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Novela histórica revive los años posteriores a la Guerra del Pacífico

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Con muertos que hablan, fantasmas deambulando por las ciudades, celos asesinos, mujeres que desafían las costumbres de su tiempo y conflictos diplomáticos, La batalla de Dolores se instala en los años posteriores al conflicto bélico y reconstruye, desde ese escenario, una ficción que tiene mucho de verdad.


Jorge Arena es una mujer. En realidad, es un hombre. Claro que no exactamente un hombre, sino un escritor. Que se llama María Elena. Pero no es lo mismo, porque Arena y María Elena son una misma persona. Aunque escriben cosas distintas.



No son las divagaciones de un esquizofrénico, sino una realidad. María Elena Moreno acaba de presentar su primera novela, La batalla de Dolores bajo el seudónimo de Jorge Arena. La decisión de cambiar su nombre no obedece a una pirotecnia de publicidad, sino a un intento por hablar desde una voz que no es la propia exactamente. "En el siglo XIX todos los escritores chilenos escribieron con seudónimo. Muchos escritores del siglo XX también, y a mí me resultó hacer esa transferencia: escribir desde otra persona que no fuera yo misma", explica la autora.



En estricto rigor, se trata de la traducción de otro seudónimo masculino usado por una mujer: la autora francesa George Sand, que el realidad se llamaba Aurore Dupin. "Esa traducción me ayudó a ponerme desde el punto de vista masculino para analizar el tema", dice. Es consciente de que se delata en algunos pasajes con una óptica femenina, pero no le complica. "Es como la doble personalidad", asegura, risueña. Y claro, vendría a ser una novela escrita a dos manos.



De muertos que hablan y amores que matan



La batalla de Dolores habla de un tema que por estos días vuelve a estar en el acontecer noticioso: los tratados posteriores a la Guerra del Pacífico, las demandas de salida al mar por parte de Bolivia y, por supuesto, una historia de amor. Un relato que articula hechos históricos con ficciones, personajes de carne y hueso con heroínas de papel, alta diplomacia con noches de pasión, política y celos.



Es la historia de Juan Gonzalo Matte, representante diplomático de Chile en Bolivia después de la Guerra del Pacífico, y que fue asesinado en agosto de 1896, supuestamente por el marido de su amante, enloquecido de celos, en la plaza de Sucre. Su cadáver viaja hasta Santiago desde la ciudad boliviana, y es éste el trayecto en el que se desarrolla la trama.



Con elementos tomados del realismo mágico y de la literatura fantástica, Jorge Arena hace hablar, ya muerto, al protagonista, que rememora su historia de amor y los últimos sucesos en la vida política de Chile y Bolivia.



En tu novela hablan los muertos, caminan los fantasmas. ¿Cuál es la influencia del realismo mágico?
-Yo he sido muy lectora, y creo que de alguna forma el realismo mágico me ha influenciado, sin duda.



Está por ahí traspasado el tono de Isabel Allende.
-No sabría decirte. No es una de mis lecturas de cabecera; me gusta más Juan Rulfo. También hay algo de lo fantástico, como lo que hace la María Luisa Bombal, en La amortajada.



¿En qué momento te inspira este personaje como para escribir una novela con su historia?
-Fue como cumplir un reto. Este tema yo lo investigué hace muchos años, para alguien que me contrató. Y el tema quedó archivado. Muchos años después, conversando con la escritora Juanita Gallardo le conté la anécdota. Y la Juani me dijo: si tú no la escribes, la voy a escribir yo. Y me vino como un ataque de posesión. Dije ‘yo la voy a escribir’. Y así fue.



"Llegué a enamorarme de él"



Masón, poeta, periodista, militar y diplomático, Juan Gonzalo Matta era un hombre atípico para su época. Un rupturista. Un hombre que impulsó el tratado de paz y comercio entre Chile y Bolivia, que se firmó un año antes de su muerte. Un hombre que dio suficiente espacio a la pasión como para arriesgar la vida en ella.



¿La anécdota del amorío con Dolores es históricamente cierta?
-Sí, figura en la prensa de la época. A ella yo tuve que inventarla, porque no encontré ningún rastro. El único rastro que existe es que él fue asesinado en la plaza de Sucre, supuestamente por celos. El autor fue José Cuéllar, que sí existe. Los diarios de la época, en Chile y en Bolivia dan la noticia.



¿Qué había en el personaje que te gustó?
-Yo llegué a enamorarme de él. Tuve una foto de él en mi escritorio hasta que terminé de escribir. Me gustó él, y en muchos pasajes yo sentí que él me soplaba al oído lo que tenía que escribir. No era Jorge Arena muchas veces, era él, Juan Gonzalo Matta. De tanto pensar en él, de tanto evocarlo, me enamoré. Lo que más me gusta de él es que es un transgresor de todos los límites.



"Hay un tema silenciado"



La batalla de Dolores no es únicamente un cuento de amor en un escenario histórico; es también la narración de un "pecado", la voz de una mujer que se atreve a desafiar su tiempo y su cultura. "Algo seductor que tiene mi novela es que habla sobre un tema silenciado. Decir lo que no se dice. Hablar lo que no es correcto hablar", dice María Elena Moreno.



Tú haces transcurrir el tema romántico análogamente al tema político.
-Sí, pero no sólo por razones amorosas Matta hizo esta negociación, que sí fue efectiva. Yo creo que por su carácter de radical, masón y latinoamericanista él hizo esta opción. Su amor con esta boliviana yo creo que afirmó esa decisión.



¿Crees que le ayuda a tu novela el que justo se publica en un momento en el que de nuevo surge el tema de la salida al mar que pide Bolivia?
-Sí, a lo mejor. Puede ser. Hay más interés. Mira, yo escribí la novela afirmándome mucho en el azar. La estructura de la novela se dio al azar, y cuando uno se entrega al azar, pasan cosas aunque uno no lo quiera.



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