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BRAGA

Violeta Parra: la resignificación de su vida y obra como herencia histórica a la lucha feminista

por 10 septiembre, 2020

Violeta Parra: la resignificación de su vida y obra como herencia histórica a la lucha feminista
“Entre más injusticia señor Fiscal, más fuerza tiene mi alma para cantar”. El Mostrador Braga recuerda a Violeta Parra, artista múltiple de la cultura chilena, vanguardista, precursora de un género musical que rompió los estándares del Folklore de la época y cuyas composiciones están construidas sobre una profunda crítica social que la vuelven una mujer inolvidable.
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Violeta del Carmen Parra Sandoval, fue compositora, cantora, poeta, artista plástica, recopiladora e investigadora de folklore y madre. La Viola –como la llamaron sus amigos- lo tuvo todo y como artista rompió los canones de la época. Mujer dueña de múltiples talentos y de una personalidad protectora, versátil y de gran carácter. Si bien el feminismo militante no fue la disposición clásica de las mujeres del momento, los matices artísticos que desarrolló Violeta quedaron profundamente enraizados en la cultura y la convierten hoy en uno de los rostros de mujer más inspiradores de Latinoamérica.

Es probable que uno de los principales valores que la artista heredó a las mujeres no sólo son los que se desprenden de su faceta como creadora en las múltiples esferas artísticas, si no que su aporte como recopiladora de la tradición oral de cantoras folklóricas, en un contexto en que las fuentes de estudio de la historia no recogían la participación de las mujeres, sus historias, sus causas y reclamaciones. Y aunque no muy destacado desde esta perspectiva, fue sin duda uno de los mayores símbolos de reivindicación de género al que Violeta dio paso. Rescató la historia y raíz de un cancionero popular que pudo pasar al olvido o quedar inscrito como producto de una creación puramente masculina como habría sido natural en ese entonces.

Las mujeres fueron excluidas de muchas actividades y fue ese el primer obstáculo que la artista tuvo que sortear para quedar inscrita como referente de la música chilena, la artista peleó cada espacio en el que mostró su trabajo. Y aunque durante su carrera fue asidua a círculos intelectuales, Violeta nació en el seno de una familia tradicional del sur de Chile. “Hija de una campesina y un profesor de música, hermana de poetas y cantores, y madre y abuela de músicos e intérpretes notables”, de acuerdo a lo expresado en Décimas, Autobiografía en verso.

Los “Parra” una familia tradicional de cultores Chilenos

“Qué te cuesta mujer árbol florido
Álzate en cuerpo y alma del sepulcro
Y haz estallar las piedras con tu voz
Violeta Parra”
Escribe su hermano mayor Nicanor Parra en “Defensa de Violeta Parra”. El poeta fue impulsor de su llegada a Santiago a los diecisiete años, lugar donde comienza a temprana edadsu carrera como cantautora en bares populares de la cuidad, en compañía de su hermana Hilda y ambiente donde posteriormente conoce a su primer esposo Luis Cereceda, unión de la que nacieron sus dos primeros hijos. Violeta no sólo fue dueña de sus talentos, sino que de todo lo que la rodeó y hasta de sus hijos, los llamó por su apellido “Parra”, alterando también la estructura del espacio íntimo tradicional familiar. El matrimonio con el ferroviario y militante del partido comunista llegó a su findiez años después. “La desilusión provocada por este amor, marcó gran parte de la vida y obra de la artista”, informa el sitio Memoria Chilena.

La cuestión del amor en la obra de Violeta

Y pese a que el amor es uno de los temas que marcaron la poesía de Violeta, en el articulo “El sentimiento de abandono en los textos de Violeta Parra y Gabriela Mistral”, la autora Susana Mulnich, invita a reflexionar en este aspecto, toda vez que “se ha dicho que tanto Gabriela Mistral como Violeta Parra dijeron lo que dijeron del amor porque fueron en lo personal frustradas en ese aspecto. Yo creo que habría que invertir los términos de ese razonamiento y decir que por haber tenido la convicción de ser voceras del pueblo, estas dos poetas renunciaron a una relación romántica estable y tradicional” y agrega “nuestro examen del tema del abandono va más allá del campo del amor. Tiene que ver con la manera en que ambas, cada una a su manera, viven la feminidad, con la visión que tienen del mundo latinoamericano, con su condición de mujeres campesinas pobres”.

