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Mujeres y emprendimiento: la necesidad de revertir el escenario

por 17 enero, 2017

Mujeres y emprendimiento: la necesidad de revertir el escenario
Ese es nuestro próximo desafío: ver más jóvenes compitiendo por una igualdad de género en el desarrollo de nuevas ideas. Compitiendo a la par y no pidiendo la palabra durante más de 10 minutos en las reuniones, hasta que por fin te comienzan a escuchar y, por muy “mina e histérica” que les parezcas por exigir ser oída. Esto, especialmente en los ámbitos que hasta hoy son dominados por hombres.
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Tengo un emprendimiento y soy mujer. La lucha que ello conlleva es constante y, a diario, parece casi insostenible. La tarea es revertir una tradición que por muy absurda que parezca sigue siendo dominante y la cual dicta que “la mujer es quien cría a los hijos y el hombre el que trae el sustento a casa”.

Sin embargo y pese a ello, hoy el emprendimiento femenino ha crecido, pero es un emprendimiento postergado. La norma es post 40, es decir, una vez terminadas las labores domésticas y ya crecidos los hijos. Ese es nuestro próximo desafío: ver más jóvenes compitiendo por una igualdad de género en el desarrollo de nuevas ideas. Compitiendo a la par y no pidiendo la palabra durante más de 10 minutos en las reuniones, hasta que por fin te comienzan a escuchar y, por muy “mina e histérica” que les parezcas por exigir ser oída. Esto, especialmente en los ámbitos que hasta hoy son dominados por hombres.

La tarea no es simple. No es sólo trabajar, es emprender; es generar esfuerzos propios para crear réditos económicos. Esto significa crear nuestro propio camino y entender que dicho emprendimiento es en algunos casos nuestro primer hijo, es decir aquel al que debemos cuidar a diario y en el cual debemos invertir todo nuestro tiempo y energía para verlo crecer. Pero en otros casos es el segundo o el tercer o el cuarto hijo, ya que ser emprendedora y ser mujer en Chile significa tener que disociarse y, por un lado, atender las infinitas necesidades de tu emprendimiento y, por el otro, es llegar a casa en las tardes y volver a hacer lo mismo con los hijos en el hogar. Esto es así porque hoy en día, simplemente, las tareas domésticas no se comparten o se comparten poco y porque nuestros pares, tanto parejas como colegas, hombres y mujeres, nos limitamos también.

necesitamos tener representatividad en todos los campos, dejar de emprender para “subsistir”, alejarnos de la caricatura y que nos reduzcan sólo al diseño, moda, estética o áreas que todos nos han hecho creer que “atañen a las mujeres”; es necesario que la mujer tenga voz y presencia en la ingeniería, minería o economía, sólo por nombrar algunos espacios de desarrollo que, históricamente, han sido asociados a los hombres. Y esto no para demostrar igualdad sino, muy por el contrario, para hacer patente nuestras diferencias y para incidir en un mercado que nos ha excluido.

Según el reporte Global Entrepreneurship Monitor (Gem) Mujeres y Actividad Emprendedora en Chile, el promedio de edad de las emprendedoras iniciales es de 39 años y en el caso de las establecidas es de 44. Estos datos no son menores y confirman lo anterior: nuestro género sólo emprende una vez culminadas sus prioridades y obligaciones establecidas socialmente como mujer, es decir y por majadero que parezca, después de formar una familia y criar a los hijos.

Si bien la tendencia va al alza, según el mismo estudio el emprendimiento femenino presentó un aumento en el cual se pasó del 10,9% en 2005 a 25,5% a 2014. Como lo señalan los números, aún es necesario mayor ímpetu y tener más presencia pues dichos dígitos siguen siendo dolorosamente bajos, sobre todo cuando sabemos que, según los resultados del mismo informe, este crecimiento se centra en los estratos socio económicos D y C3; revelando que las fuerza emprendedoras del país se centran en sectores bajos o medios y que potencia pequeños negocios para poder subsistir.

La tarea es grande y elocuente: necesitamos tener representatividad en todos los campos, dejar de emprender para “subsistir”, alejarnos de la caricatura y que nos reduzcan sólo al diseño, moda, estética o áreas que todos nos han hecho creer que “atañen a las mujeres”; es necesario que la mujer tenga voz y presencia en la ingeniería, minería o economía, sólo por nombrar algunos espacios de desarrollo que, históricamente, han sido asociados a los hombres. Y esto no para demostrar igualdad sino, muy por el contrario, para hacer patente nuestras diferencias y para incidir en un mercado que nos ha excluido.

Somos mujeres en cuanto también somos distintas a los hombres, es decir, somos y nos constituimos en nuestra diferencia y es ésta a la que debemos dar presencia; es necesario una nueva forma de hacer, entender y actuar en el campo del emprendimiento, sobre todo hoy cuando el país se encuentra, según OCDE, dentro de los que invierten menos en innovación. Pero al mismo tiempo somos más que mujeres, somos innovación, somos emprendimiento, ya sea desde nuestras diferencias, pero por sobre todo desde nuestra posición de igualdad con los hombres.



El problema no es sólo local, simplemente somos el acento de una tendencia de todo el mundo. Pues si lo pensamos bien, en Silicon Valley las mujeres emprendedoras ocupan sólo el 7% y menos del 1% puede financiar sus proyectos. Eso, por ahora.

Necesitamos nuevas formas, nuevas ideas, más ímpetu, decisión, confianza en el desarrollo de nuevos negocios y, sobre todo, confianza en nuestras capacidades que en ningún modo son menores a la de cualquier otra persona. Revertir estos lapidarios informes y generar más innovación es, sin lugar a dudas, una tarea que nos atañe a todos.

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