Salud
Crédito: Cedida
Biosimilares: la alternativa para reducir alto costo de tratamientos dermatológicos y autoinmunes
El elevado precio de terapias para enfermedades crónicas reabre el debate por acceso en Chile. Especialistas y pacientes impulsan los biosimilares como una opción segura y eficaz que permitiría ampliar coberturas y aliviar la carga económica.
El incremento de enfermedades oncológicas y autoinmunes en personas cada vez más jóvenes, incluidas afecciones dermatológicas que a menudo se minimizan al considerarlas solo estéticas, tiene un fuerte impacto en la calidad de vida de las personas afectadas. Frente a este escenario, organizaciones de pacientes como Fundación Padece impulsan la incorporación de la hidradenitis supurativa y otras patologías cutáneas a la cobertura de la Ley Ricarte Soto, participando activamente en los procesos de evaluación para asegurar acceso a atención médica.
El objetivo es que se reconozca la gravedad de estas enfermedades y se garantice un acceso equitativo y oportuno. Lo anterior, porque el alto costo de las terapias para estas enfermedades crónicas continúa siendo una barrera significativa tanto para las personas que ven con dificultad el gasto, como para los servicios de salud, ante la estrechez financiera y la necesidad de reducir el gasto público. Así, el escenario es complejo en ambos casos porque implica una presión permanente para disponer de recursos económicos que permitan financiar las terapias por más tiempo.
Para los especialistas, un tema principal en salud es lograr un acceso lo más universal posible para que los pacientes se beneficien de adelantos científicos, como las terapias biológicas. En ese contexto, los medicamentos biosimilares se han convertido en una alternativa segura con gran protagonismo en países como España y Estados Unidos, pero que en Chile mantienen un nivel de adopción muy inferior, pese a que permiten generar recursos relevantes que podrían destinarse a necesidades urgentes del sector: reducir listas de espera, mejorar la productividad del sistema e incluso, aumentar las coberturas disponibles.
Desde la Dirección Médica de Fundación Padece, compuesta por el médico Fernando Valenzuela, dermatólogo del Hospital Clínico de la Universidad de Chile y Clínica Universidad de Los Andes; y la médico Isabel Ogueta, dermatóloga en la Pontificia Universidad Católica de Chile y el Hospital Regional de Rancagua, manifestaron que “los biosimilares representan una de las oportunidades más concretas para ampliar el acceso a terapias biológicas de calidad en Chile. En enfermedades como psoriasis moderada a severa, artritis psoriásica, dermatitis atópica, hidradenitis supurativa y otras, donde el impacto sobre la calidad de vida, la morbilidad y la capacidad laboral puede ser profundo, el alto costo de los tratamientos sigue siendo una de las principales barreras de acceso”.
Ante ello, los especialistas explicaron que “cuando un biosimilar ha demostrado estándares rigurosos de seguridad, calidad y eficacia, se convierte en una alternativa terapéutica confiable, que puede beneficiar al paciente y, al mismo tiempo, contribuir a un uso más eficiente de los recursos del sistema de salud”.
Para los expertos, “uno de los mitos que todavía persisten es creer que un biosimilar aprobado sería de menor calidad o que podría generar más problemas de seguridad que el medicamento de referencia. Eso no es correcto. Los biosimilares que cumplen con exigencias regulatorias estrictas pasan por procesos de evaluación muy exhaustivos”.
Por su parte, Francisco Tapia Besnier, químico farmacéutico, usuario de un biosimilar y presidente de Fundación Padece, sostuvo: “en Chile todavía existe demasiada desinformación sobre los biosimilares, y eso genera incertidumbre y temor en personas que ya están enfrentando el peso cotidiano de una enfermedad crónica. Por eso es fundamental avanzar en educación clara, accesible y basada en evidencia para que pacientes, familias y comunidades comprendan que, cuando estos medicamentos cuentan con la aprobación del Instituto de Salud Pública y con estándares regulatorios exigentes, estamos hablando de alternativas seguras y eficaces que pueden ampliar las oportunidades de tratamiento”.
“Como usuario de un biosimilar, sé que esta conversación no se reduce a un debate técnico: se trata de personas que necesitan acceso oportuno, continuidad terapéutica y la tranquilidad de saber que su tratamiento no dependerá únicamente de cuánto pueden pagar o de cuántas barreras deban soportar. Vivir con una enfermedad crónica ya es suficientemente difícil; por eso, como país, no podemos permitir que la falta de acceso haga esa carga todavía más injusta”, expresó.
¿Qué es un biosimilar?
Los biosimilares son medicamentos biológicos que han demostrado ser altamente similares en términos de seguridad, eficacia y calidad al medicamento biológico original, conocido como producto de referencia. Estos medicamentos se producen una vez que la patente del biológico original expira, lo que permite reducir significativamente su costo.
El ente regulador sanitario chileno, el Instituto de Salud Pública (ISP), define al biosimilar como “aquel medicamento biotecnológico que ha demostrado ser comparable en calidad, seguridad y eficacia al producto biotecnológico de referencia, basándose para ello en su caracterización exhaustiva mediante estudios de comparabilidad en igualdad de condiciones, constituidos por estudios de calidad y por estudios no clínicos y clínicos, todos ellos comparativos”.
Los países que han implementado políticas nacionales integrales de biosimilares han logrado ahorros entre 15-40% en tratamientos biológicos, permitiendo reinvertir recursos en ampliar cobertura y acceso a nuevas terapias, según un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
Además, permiten tratar muchas enfermedades, entre ellas, afecciones graves que incluyen enfermedades de la piel como la psoriasis, enfermedades inflamatorias intestinales, osteoporosis, diabetes, afecciones renales, artritis reumatoide y algunos tipos de cáncer.