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Créditos: Cedida.
Ignacia Fernández, la modelo metalera que ganó Miss Mundo Chile y rompió estereotipos del certamen
La modelo y vocalista de death metal Ignacia Fernández se coronó como Miss Mundo Chile 2025, marcando un hito en los certámenes de belleza al combinar el glamour con la fuerza del metal y desafiar los estereotipos tradicionales del género.
La noche del domingo 9 de noviembre, Ignacia Fernández, modelo de 27 años y representante de la comuna de Las Condes, se coronó como ganadora de Miss Mundo Chile 2025 en una ceremonia transmitida por Chilevisión.
La joven, que logró imponerse entre las finalistas del certamen, se volvió rápidamente viral gracias a un talento poco común: es la vocalista de Decessus, una banda de death metal progresivo.
Durante la etapa de talentos, Fernández sorprendió al público al interpretar una canción de su grupo, desplegando potentes gritos guturales y la energía característica del metal extremo. Su presentación se viralizó a nivel mundial, generando una ola de elogios y consolidándola como una de las grandes favoritas para obtener la corona, cuyo premio incluía además un anillo avaluado en cerca de $12 millones.
“Estoy muy agradecida, no me lo esperaba para nada. Han sido muchos meses de preparativos. Estoy agradecida de todo el apoyo que he recibido. De corazón, muchas gracias”, dijo emocionada tras recibir la corona.
Entre pasarelas y guitarras
Lejos de la imagen tradicional asociada a los concursos de belleza, Fernández ha sabido construir una identidad única que habita en dos universos aparentemente opuestos: el modelaje y el metal. “Son dos mundos muy distintos. Creo que tengo varias personas dentro de mí: una es la modelo, y la otra es la vocalista de esta banda de metal”, contó durante su presentación.
Y es que históricamente el rock progresivo ha sido un género dominado casi exclusivamente por hombres. Según un análisis del portal Prog Archives, uno de los mayores catálogos de bandas de rock progresivo, menos del 10 % de los proyectos registrados tiene mujeres en la formación. En la mayoría de los casos, las mujeres suelen ocupar roles de voz, teclados o composición, aunque en las últimas dos décadas ha crecido su presencia en guitarra, bajo y batería.
Por eso su número musical en el concurso, interpretado junto al guitarrista Carlos Palma, se volvió viral en redes sociales y fue replicado por medios internacionales como People y TMZ. La performance incluso llamó la atención de figuras como Rosalía, Rita Ora, Norman Reedus y Behati Prinsloo, quienes compartieron fragmentos del video.
“Me ha escrito gente a la que he admirado toda la vida, como Amy Lee, de Evanescence, y músicos de System of a Down. Jamás podría haber imaginado algo así”, reveló la modelo al diario El Mundo.
Con más de una década dedicada al modelaje profesional, Ignacia reconoce que la música siempre ha sido parte esencial de su identidad. Desde la adolescencia soñaba con tener su propia banda, y en 2020 hizo realidad ese anhelo al fundar Decessus, agrupación con la que recientemente realizó una gira por Europa. “La música ha sido parte fundamental de quién soy como persona”, explicó al medio español.
Según contó en una entrevista con Radio FM Dos, la creación de la banda nació de la necesidad de “hacer algo propio” tras casi diez años trabajando como modelo para distintas marcas.
El desafío de los concursos de belleza en tiempos de cambio
Pese al resurgimiento de los certámenes de belleza en los últimos años, estos siguen siendo objeto de debate en un contexto donde se cuestionan los modelos tradicionales de género y los estereotipos estéticos. Críticas por la cosificación, el impacto psicológico en las participantes y la vigencia cultural de estos concursos conviven con intentos de renovación.
Hoy, muchas organizaciones buscan reinventarse incorporando mayor diversidad, inclusión y apertura a distintas edades, cuerpos y orientaciones. También han surgido versiones especializadas o digitales —desde concursos para modelos mayores o transgénero, hasta los primeros “beauty pageants” creados con inteligencia artificial—, reflejando una industria que oscila entre la tradición y la adaptación a los nuevos tiempos.
La exposición constante a estándares de belleza rígidos y a la comparación pública puede generar consecuencias profundas: ansiedad, baja autoestima e incluso trastornos alimentarios. Según un informe de Gitnux, cerca del 60 % de las niñas que participan en concursos infantiles presenta problemas de autoestima o imagen corporal durante la adolescencia.
Estos datos reavivan un dilema ético que sigue vigente: ¿los concursos de belleza son realmente espacios de empoderamiento o, más bien, escenarios que perpetúan la vulnerabilidad bajo el disfraz del reconocimiento?
Los cambios sociales en torno al género, la belleza, el cuerpo y el valor personal han obligado a estos certámenes a replantearse. En respuesta, varios concursos han comenzado a dejar atrás las evaluaciones centradas exclusivamente en la apariencia física, para dar mayor protagonismo a las causas sociales, el talento y la autenticidad de las participantes.