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Análisis de diseñadores, asesores y publicistas

Karen Doggenweiler se oscureció el pelo: la imagen sí importa cuando eres una mujer en la política

por 3 noviembre, 2017

Karen Doggenweiler se oscureció el pelo: la imagen sí importa cuando eres una mujer en la política
Hillary Clinton tuvo que, literalmente, ponerse pantalones. La Reina Isabel II usa siempre colores llamativos y su ropa está llena de pequeños secretos. En el mundo, las políticas entienden muy bien la importancia del look adecuado para comunicar el mensaje que se quiere entregar. En Chile, aún falta mucho. Pero la esposa de MEO viene de la TV y este tono más castaño le da interesantes atributos.
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Estamos en la recta final para las elecciones, lo que significa época de franja electoral. Ahí, cada segundo utilizado importa, porque toda imagen está llena de símbolos que quizá uno no siempre decodifica, pero sí mueve algo a nivel inconsciente.

Una vez que se inició la franja, por ejemplo, vimos a Karen Doggenweiler, rubia de toda la vida, con un pelo notoriamente más oscuro. A primera vista podríamos creer que se quiere alejar del estereotipo de “la rubia tonta”, pero también obedece a otras cosas: “Karen siempre ha sido muy rubia y siempre ha luchado por ser muy rubia. Probablemente el cambio de color de su pelo es para mostrar una imagen de más seriedad, para empatizar más con el 'pueblo'”, enfatiza la asesora de imagen Carolina Montenegro.

Como los candidatos no pueden estar cara a cara con la gente, es crucial para ellos que cada aparición pública tenga que ver con lo que se quiere proyectar. En el primer mundo es algo que todos tienen claro: “Siempre hay dinero de campaña destinado a moda y ropa, porque es una parte gigante en el marketing y branding”, indica Corey Roche, el estilista personal y experto en política en la web BusinessofFashion.com.

Sin embargo, en Chile, pedir una asesoría de imagen en política es casi impensable. La asesora de imagen, Fernanda Zamora, tiene claro por qué. Primero porque no se ha profesionalizado. Segundo porque en este trabajo piden discreción. Es un conocimiento que ellos no tienen, entonces necesitan más que nada que uno les haga una cierta organización y una definición de un estilo que a ellos les funcione

Hay mucha falta de conocimiento de la gente que asesora en política con respecto a imagen, no hay conciencia de eso, por eso es difícil darle un valor, y como no tiene valor, no aplica. Los asesores dejan como algo absolutamente innecesario y postergado este tema, mientras que en otros países vemos que el poder está muy bien asociado y ligado al vestir, a la etiqueta, al tener sentido de qué lugar voy, cómo voy y qué debo llevar”, remata Zamora.

Otra teoría tiene la maquilladora Javiera Villa: “Siento que a las políticas les da miedo preocuparse de su imagen porque temen que se vea como una cosa frívola, y creo que le pasa aún más a las mujeres de izquierda. Tienes en un polo a Camila Vallejo, que casi sale con buzo, y en el otro a Evelyn Matthei donde todo es cuidadamente perfecto”.

Las emblemáticas

(flick.com)

Un ejemplo que tenemos fresco en la memoria es el de Hillary Clinton en las últimas elecciones estadounidenses. “Hillary Clinton literalmente tuvo que ponerse pantalones para luchar contra el machismo de la política norteamericana y, por lo mismo, tuvo que cortarse el pelo”, indica Cristian Leporati, director de la escuela de publicidad de la Universidad Diego Portales.

Clinton lleva años refinando cosas más allá de su imagen para parecerle más cercana a la gente: fue en los ‘80s cuando decidió dejar de usar su nombre de soltera, luego que su esposo perdiera la reelección como gobernador del estado de Arkansas. Los medios la habían tildado de “rabiosamente feminista”, aludiendo como muestra el hecho de que ella siguió con su apellido de soltera cuando se casó con Bill en los ‘70s. Luego del apellido, vino su forma de hablar y tuvo que neutralizar su acento.

Curiosamente para las últimas elecciones, donde corrió como presidenciable, su apellido de soltera volvió a resurgir para caer en gracia con las mujeres jóvenes.

La Reina Elizabeth de amarillo limón (Wikipedia).

Otro ejemplo aún más extremo es la Reina Isabel II de Gran Bretaña. La corona, por supuesto, lleva siglos puliendo la imagen de la familia real, y la actual reina refinó esto al máximo. A primera vista, uno pensaría que se trata de excentricidad, siempre vestida con colores llamativos y fuera de tendencia. Pero hay una razón detrás de esto: La Reina debe vestir de manera tal, que su figura se distinga en una multitud.  “Jamás podría usar beige porque nadie sabría quién soy”, dijo la Reina en los años 50 a sus asesores y la regla se mantiene.

