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¡Cuidado! El machismo mata: una campaña vigente 20 años después
¡Cuidado! El machismo mata es una advertencia que establece de manera directa la relación entre la cultura patriarcal, el machismo y la violencia que viven las mujeres. Creado por Ángeles Álvarez en España y utilizado por las feministas en su lucha por una ley integral sobre violencia de género, el mensaje fue recogido en Chile por la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres, que en 2007 dio inicio a una campaña que este año cumple dos décadas.
Veinte años permiten hacer memoria, pero también sacar conclusiones. La campaña nació en un momento en que las feministas impulsaban la instalación del concepto de femicidio en Chile. En 2004, la Red y Corporación La Morada presentaron el estudio Femicidio en Chile, pionero en identificar estos crímenes y mostrar algo que entonces ni siquiera tenía reconocimiento legal: las mujeres eran asesinadas por razones de género.
Nombrar fue un acto político que permitió comprender esas muertes no como hechos aislados o “crímenes pasionales”, sino como el resultado extremo de un continuo de violencia. Con esa convicción, en 2007 ¡Cuidado! El machismo mata comenzó a conectar el femicidio con la violencia sexual y simbólica, señalando la matriz cultural común que las sostiene. Desde entonces, indudablemente, ha habido avances culturales e institucionales.
En 2010 el Estado tipificó el femicidio y, tras sucesivas modificaciones legales e incorporación de nuevos conceptos, en 2024 se promulgó una ley integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres. Estos avances no pueden comprenderse sin décadas de movilización feminista, producción de conocimiento y acción política que ha permeado la sociedad.
Sin embargo, veinte años también permiten constatar los límites de esos avances. Las cifras oficiales de violencia contra mujeres y niñas no presentan grandes variaciones de un año a otro. Contamos con mayor conocimiento, legislación, institucionalidad y políticas públicas, pero la violencia persiste.
Una razón fundamental es que atender sus consecuencias no equivale a transformar sus causas. La violencia contra las mujeres es estructural y se reproduce mediante valores, normas y prácticas arraigadas en la educación, las familias, los medios de comunicación, la publicidad, las instituciones y múltiples dimensiones de nuestra vida cotidiana.
A ello se suman nuevas formas de reproducción. El espacio virtual, las redes sociales y la inteligencia artificial constituyen hoy espacios de poder donde circulan expresiones explícitas de violencia y donde los algoritmos pueden amplificar la misoginia, el racismo y los discursos de odio.
Por eso, conmemorar estos veinte años supone mirar hacia atrás y valorar la capacidad feminista de nombrar, investigar y disputar aquello que parecía natural. Pero también exige reconocer cuánto queda por transformar. Mientras las respuestas se concentren en las consecuencias de la violencia sin modificar las estructuras culturales que la producen y reproducen, el cambio seguirá siendo insuficiente. Veinte años después, la advertencia mantiene toda su fuerza y urgencia: ¡Cuidado! El machismo mata.
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