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Democracia herida

por 11 noviembre, 2019

Democracia herida

Crédito: Agencia Uno

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La fiscalía ya registra veintitrés muertos desde que comenzaron las protestas. Cada uno de ellos deja el vacío de un hermano que no va a abrazar, un padre o madre que no va a amar o la sonrisa de un hijo que ya no va a alegrar. Hay veintitrés amigos que compartieron en complicidad alegrías y tristezas, que ya no van a acompañar. Cada muerte es una tragedia irreparable, un espacio en el que fallamos como sociedad y son especialmente graves los cinco fallecidos por acción de agentes del estado.

El INDH ha realizado ya 223 querellas por torturas, 52 de ellas por violencia sexual. Estamos rodeados de relatos desgarradores: jóvenes apaleados en la oscuridad de una celda, hombres y mujeres vejados sexualmente, dolor infligido en una intensidad que marca vidas, pesadillas que se van a revivir muchas, demasiadas veces, mientras se espera justicia.

Hay más de 180 heridos con lesiones oculares en tres semanas, la Sociedad Chilena de Oftalmología pidió en el Congreso declarar "emergencia sanitaria". Algunos de ellos fueron heridos por perdigones, otros por lacrimógenas, cada uno experimenta angustia y pérdida irreparable, mientras les sugieren que regresemos a la normalidad.

¿Es posible aspirar a fuerzas del orden eficaces en resguardar el orden público y que al mismo tiempo respeten los DDHH de la ciudadanía?

A la fecha, se estiman más de 3000 personas heridas en manifestaciones. Quienes asistimos a las marchas constatamos que las manifestaciones pacíficas son reprimidas con violencia inusitada, agresividad tan desenfrenada que alcanza incluso a quienes sólo transitan. Según Bloomberg superamos las cifras de heridos en las protestas de Hong Kong, que fueron reprimidas por la dictadura China. Cada golpe, cada herida, deslegitima más a las fuerzas del orden ante la sociedad y profundiza el abismo que separa a la ciudadanía del gobierno.

Regresó a nuestros miedos la dictadura, los más jóvenes la revivimos desde un dolor que traspasa generaciones. Durante 30 años nos han dicho en diferentes momentos que estamos por dejarla atrás, o al menos su peor parte, pero estas semanas nos han mostrado que el respeto a los derechos humanos no caló en fuerzas del orden, que no se han comportado a la altura. Somos una democracia que aspira al desarrollo, pero que aún cree que la relación entre el poder y la ciudadanía se constituye por la razón o la fuerza.

¿Es posible aspirar a fuerzas del orden eficaces en resguardar el orden público y que al mismo tiempo respeten los DDHH de la ciudadanía?

Se ha vuelto difícil entender cuál es el camino que vislumbra el gobierno para que salgamos de esta crisis y cómo planea tender puentes que acorten la distancia que tiene con la ciudadanía que protesta, pero se vuelve especialmente preocupante cuando propone una agenda de orden y seguridad, que no tiene el énfasis en el respeto a los derechos humanos de la ciudadanía.

Condenamos todo tipo de violencia, pero debemos ser absolutamente claros que ésta es mucho más grave cuando se ejerce por quien tiene el deber de protegernos.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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