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Créditos: El Mostrador.
Constelar para sanar: por qué tantas mujeres buscan respuestas en la historia familiar
Tres amigas participan de una sesión de constelaciones familiares en isla Cunda, Turquía. Arropadas por la brisa del mar Egeo esperan el inicio de la dinámica. Servgi asiste hace un año como parte de un tratamiento complementario contra el cáncer; Leyla, recién abandonada por su marido, decide constelar porque le resulta imposible entrar al mar; y Ada, médica y protagonista de la serie turca Mi otra yo, observa con distancia y escepticismo una práctica sin fundamento científico que está a punto de presenciar. Sin embargo, este es solo el inicio de una experiencia profunda para cada una de ellas.
La escena continúa con la apertura de Zaman, facilitador, quien resume el fundamento de esta práctica: “Lo que haremos hoy es llegar a nuestro origen familiar. El objetivo es llegar al origen de nuestros problemas, preocupaciones y también de las espirales interminables. Al hacer esto podremos entrar en contacto con nuestros sentimientos y emociones”. Y advierte: “No es una obra de teatro, no es un juego y no es psicodrama; se trata de una práctica espiritual”. Así, la serie turca permite comprender la dinámica de las constelaciones familiares, que se despliega como un eje profundo que impacta en la vida de los personajes y que, al mismo tiempo, dialoga con experiencias que hoy se repiten en la vida real.
En Chile, las constelaciones familiares han ganado popularidad durante la última década, aunque siguen siendo una práctica poco conocida y, muchas veces, mal comprendida. Aun así, según la política pública lanzada por el Ministerio de Salud en octubre de 2024, figuran entre las terapias comunitarias más solicitadas en la atención primaria de salud (APS).
A lo anterior se suman las Encuestas Nacionales de Salud (ENS 2009–2010 y 2016–2017), que muestran una alta disposición hacia este tipo de terapias: un 85,8% de los entrevistados en la ENS 2009–2010 y un 93,1% en la ENS 2016–2017 manifestó que le agradaría que existiera la posibilidad de recibir terapias complementarias en un consultorio municipal u hospital público.
Constelaciones familiares: qué son y quiénes participan
Patricia Águila, facilitadora chilena, explica la dinámica de las constelaciones como un movimiento en el que se genera una representación que mezcla teatralidad, intuición y simbolismo: “Nadie sabe qué papel le toca ni si es persona o acción. La energía que se produce aquí hará que se mueva de tal forma que ordena la vida o el sistema de otra persona”.
Su experiencia muestra una tendencia clara de género: nueve de cada diez participantes son mujeres. “Son ellas quienes traen la fuerza para decir ‘quiero hacer un cambio’ y lo haré desde lo holístico, a diferencia de los hombres que suelen ser más racionales”, afirma. Según cuenta, las temáticas más recurrentes son los vínculos afectivos, las relaciones con los hijos, dificultades laborales o decisiones vitales que parecen estancadas. “Desde ahí se comienza a trabajar el origen del bloqueo”, pero asegura que, si llega una persona muy “inestable”, le recomienda no constelar porque “debe trabajar primero con sus terapeutas o psiquiatras, porque esta es una terapia complementaria, no alternativa, y es fundamental la autorización de un profesional”.
Olga Fadol, psiquiatra, valida estas terapias porque considera que, para muchas personas, resultan útiles como complemento terapéutico. “No hay una sola manera de tratar los trastornos mentales y estas terapias pueden complementar otros abordajes”, señala.
Experiencias que marcan
Quienes han vivido esta experiencia describen sensaciones que van desde lo físico hasta lo emocional. Leticia, 44 años, participó de una de estas dinámicas invitada por una amiga. Proviene de una familia católica y trabaja en una organización cristiana internacional, sintiéndose “firme” espiritualmente; aun así, decidió ser parte de esta instancia: “Nos juntamos en una casa con varias mujeres que no conocía y dos consteladoras, quienes generaron un ambiente de confianza, porque se trataban temas personales”.
Leticia relata que se ubicaron en ronda dejando un círculo en medio, considerado el “campo” energético. “Una de las consteladoras me pasó un papelito. La idea era dejarse fluir”, cuenta. Inicialmente participó apoyando otras constelaciones, donde en cada rol se sintió distinta. “En una me dolió un brazo, en otras me sentí pesada. Era bien físico, con una energía muy potente”, recuerda.
