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Valor Empresario: el origen alemán y el factor sureño detrás del éxito de Cecinas Llanquihue

por 11 octubre, 2016

Valor Empresario: el origen alemán y el factor sureño detrás del éxito de Cecinas Llanquihue
"La marca es clave, pero también lo que tú asocias con ella, que es del sur, que el producto es bueno, que es de calidad, y sin lugar a dudas el sello ‘hecho en Germany’ es potente, porque está asociado a la confianza”, asegura Francisco Mödinger, gerente de Planificación y Desarrollo de la empresa .
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Francisco Mödinger Hoebel relata que con sus hermanos le preguntaron  una vez a su abuela, Teresa Leichtle, por qué nada la emocionaba, y ella sin inmutarse les contestó: “Porque yo en mi vida lloré tanto, que se me acabaron las lágrimas”. Seguramente tenía razón, porque en 1935 enviudó con 10 hijos a cuestas, debiendo dos de ellos, Ewaldo de 15 y María Juana  de 17 años, hacerse cargo de la carnicería que en 1914 había montado su esposo, Lorenzo Mödinger, en la localidad de Llanquihue. Siete años después, un devastador incendio redujo a cenizas el negocio que ya se había hecho un nombre con la elaboración de cecinas, y que volvió a vivir una desgracia cuando el terremoto de 1960 echó abajo la fábrica que con esfuerzo habían logrado sacar adelante.

“Hay que saber pararse”, es la conclusión que saca de todo esto Francisco, quien se desempeña actualmente como gerente de Planificación y Desarrollo de Cecinas Llanquihue, cuya historia de esfuerzo y emprendimiento fue seleccionada este año por el programa Valor Empresario, una mirada diferente de Bci.

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Él forma parte de la tercera generación de una familia de origen alemán que durante décadas se ha dedicado a la elaboración de cecinas y embutidos con un sello artesanal, donde la prioridad ha sido siempre la calidad por sobre el volumen y donde uno de sus tantos productos “estrella” es la salchicha vienesa, que asegura es “insuperable”.

"Llegamos a Santiago con un camión refrigerado conseguido en un remate y por una señora que le habían gustado los productos. ¿Eso es estrategia? No, es suerte, el destino o como quiera llamarse. Así como hubo muchas dificultades, una muerte, el incendio, el terremoto, de repente la vida compensa".

“Existe una salchicha que cuesta mil pesos, y una salchicha vienesa tradicional que es la nuestra por siete mil pesos el kilo. ¿Cuál es la diferencia? Que las materias primas son muy diferentes y no comparables. Una es pura carne, por eso se llama salchicha vienesa tradicional, y la otra utiliza insumos que la tecnología permite, con más saborizantes y más colorantes, pero que sin embargo no produce la misma sensación de comer un producto que es 100 por ciento carne y que es más sano”.

Está convencido que ese es el sello que les ha permitido mantenerse por tantas décadas. Los suyos, explica, son consumidores que agradecen la tradición y que los sabores se mantengan en el tiempo. Eso conlleva a que la innovación en este rubro tenga más que ver con los procesos y no con  las características del producto final.

“El rubro nuestro es muy especial, muy sui géneris, marcado mucho por un estilo chileno, donde el cliente no busca al que es innovador, sino al que respeta sus gustos, sus sabores, sus colores, sus dimensiones, lo que va un poco en contra de querer innovar. La gente quiere ese  sabor que probó en la niñez y que quiere seguir manteniendo. Es un mercado de nicho que siempre nos esforzamos por mantener, cosa que no es fácil”.

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Afirma que la clave de ese sabor y preferencia tiene que ver con el origen de su producción y la combinación de dos factores que en Chile son determinantes: que la fábrica esté en el sur y que la producción sea “hecha por alemanes”.

“Imagínate un animal que come pasto fresco caminando por una pradera y que no está hacinado. Ese animal tiene una carne excelente. Es así de simple, no hay mucha ciencia:  me cae agua limpia, el pasto que crece es sano, el animal come sano, tiene carne sana y si lo haces bien de ahí para adelante y lo transformas en una buena cecina, el producto no tiene por qué salir malo. La marca es clave, pero también lo que tú asocias con ella, que es del sur, que el producto es bueno, que es de calidad, y sin lugar a dudas el sello ‘hecho en Germany’, hecho por alemanes, es potente, porque está asociado a la confianza”.

Curiosamente, en lo que sí debieron ceder fue en el color anaranjado que se ven obligados a poner a las salchichas y longanizas, que es el que la gente prefiere. “Le pasa a todos porque es una característica típica de los  chilenos. No me preguntes por qué nos gustan las salchichas naranjas y las longanizas naranjas. La carne de cerdo no es naranja, es rosada y yo tengo que hacerlo porque a la gente le gusta. Cada vez que he tratado de sacarle el color naranja, el mercado me pega”.

Frei Montalva y Horst Paulmann

Si bien llevaba ya mucho tiempo, el verdadero despegue de Cecinas Llanquihue se produjo, recuerda Francisco, cuando sus hermanos mayores se hicieron cargo de la empresa. Esto ocurrió después que su padre, Ewaldo Möedinger, dejó por un tiempo el negocio para dedicarse por completo, en 1968, a las tareas de alcalde de la recién creada comuna de Llanquihue. En el cargo lo nombró el entonces presidente de la República Eduardo Frei Montalva, quien pocos años antes, cuando realizaba su campaña, lo conoció por una situación fortuita.

