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Amor con independencia: crece el interés por las parejas que viven en hogares separados BRAGA Créditos: Cedida.

Amor con independencia: crece el interés por las parejas que viven en hogares separados

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Un estudio realizado en Reino Unido concluyó que los adultos mayores que mantienen relaciones de pareja sin convivir presentan niveles de bienestar emocional similares a quienes están casados o viven juntos, con menores costos psicológicos en caso de ruptura.


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La idea de que una relación de pareja plena requiere compartir el mismo hogar comienza a perder fuerza entre los adultos mayores. Cada vez más personas optan por mantener vínculos afectivos estables sin convivir, una modalidad conocida como Living Apart Together (LAT), que permite sostener una relación desde residencias separadas.

Lejos de representar un compromiso menor, esta forma de relación aparece asociada a beneficios emocionales comparables a los que ofrecen el matrimonio o la convivencia tradicional. Así lo demuestra una investigación reciente que pone en cuestión uno de los pilares históricos de la vida en pareja: que compartir techo es indispensable para alcanzar bienestar emocional.

El fenómeno también refleja cambios sociales más amplios. En España, por ejemplo, más de 14 millones de personas permanecen solteras, mientras que 11,3 millones viven en pareja, según datos de WeLife. Aunque la convivencia sigue siendo la fórmula predominante, un 8% de quienes mantienen una relación sentimental prefiere no compartir vivienda y apuesta por alternativas como las parejas TIL (Together In Life).

Una relación estable, pero con independencia

La investigación, liderada por Yang Hu, de la Universidad de Lancaster, y Rory Coulter, de University College London, y publicada en The Journals of Gerontology, analizó el impacto de las relaciones LAT en la salud mental de adultos mayores en Reino Unido.

El estudio se basó en una muestra de 15.237 personas de entre 60 y 85 años, utilizando más de 93.000 observaciones recopiladas entre 2011 y 2023 por el United Kingdom Household Longitudinal Study (UKHLS). Gracias a un análisis longitudinal, los investigadores pudieron seguir la evolución emocional de los participantes a medida que cambiaban de estado civil o tipo de relación.

Los resultados muestran que quienes iniciaron una relación LAT tras vivir solos experimentaron mejoras significativas en su bienestar mental. En el caso de las mujeres, incorporarse a una relación de este tipo se asoció a un aumento de 0,092 desviaciones estándar en bienestar psicológico y a una disminución de 0,100 desviaciones estándar en indicadores de malestar emocional.

Sin embargo, al comparar estos resultados con los de personas casadas o convivientes, las diferencias fueron mínimas. “No se observa casi ninguna diferencia en el bienestar emocional” entre quienes están casados, conviven o mantienen una relación LAT, concluye el estudio para ambos sexos.

Menos costos emocionales ante una ruptura

Uno de los hallazgos más relevantes apunta a lo que ocurre cuando una relación termina. Según los investigadores, las personas que ponen fin a una relación LAT experimentan un deterioro emocional menor que quienes atraviesan un divorcio o el término de una convivencia.

En los hombres, por ejemplo, pasar de una relación LAT a la soltería implica una disminución de 0,135 desviaciones estándar en bienestar, una caída considerablemente menor a la observada tras una separación matrimonial.

De esta manera, el modelo LAT aparece como una alternativa capaz de ofrecer los beneficios afectivos de una pareja estable, pero reduciendo parte de los costos psicológicos asociados a una ruptura en etapas avanzadas de la vida.

El estudio añade que “evitar procesos complejos de separación, como la división de bienes o los trámites de divorcio, surge como uno de los motivos de peso que llevan a elegir el LAT como formato estable”.

Un cambio que desafía las ideas tradicionales

Las conclusiones también cuestionan algunas hipótesis previas sobre género. Aunque se pensaba que las mujeres podrían beneficiarse más de este modelo al evitar responsabilidades domésticas y de cuidado asociadas a la convivencia, los investigadores no encontraron diferencias estadísticamente significativas entre hombres y mujeres respecto de los efectos del LAT sobre la salud mental.

Actualmente, entre un 3% y un 4% de los adultos mayores británicos mantiene una relación LAT, una proporción similar a la de quienes conviven sin casarse. Entre las mujeres mayores solteras, además, esta modalidad es hasta diez veces más frecuente que el matrimonio o la convivencia. Tendencias similares se observan en países como Estados Unidos, Países Bajos y Canadá.

Para los autores, el principal hallazgo es que compartir residencia no garantiza mayores niveles de bienestar emocional en la vejez. Por el contrario, las relaciones desarrolladas entre hogares distintos pueden ofrecer compañía, apoyo y estabilidad afectiva sin sacrificar autonomía personal.

La investigación concluye que las relaciones LAT representan una forma de diversidad familiar todavía poco reconocida, pero cada vez más relevante en sociedades longevas. Un modelo que permite compatibilizar intimidad e independencia, y que podría redefinir la manera en que se entiende el amor en las etapas finales de la vida.

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