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Yo Opino

Los derechos de las mujeres los debemos luchar unidas: ¡No a la violencia en el pololeo!

por 8 marzo, 2017

Los derechos de las mujeres los debemos luchar unidas: ¡No a la violencia en el pololeo!
Hablamos con 3 mujeres involucradas en la lucha pro mujer: Ale Palacios López, ingeniera; Fran Gaete Aguirre, psicóloga; y Ceci Ananías Soto, periodista e investigadora en temas de género. Ellas nos entregaron distintas definiciones con respeto a la violencia de género, sus categorías, un análisis al vacío de la ley en las agresiones en el pololeo y una mirada en favor de evitar posibles crímenes.
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¿DEBEMOS CATEGORIZAR?

Intentar categorizar las violencias en sus tipos (psicológica, física, sexual, económica, gineco-obstétrica, simbólica, etc.) como nos enseña la academia, es un arma de doble filo. Por un lado, es importante visibilizar y mostrar lo anormal de lo que hemos naturalizado culturalmente a través de la culpa, minimización y negación; pero, por otro lado, dividirlo en estas distintas categorías, nos hace ver un problema estructural sistémico como una situación externa. La violencia es una: las mujeres sufrimos violencia de género, que se alimenta de una cultura patriarcal y que se puede manifestar de muchas formas. Por eso es importante aprender a verlas, conocerlas y repudiarlas.

¿LA VIOLENCIA TRANSVERSAL?

La violencia en relaciones de pololeo es violencia en relaciones sexo-afectiva. Violencia en la convivencia, en el matrimonio, en el “andamiento”, en el “agarramiento”, es violencia igual. Hablar de violencia en el pololeo nos lleva a visibilizar este vacío legal de la ley 20.066, del cual se habla mucho el último tiempo en Chile, sobre todo después del caso de la Antonia de Concepción.

¿DEBEMOS CRIMINALIZARLO TODO?

La pregunta que nos hacemos las mujeres es ¿si el pololeo es incorporado a la ley de Violencia Intrafamiliar actual, disminuirá la violencia en el pololeo? Una sabia abogada me preguntó: “¿Tú crees que criminalizar todas las conductas disminuye la violencia en contra las mujeres?, ¿encerrar machos agresores en las cárceles de por vida es la solución?” Sabemos que en las cárceles de Chile no hay reinserción. Es nula. Recuerdo un caso que me tocó declarar en el Tribunal Oral en lo Penal, en el juicio en donde un agresor que estuvo preso por femicidio frustrado, cumplió la condena, es decir la ley funcionó. Sin embargo, ese mismo día en que salió de la cárcel fue donde su ex pareja, a quién había intentado matar a puñaladas, y la vuelve a apuñalar. Ella logró nuevamente defenderse y sobrevivir, pero, ¿vive?

El hacinamiento y violencia al interior de las cárceles en Chile es un tema no muy tocado. Recuerdo cuando entré a una cárcel por primera vez, fue terrible lo vi. Pero más terrible fue pensar que, eso que vi yo un día del 2016, lo han visto muchas personas durante años sin poder hacer nada al respecto, ya que como me dijo un buen amigo: “La reinserción no vende. La gente quiere a los delincuentes presos, que ojalá se pudran en la cárcel, quieren cadena perpetua”. Se pide cadena perpetua en un país que intenta avanzar en Derechos Humanos, y en donde la progresividad nos obliga, como Estado, a avanzar en derechos y no disminuir ni retroceder, como lo fue con la agenda corta de seguridad, con el “control preventivo de identidad” como una medida neoliberal de la antigua y temida “detención por sospecha”. Me pregunto: si ese hombre, estudiante de Medicina de clases media, que no deja a su polola tener Facebook, que le dice que es una estúpida, que jamás permitirá que ella lo patee, etc., ¿le pedirían su carnet de identidad en una situación de “discusión” de “pareja”?

A-MOR: ¿PREVENIR EL AMOR ROMÁNTICO?

Para este 8 de marzo cómo quisiéramos dejar de hablar de violencia de pareja y poder reflexionar sobre lo que significa esta palabra. Pareja es algo parejo, igual, horizontal, y cuando nos relacionamos con otras personas, y no sólo en el plano de las relaciones sexo-afectivas, siempre vamos a tener diferencias y eso está bien. Pensamos que no hay cosa más hermosa que las diferencias y aprender de todas. Cuando hay una relación de violencia no hay horizontalidad, no hay nada parejo, tampoco hay amor. Lo que sí hay es apego y dependencia emocional, esa dependencia que no nos deja terminar ni dejar ir ese “amor” que me “completaba”.
A (sin) MOR (Muerte): la palabra amor significa “sin muerte”, entonces, amar es vida. La pregunta es: las mujeres que sufren violencia por parte de los hombres con los cuales mantienen una relación sexo afectivamente, ¿sienten que viven o más bien están sobreviviendo? ¿Llevando la fiesta en paz?, ¿Esperando que no lleguen borrachos, esta vez? ¿Qué no se dé cuenta que la cuenta del agua salió más alta que el mes pasado? Ninguna mujer que es víctima de violencia tiene una relación de pareja a su lado, tiene una relación de abuso, de abuso de poder sólo por ser hombre. Están atrapadas en una tóxica relación romántica. En donde los “para siempre” y los “te amo para toda la vida” se tornan abusivamente literales. Esa persona que está a su lado “amándola” es un agresor, un opresor, un delincuente, porque la violencia en contra las mujeres es un delito, no un problema de pareja.

SIN CAMBIO CULTURAL LAS LEYES NO FUNCIONAN

La erradicación de la violencia en contra las mujeres es transversal y no corresponde que un servicio recién declarado ministerio se haga cargo de toda una estructura que nos mata, abusa y viola todos los días. Hablo de planes trasversales de educación de género. Pero antes de hablar de que los hombres sí pueden llorar y que las mujeres sí podemos ser electricistas, es necesario enseñar a relacionarnos con nuestro cuerpo, ese cuerpo que nos pertenece, pero que nos han hecho creer -hasta antes de existir- que le perece a otro: a mi padre, a mi hermano, a mi pololo, a mi ginecólogo, al diputado, la iglesia, el Estado. Avancemos en derechos para las mujeres, pero con políticas públicas y planes de trabajo interministeriales que respondan a las necesidades de todas las mujeres. Que no pase que una persona denuncie por la Ley Antidiscriminación sin que existan organismos públicos que acojan, atiendan, acompañen y reparen como nos lo merecemos. Para que no sigamos elaborando ordenanzas municipales antidiscriminación arbitraria, sin oficinas para atención a la diversidad sexual e inmigrantes, por ejemplo.

“MICROMACHISMOS Y EN LAS NUEVAS MASCULINIDADES”

El trabajo es desde nosotras: marchemos juntas las compañeras, las que luchamos desde distintos espacios, de distintas formas, aquellas que no nos conocemos, que no pensamos igual; marchemos con aquellas que discutimos, que debatimos, por la recuperación de la autonomía de nuestros cuerpos. De ahí la perspectiva de género y sus aristas. De ahí empecemos.

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