“Eduardo Frei Montalva llegó por equivocación a nuestra casa. En realidad debió tocar la puerta de la casa del lado, donde vivía un tío que se manejaba en política y era regidor. A mi mamá le impresionó su humildad, porque lo único que pidió fue un asiento, un pedazo de pan sin nada y un vaso de agua. Conversaron un rato y se fue. Y después mi papá salió nombrado alcalde por Frei. Eso sorprendió a medio mundo,  porque mi padre era el trabajador, el empresario y el tío era el político”.

"Hoy día innovar y emprender no es tan fácil, y lamentablemente la sociedad te condena, y tú mismo te condenas a que tienes que demostrar en el corto plazo que lo puedes hacer. ¿Quién se da hoy día 100 años de plazo? Nadie. Si el producto lo lanzaste y a los dos años no estás vendiendo, te dicen chao".

Francisco asegura que este hecho marcó un punto de inflexión, porque el negocio lo tomó una nueva generación. “El año 68 ya había tres jóvenes, un primo y dos hermanos míos. Habían estudiado, habían salido del colegio y por supuesto a esa edad, 20 ó 21 años, querían demostrarle a todo el mundo que eran capaces y que se la podían”.

Y en los ’80 se produjeron otras dos situaciones que resultaron determinantes: la adquisición de un camión en un remate y el hecho que la primera esposa del actual dueño del holding Cencosud, Horst Paulmann, quedara encantada con el sabor de las cecinas.

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“En Puerto Montt el padre de Aníbal Mosa se adjudicó un camión en un remate, pero lo sorprendió la forma de pago convenida, así que le dieron dos horas para que fuera a buscar la plata. Como no llegó, se  le adjudicó al segundo postor, que era Cecinas Llanquihue. Cuesta hoy día imaginarse eso. Era un camión a todo trapo, un Mercedes Benz refrigerado,  una cosa impagable que se consiguió a muy buen precio. Y justo se dio que la señora de Horst Paulmann había probado estas cecinas y le gustaban mucho. Y dijo, para el primer Jumbo Bilbao en Santiago, ‘Horst, tienes que traer estas cecinas del sur’”.

“Así llegamos a Santiago, con un camión refrigerado conseguido en un remate y por una señora que le habían gustado los productos. ¿Eso es estrategia? No, es suerte, el destino o como quiera llamarse. Así como hubo muchas dificultades, una muerte, el  incendio, el terremoto, de repente la vida compensa”.

 Emprender hoy

La empresa cuenta actualmente con más de 800 trabajadores a lo largo del país, gran parte de los cuales, alrededor de 500, se desempeñan en la fábrica que desde siempre ha estado en Llanquihue.

La mitad de sus clientes son supermercados y la otra está conformada por “el negocio tradicional más chiquitito. Ese es el más fiel de todos, el que produce una buena caja, que no dilata los pagos y no pone condiciones de metros cuadrados,  cúbicos ni nada. Es muy agradable trabajar con él y es tremendamente fiel”.

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Francisco Mödinger reconoce  que los tiempos no han sido fáciles y que sólo mantenerse demanda una tarea titánica. Y es que están siempre sujetos a los vaivenes de un mercado que ha sido implacable.”En  los  últimos seis meses hemos tenido un incremento de 30% en la materia prima. Amortiguar eso es complicado”, afirma.

Por eso cree que hoy día un emprendimiento desde cero en este rubro sería muy difícil de llevar, si no imposible. “Hoy día innovar y emprender no es tan fácil, y lamentablemente la sociedad te condena, y tú mismo te condenas a que tienes que demostrar en el corto plazo que lo puedes hacer. ¿Quién se da hoy día 100 años de plazo? Nadie. Si el producto lo lanzaste y a los dos años no estás vendiendo, te dicen chao. Y es así, y está dentro de la dinámica de desarrollo, de innovación de producto. Ese es el timing que tú tienes hoy en día”.

Modelo alemán

También tiene una mirada crítica hacia la educación, por la escasez en el país de especialistas que se hagan cargo de manejar las nuevas tecnologías. “Hoy día todo apunta a tener más académicos de excelencia que técnicos calificados”.

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Por ello la empresa alcanzó un acuerdo con el liceo politécnico Holanda de Llanquihue para replicar el sistema de “educación dual” que se utiliza en Alemania para formar trabajadores en distintos oficios y que impulsó uno de sus hermanos que viajó al país europeo para capacitarse como carnicero.

“Los chicos de tercero y cuarto medio van a clases en la mañana y en la tarde vienen con nosotros. Lo bueno de este sistema es que reciben un sueldo, entonces estudian, trabajan y ganan su plata, igual que en Alemania. Salen del colegio con cuarto medio y con un cartón de técnico en alimentos y ellos deciden si se van a la industria láctea, si se van a la industria del salmón, o a la industria de las cecinas”.

Cecinas “Mördinger”

Francisco asegura que sus productos están tan enraizados en el sur del país, que la gente los busca no por su marca, sino que por el nombre acuñado por la tradición familiar. “De Concepción al norte se llaman Llanquihue, pero de Concepción al sur se llaman Mödinger. Esa marca no existe como tal, pero las personas en el sur, en Coyhaique, en Castro,  compran cecinas Mödinger”.

Cree que detrás de todo esto existe un reconocimiento a “un compromiso real una voluntad de no estar enfocados solamente en los números. La gente se da cuenta que Cecinas Llanquihue, sin hacer publicidad en los diarios y sin salir a buscar premios, hace bien las cosas. Después del incendio, el pueblo apoyó a mi familia permitiéndole seguir trabajando, y  tras el terremoto todo el mundo nos acogió. Mi papá como alcalde le devolvió el favor al pueblo, y siempre se ha dado esto de retribuir lo recibido, que por supuesto se transmite de padres a hijos. Y pienso que llega un momento en que tú empiezas a cosechar lo que sembraste”.

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