Condición que tuvo sus costos, en 1955  viaja a Europa  y reside en París durante dos años donde graba sus primeros discos y mientras cruzaba el océano su hija menor Rosa Clara muere de una enfermedad pulmonar.
“Cuando yo salí de aquí,
dejé mi guagua en la cuna:
creí que la mamita Luna
me l´iba a cuidar a mí”, dice en Verso por la niña muerta.

Fue así que no sólo de tristezas de amor se trató su obra, la vivencia personal de Violeta fue intensa y estuvo marcada por la toma de riesgos, exigencia y la convicción artística, social y política. Sólo así esta mujer artista rompió las condicionantes “mujer campesina latinoamericana” y obtuvo reconocimiento como tal; en 1955 es galardonada con el premio “Caupolicán” otorgado por la Asociación de Cronistas de Espectáculos, premio muy cotizado por la crítica del momento y en 1958 funda el Museo Nacional de Arte Folclórico.

Su obra en el principal museo de artes decorativas de París

Luego de estos dos importantes eventos en 1959 enferma de hepatitis y debe cumplir un largo tiempo en reposo, momento que utiliza para retomar las arpilleras. El año siguiente y como último hito emocional profundo en la vida de la artista conoce a Gilbert Favré, con quien viaja y se instala en Europa, estando ahí decidió que sus arpilleras y música llenarían los salones del palacio Francés de las artes decorativas –y aunque no libre de contratiempos- presenta su obra en el Louvre de París, entre los meses de abril y mayo de 1964.

“Nunca tuvo un agente que se preocupara de difundir su talento. Por eso es que ella trabajaba a pulso, con un ‘cateteo’ incansable. Así lo hizo cuando se le ocurrió montar la exposición. Buscó a los encargados del museo. Se presentó. Desafió el hecho de saberse autodidacta y desconocida. Y los conquistó”, dice Marcela Escobar en el artículo “Hechicera de gran poder”.

Rompiendo la métrica de la música popular y la política

Y en esa condición de autodidacta, sin estudios de teoría musical, quebró la métrica de la música popular “Al volver a Chile, nuestra folklorista comenzó a componer obras para guitarra, que aunque llevan la nomenclatura del folklore, las llama Anticuecas; son música culta, como la que se puede escuchar en cualquier concierto de cámara”, define la articulista Magdalena Vicuña, sobre la forma de composición de la artista.

Sin embargo, su destreza en la composición musical no sólo se relaciona con las fórmulas armónicas con las que deslumbró a los curadores de música docta a nivel mundial, las letras con las que dio voz a los cultores y campesinos chilenos, fue el espacio que utilizó para manifestar el descontento profundo que con el orden político establecido ya en ese entonces y usó su música y voz para defender al pueblo, inscribiendo en los recuerdos de un país entero, canciones que parecen no superar las barreras del tiempo.

“Yo que me encuentro tan lejos
Esperando una noticia
Me viene a decir la carta
Que en mi patria no hay justicia
Los hambrientos piden pan
Plomo les da la milicia, si

De esta manera pomposa
Quieren conservar su asiento
Los de abanicos y de frac
Sin tener merecimiento
Van y vienen de la iglesia
Y olvidan los mandamientos, si”, dice la música chilena en “La carta”(a su hermano preso).

No es posible encasillar a Violeta como una artista destacada en un espacio determinado, puesto que su creatividad y sensibilidad la llevaron a desarrollarse en los estándares más altos de todo lo que se propuso desarrollar. Pero ante todo fue un ejemplo de ruptura contra las barreras del orden impuesto, cuya determinación la inscribió por siempre como una mujer inolvidable.

 

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