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Parkinson en Chile: síntomas, señales de alerta y pautas para mejorar la calidad de vida Salud Crédito: Cedida

Parkinson en Chile: síntomas, señales de alerta y pautas para mejorar la calidad de vida

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En Chile, más de 30 mil personas viven con Parkinson, una enfermedad neurodegenerativa en aumento. Detectar sus síntomas a tiempo, mantener hábitos saludables y acceder a un tratamiento integral son claves para mejorar la calidad de vida.


Resumen
Síntesis generada con OpenAI
El Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa que afecta a más de 30 mil personas en Chile, principalmente a adultos mayores, aunque también puede presentarse antes de los 50 años. Sus síntomas incluyen temblores, rigidez y lentitud de movimientos, además de alteraciones emocionales y cognitivas. Si bien no tiene cura, el ejercicio, la nutrición y el tratamiento multidisciplinario son fundamentales para mejorar la calidad de vida. Detectar señales tempranas y mantener apoyo familiar resulta clave en su evolución.
Desarrollado por El Mostrador

Cada 11 de abril se conmemora el Día Mundial del Parkinson, una fecha impulsada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para generar conciencia sobre una enfermedad neurodegenerativa que, a más de dos siglos de su primera descripción, sigue representando un desafío médico, social y humano. Fue el médico británico James Parkinson quien, en 1817, publicó un ensayo en el que detalló los síntomas de lo que denominó “Shaking Palsy” o “parálisis agitante”.

Hoy, el Parkinson es la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente a nivel global, solo superada por el Alzheimer. Se estima que entre 1 y 2 de cada 100 personas mayores de 60 años la padecen, cifra que supera el 4% en mayores de 80. En Chile, alrededor de 30 mil personas viven con esta condición, que no es exclusiva de adultos mayores, ya que entre un 15% y un 20% de los casos se presenta antes de los 50 años.

Esta patología afecta tanto al sistema nervioso central como periférico, y su origen está vinculado a la degeneración de neuronas en una zona del cerebro conocida como sustancia negra, encargada de producir dopamina. Según explica el doctor Juan Carlos Molina, geriatra de Clínica MEDS, “el Parkinson es una enfermedad determinada principalmente por la rigidez, más que por el temblor. Esta rigidez se produce por la destrucción de neuronas que generan dopamina, un elemento clave para el control del movimiento”.

Señales de alarma: ¿Cuándo consultar de inmediato?

Aunque el temblor es uno de los signos más reconocibles, no siempre está presente. A este se suman síntomas como la lentitud de movimientos (bradicinesia), problemas de equilibrio y alteraciones en la marcha. “La persona que tiene Parkinson anda como buscando su eje, lo que puede generar caídas, fracturas e incluso discapacidad”, agrega el especialista.

Desde la kinesiología, Fernando Rivero, gerente de Acalis La Florida, complementa que también existen señales tempranas menos evidentes, como la disminución del parpadeo, cambios en la escritura, estreñimiento, voz monótona y rostro inexpresivo —lo que se conoce como facies de máscara—. A esto se suman síntomas no motores como depresión, ansiedad y deterioro cognitivo.

El impacto del Parkinson va más allá de lo físico. Puede afectar profundamente la salud mental y emocional de quienes lo padecen, e incluso, en algunos casos, evolucionar hacia cuadros de demencia. Por eso, el abordaje actual es integral y multidisciplinario, combinando farmacoterapia con fisioterapia, fonoaudiología, terapia ocupacional y apoyo psicológico.

“Esto no se trata solo de una pastilla. Se requiere un equipo que acompañe al paciente en su proceso”, enfatiza Molina. En esa línea, también subraya la importancia de adaptar el ritmo de vida: “La persona con Parkinson tiene que hacer las cosas a su velocidad, no a la del resto”.

Uno de los aspectos más relevantes en el manejo de la enfermedad es el ejercicio físico. Existe evidencia científica sólida que respalda su rol tanto en la prevención como en la progresión del Parkinson. Una revisión sistemática publicada en 2023, que analizó 156 ensayos clínicos con más de 7.900 participantes, concluyó que el ejercicio es una de las intervenciones no farmacológicas más efectivas, con beneficios tanto sintomáticos como potencialmente modificadores de la enfermedad.

En ese sentido, actividades con estímulos rítmicos —como caminar siguiendo un compás o incluso al ritmo de música— pueden mejorar la coordinación y la marcha. “Se trata de entrenar esta condición y no dejar de moverse”, recalca Molina.

La nutrición también cumple un rol clave. Estudios recientes han demostrado que un estado nutricional deficiente se asocia a una peor calidad de vida, mayor severidad de los síntomas motores y mayor deterioro cognitivo, lo que refuerza la necesidad de un enfoque integral.

El impacto en la familia y cuidadores

Sin embargo, el desafío no es solo clínico. El Parkinson también impacta a las familias y cuidadores, quienes deben adaptarse a una enfermedad progresiva que exige acompañamiento constante. En este contexto, el bienestar emocional, la comunicación efectiva y la seguridad en el hogar son pilares fundamentales.

Mantener actividades sociales, estimular la cognición, validar las emociones y fomentar la autonomía del paciente son prácticas recomendadas. A nivel doméstico, medidas como eliminar obstáculos, mejorar la iluminación o instalar pasamanos pueden prevenir caídas y complicaciones mayores.

También es clave asegurar la adherencia al tratamiento: respetar horarios de medicación, no suspenderla bruscamente y mantener un seguimiento médico constante. Cambios repentinos en el estado del paciente, como confusión, dificultad para tragar o caídas con traumatismo, deben ser motivo de consulta inmediata.

El símbolo del Parkinson —un tulipán rojo con bordes blancos— resume de alguna forma esta lucha. Fue creado en 1980 por un horticultor holandés que padecía la enfermedad y lo bautizó como “Dr. James Parkinson”, en honor a quien la describió por primera vez.

A más de 200 años de ese hito, el mensaje es claro: aunque el Parkinson no tiene cura, una detección oportuna, un tratamiento adecuado y un entorno comprometido pueden marcar una diferencia significativa en la calidad de vida de quienes lo enfrentan. La evidencia lo respalda, pero también la experiencia de miles de pacientes y familias que, día a día, aprenden a convivir con esta enfermedad desde una mirada más humana e integral.

El Parkinson plantea desafíos progresivos que requieren no solo tratamiento médico, sino también acompañamiento emocional, adaptación del entorno y compromiso familiar. La evidencia es clara: el ejercicio, la nutrición adecuada y el apoyo social pueden marcar una diferencia significativa en la evolución de la enfermedad, reforzando la importancia de una mirada integral y humana en su manejo.

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