Pero su objetivo era constelar. Sentía que se estaba sobrecargando al punto de autodestruirse: demasiado trabajo, poco descanso y un intento permanente por sostener su salud mental. “Soy hija única de mamá soltera y quise constelar por autocuidado. Además, siempre tengo la necesidad de rescatar a personas no recordadas de mi familia”. Así fue como descubrió un secreto familiar que se arrastraba por generaciones: “Mis tías son del sur, tuvieron guaguas que están ahí y nadie supo, en algún cementerio, y se hicieron las locas”, cuenta. Ese hallazgo, y otros que surgieron en la relación con su madre, le permitió entender muchas de sus acciones dentro del núcleo familiar.
Francisca comenzó desde el escepticismo, pero la experiencia se transformó en algo profundamente revelador: “A través de las constelaciones pude observar dinámicas que, estando dentro de ellas, era incapaz de ver: relaciones de dependencia, patrones de abuso y dolores que se repetían en mi historia personal y familiar. Al mirar esos vínculos desde fuera, como espectadora, tomé conciencia de cómo ciertos conflictos con mi hijo, con los hombres y conmigo misma tenían raíces más profundas, incluso transgeneracionales. Esa comprensión me permitió iniciar un proceso de reparación y sanación, poner límites y cortar dinámicas que me dañaban, entendiendo que no merecía repetir esos patrones y que era posible transformarlos”.
Ficción, memoria y ancestros
Desde la cosmovisión mapuche, Milki Neucoqueo aplica terapias de salud mediante la sabiduría ancestral y explica: “Desde la cosmovisión mapuche existe la convicción profunda de que somos una continuidad intergeneracional: en nuestro ser habitan los ancestros y sus experiencias, saberes y dolores. La salud y la espiritualidad se comprenden de manera integral, como un tránsito donde se heredan tanto habilidades y fortalezas, el küpan del linaje materno y paterno, como traumas, violencias y bloqueos que han marcado a las generaciones”.
Agrega que esta transmisión ocurre principalmente a través de la palabra y del relato oral, en el diálogo con los mayores, donde se comparte lo bueno y lo doloroso sin censura: “No para revivir el trauma, sino para comprenderlo, aprender de él y avanzar hacia el equilibrio. Así, la memoria ancestral, la relación con la naturaleza y el hablar consciente se transforman también en una forma de sanación colectiva y de continuidad de la vida mapuche”.
Sin embargo, al no existir evidencia en la literatura médica y científica respecto de estas prácticas espirituales, siguen siendo consideradas pseudociencia, explica la facilitadora Patricia Águila, quien además releva que siempre deben trabajarse como complemento y nunca reemplazar tratamientos formales.
Terapias complementarias y política pública en Chile
En octubre de 2024, el Ministerio de Salud lanzó la Política de Medicina Complementaria y Prácticas de Bienestar de la Salud, alineada con el llamado de la Organización Mundial de la Salud en su Estrategia de Medicina Tradicional 2014–2023, que recomienda a los países regular, supervisar y garantizar la calidad de las terapias complementarias que millones de personas utilizan en todo el mundo.
“El gran propósito de esta política es contribuir a la salud y bienestar de la población a través de la incorporación de medicina complementaria y prácticas de bienestar de la salud con criterios de calidad, seguridad y eficacia, fortaleciendo la equidad y el acceso universal”, señaló la subsecretaria de Salud Pública, Andrea Albagli, durante el lanzamiento. Agregó que estas terapias “son parte de nuevos paradigmas de la salud que sostienen una visión integral del ser humano, que incluye el contexto ecológico, social, biológico, mental y espiritual”.
Hay quienes encuentran en estas prácticas una vía para nombrar emociones suspendidas en la historia familiar. Para otras, se trata de un espacio que devuelve agencia frente a aquello que se repite sin explicación aparente. En medio del debate sobre evidencia, pseudociencia o espiritualidad, las constelaciones operan en un territorio íntimo donde muchas mujeres buscan comprender por qué cargan lo que cargan y qué partes de su vida no les pertenecen del todo.
Quizás por eso, en cada sesión, la pregunta que queda flotando es siempre la misma:
¿Qué buscamos realmente cuando intentamos ordenar aquello que heredamos de nuestros ancestros?
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