Salud
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Depresión: cómo afecta el habla, la voz y la forma de comunicarse con los demás
La depresión no solo impacta el estado de ánimo. Especialista de la Universidad Andrés Bello explica cómo este trastorno altera la fluidez verbal, la memoria, el tono de voz y la interacción social, convirtiendo el lenguaje en una señal clave para su detección temprana.
La depresión no solo afecta el estado emocional de las personas, sino también modifica profundamente su manera de hablar, comunicarse e interactuar con el entorno, ya que el lenguaje y el habla pueden transformarse en importantes indicadores del estado mental de una persona.
Así lo explica la académica de la Escuela de Fonoaudiología de la Universidad Andrés Bello, Jazmín Flores Carrasco, quien advierte que recientes investigaciones evidencian que el habla refleja procesos neurológicos y emocionales complejos. “En conjunto, estas señales conforman un patrón comunicativo coherente con el estado interno de la persona y pueden ser una herramienta valiosa para la detección temprana de la depresión”, explica.
También agrega que “el habla no es solo emisión de palabras. Es un proceso altamente complejo que involucra pensamiento, emoción, intención comunicativa, coordinación motora y múltiples regiones cerebrales. Cuando existe depresión, todos esos procesos pueden verse alterados”, señaló Flores.
Cómo la depresión afecta el habla, la memoria y la comunicación
La académica explica que una de las principales características observadas en pacientes con depresión, estudios observan una alteración denominada “cognición caliente”, que es el procesamiento de información teñido por las emociones, lo que genera sesgos negativos rígidos en la atención y la memoria que se reflejan en lo que la persona dice y cómo lo dice.
“Muchas veces la comunicación no se dificulta únicamente por desinterés emocional o aislamiento social, sino también por alteraciones reales en funciones cognitivas fundamentales para el lenguaje, como la memoria operativa y la capacidad de razonamiento”, afirmó.
La especialista detalla que las personas con depresión suelen presentar una memoria sobregeneralizada, lo que significa que al comunicarse les cuesta ser específicos sobre eventos pasados, lo que limita su capacidad para resolver problemas y proyectar acciones futuras en su discurso, limitando la capacidad para resolver problemas y proyectar acciones futuras dentro de una conversación.
Falta de fluidez y comprensión
Otro de los efectos visibles ocurre sobre la fluidez y la expresión verbal. Jazmín Flores explica que la depresión puede provocar un retraso psicomotor, es decir, un enlentecimiento general del pensamiento y de los tiempos de reacción, lo que afecta directamente la precisión del control motor del habla.
“Esto se traduce en dificultades para responder rápidamente durante una conversación, encontrar palabras adecuadas o mantener un ritmo comunicativo fluido”. Lo que comienza como un enlentecimiento interno del pensamiento termina siendo visible y audible en la manera en que la persona habla y se comunica con otros”, sostuvo.
Grupos de riesgo y alertas
Cabe indicar que dentro de los grupos de riesgo están las personas con baja autoestima implícita, quienes suelen desarrollar discursos marcados por la autocrítica constante y una percepción negativa persistente de sí mismos.
En el ámbito laboral, Flores señala que muchos trabajadores que regresan tras una licencia médica por depresión continúan presentando dificultades de concentración y memoria, afectando directamente su desempeño profesional y sus habilidades comunicativas cotidianas.
Respecto a las señales de alerta, la especialista explicó que “el lenguaje puede entregar múltiples indicios tempranos sobre la presencia de depresión. Una de las manifestaciones más frecuentes corresponde a la monotonía vocal, donde la voz pierde variaciones naturales de entonación y adquiere un tono plano o sin expresión emocional” y agrega que “también puede aparecer pobreza del habla o alogia, observable en respuestas breves, escasa fluidez verbal y disminución significativa del tiempo que la persona dedica a conversar”.
A esto se suman pausas prolongadas o erráticas entre palabras y frases, disminución del volumen de la voz y alteraciones en la calidad vocal, que incluso puede sonar más ronca o soplada.
“Además de los aspectos acústicos, el propio contenido del discurso suele presentar un sesgo negativo persistente. Las personas tienden a centrarse constantemente en recuerdos o interpretaciones negativas, incluso frente a situaciones ambiguas”, concluye.