También se sabe que si usa un color, luego espera meses para volver a repetirlo, y todas sus prendas cuentan con pequeños trucos para que, por ejemplo, la falda no se le vuele con el viento, el sombrero permanezca en su lugar, cierres estratégicos para que al vestirla no se despeine, paraguas transparentes para que siempre se vea su rostro. Siempre anda con pañuelos al tono por si el clima no le acompaña, cuando visita colegios pide a sus asesores algún accesorio divertido para jugar con los niños y cuando va a hospitales busca colores calmos para acompañar a los enfermos.

La Presidenta y la escala cromática

La presidenta usa naranjo, un color que proyecta dinamismo (Wikipedia).

Tal como indica Carola Montenegro, las mujeres –para variar- no la tienen tan fácil: “Creo que a las mujeres se nos exige mucho más y siempre se nos ha exigido mucho más en términos de imagen. A Bachelet se le criticó mucho por su ropa, por sus colores, por sus telas que eran muy brillosas. Generalmente cuando iba de pollera le criticaban el largo de la pollera, entonces no ha sido fácil para ella y tampoco se ha mostrado muy preocupada de ese tema. Sí se ha preocupado mucho más en este mandato que en el primero. Me parece que se nos exige mucho en cuanto a nuestra edad, a cómo nos vestimos y mostramos”.

Siguiendo el guardarropa de la Presidenta, Montenegro analiza cómo los colores influyen en la percepción: “El blanco simboliza transparencia ante los ojos de los demás. Por eso, cuando Bachelet anda de blanco y va a dar un discurso o quiere decir algo, es absolutamente pensado que ella vaya de ese color. También es el color de la inocencia, de la paz y de la pureza, entonces queda más que claro por qué lo elige. Bachelet estuvo también mucho tiempo vestida de naranjo. El naranjo también representa el dinamismo, la sociabilidad y la simpatía. Cuando estaba mal en las encuestas usó mucho naranjo”.

Los hombres se mantienen planos: “Si te has fijado, muchas veces usan traje azul y corbata roja. El rojo es un "power color", eso quiere decir que demuestra mucha energía y mucha pasión. La combinación de los dos (azul y rojo) es buena para los políticos en general”, enfatiza la asesora.

Acá en Chile no se conocen asesores de moda expertos en política, y muchas veces son los diseñadores quienes hacen el trabajo. Habla Fernanda Zamora: “Ha habido una cercanía con algunos diseñadores en el caso de presidentes y primeras damas. Ricardo Lagos con Atilio Andreoli, donde también había una amistad  de por medio, y se podría decir que lo vistió durante su mandato. Tengo entendido que Cecilia Morel en un momento estuvo muy cercana a María Teresa Barros, que es la dueña de Max Mara, pero por una relación de amistad. Michelle Bachelet se vistió en una tienda de Alonso de Córdoba también, en un rato en que se confeccionaban las prendas, pero ya no está”.

También hay colores prohibidos, por supuesto. Nos cuenta Montenegro: “El color negro para un candidato es muy mala opción porque es un color que representa mucha sofisticación y luto. Todas las andanzas de rebelión en el mundo han andado de negro, entonces también es un color que se usa mucho en el mundo de la moda, muy chic y representa sofisticación, no acerca a la persona”.

Las candidatas

“Se puede decir con Goic que ella siempre ha sido así, entonces ahora sigue fiel a su estilo. Ella obedece a un partido conservador y su imagen va a ser acorde, tradicional. Ella es muy consistente. Lo mismo con Sánchez. Quizá ella parece más “pachamámica”, pero ella no parece una política. Puede ser que la invites a tu casa y la pases súper bien, pero no irradia la seguridad que irradia, por ejemplo, Bachelet”, dice Leporati.

“Hay algunas que además de ser mujeres en política les gusta resaltar que son buenasmozas. Andrea Molina es un buen ejemplo, tiene un estilo más bien sexy, figura ajustada con harto algodón  y enmarque de cintura. Marcela Sabat tiene un estilo más jovial, he visto una evolución en su look. Me gusta su pelo más oscuro también”, indica Carolina Montenegro.

Más allá de eso, estamos a años luz de poder hacer un análisis concreto con respecto a lo que cada político quiere comunicar con su imagen, porque aún no existe la preocupación. “En Chile, los políticos no le han dado un real valor a lo que es la presencia y el poder que da el vestuario, la seguridad”, reflexiona Fernanda Zamora, con quien el resto de las profesionales comparten el diagnóstico.

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