo de la Fundación La Casa Común.
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Es desconcertante que ella eche en el mismo saco a quienes hoy dominan el mundo, controlan el 22% del capital accionario mundial y ejercen una influencia en el país más poderoso del mundo, con un puñado de personas, cuya visión es caricaturizada, desfigurada o al menos exagerada.


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En el año 2016, la filósofa francesa Chantal Delsol publicó el libro La Haine du Monde. Totalitarisme et postmodernité (El odio del mundo: totalitarismo y posmodernidad).

La tesis fundamental del libro es que lo que los totalitarismos del siglo XX, “comunistas y nazistas” al intentar crear un hombre nuevo borraron la realidad natural e histórica mediante la violencia. Esto hoy sería retomado por el nuevo “totalitarismo sin terror” que no ha abandonado el sueño de transformar la humanidad sin violencia física, sino mediante normas culturales y sociales. De esta manera atacaría los fundamentos naturales, como la distinción entre los sexos, y buscaría abolir todos los límites impuestos por la condición humana.

No deja de llamar la atención que el Instituto de Estudios de la Sociedad (IES), haya publicado ahora la versión en español del libro y tanto en La Tercera como en El Mercurio realicen largas entrevistas a la autora, ahora en que gobiernos de ultraderecha persiguen cruelmente a los inmigrantes, no esconden su racismo y definen lo “normal” y lo “anormal” (que solo cabe perseguir); cuál es el “matrimonio normal” y sostienen que “la izquierda observa una familia perfecta con una vida perfecta, un trabajo e hijos perfectos que van a la iglesia todos los domingos y se llena de un sentimiento de insuficiencia y celos, codician y transforma esas emociones en un deseo de subyugar, oprimir e infligir daño”.

Y agregan que no es de extrañarse que de los que participan en protestas ninguno se ve como una persona normal: son deformes en alguna manera, en sus vestimentas, en sus modales y ello no es otra cosa que la manifestación de su odio interior. También definen cuál es la verdadera religión, cuál es la forma “normal” de vestirse y condenan como anormales a las otras familias, a las otras creencias religiosas, a las otras formas de vestirse.

Si bien no se puede achacar a Delsol el uso exacto de este vocabulario, existen grandes coincidencias en su perspectiva respecto de las “amenazas” que penden sobre el mundo. En la entrevista con El Mercurio ella señala que tanto el comunismo como el liberalismo “persiguen un proyecto análogo: destruir la creencia, destruir la familia clásica”.

En el libro que comentamos, Delsol propone un nuevo clivaje: con el término  del “jardinero” denomina los que quieren este mundo y lo quieren defender y proteger; por el contrario, los “demiurgos” constituyen una especie salvaje de prometeísmo fanático, heredero de los ideales desenfrenados de la Ilustración. Más específicamente, “los demiurgos son ciudadanos peligrosos, porque solo admiran lo que son capaces de producir por sí mismos; porque, en el fondo, solo se adoran a sí mismos, considerando que nada es más divino que ellos mismos y porque, en consecuencia, no creen en nada más que en sí mismos, criaturas hinchadas de vacío, y en sus siniestros objetivos, como Harthouse, el héroe de Tiempos difíciles de Dickens, de quien Dickens dijo: ‘No cree en nada, como Lucifer’. Obviamente contra Lucifer no cabe sino la guerra: no es una expresión casual o un lapsus de la autora, quien repite constantemente que su maestro, su director de tesis doctoral y mentor fue Julien Freund, quien en uno de sus libros más conocidos, La esencia de la política, señalaba que “no hay política sin enemigos”.

Delsol insiste en que cuidar la “realidad” imperfecta implica reconciliarse con lo real y actuar desde el mundo concreto. A esa conexión con lo real renunciarían, según ella, los demiurgos de Silicon Valley “que proponen que la humanidad emigre a otro planeta, o los activistas socioculturales, igualmente insensatos, que recorren las aulas de la educación preescolar para explicar a los niños que la asignación del sexo es fruto del azar”.

Es desconcertante que ella eche en el mismo saco a quienes hoy dominan el mundo, controlan el 22% del capital accionario mundial y ejercen una influencia en el país más poderoso del mundo, con un puñado de personas, cuya visión es caricaturizada, desfigurada o al menos exagerada.

Resulta también inconsecuente que Delsol diga distanciarse de las derechas extremas, mientras promueve la unión de las derechas en Francia.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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