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Éste sábado presenta su última show, "Jazz Killer"

Cultura - El Mostrador

Los infatigables caminos de Moca, la diva chilena del Cabaret

por 21 noviembre, 2014

Los infatigables caminos de Moca, la diva chilena del Cabaret
Es admirada y seguida desde hace siete años con sus espectáculos en que funde el canto, baile, actuación y el sabor del show europeo de entreguerras. Considerada la única exponente del género y autogestora de su trabajo, se presenta mañana en la Corporación Cultural de La Reina mientras planea cómo llegará a audiencias más masivas.
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Ocurrió hace un par de años. Empeñada en entrar al circuito de los grandes teatros con su formato de cabaret, la performer Moca hizo una presentación privada a los circunspectos encargados del Teatro Municipal de Las Condes. La obra elegida fue Cabaret Piaf -la que como todas sus piezas concibió de punta a cabo- y la artista desplegó sus talentos en el baile, canto y actuación. Al verla, los ejecutivos dieron un “respingo en sus sillas” y un silencio que pudo interpretarse como el no entender lo que estaban presenciando. Y finalmente las palabras: “El show es súper bueno pero para el teatro podría ser riesgoso”. Fin de la historia.

“Quizás me tuvieron miedo a mí”, recuerda Moca del episodio. “Mis amigas me dicen que los hombres me tienen miedo. Tal vez sea que soy demasiado apasionada en mi trabajo y las personas que toman decisiones en los teatros son más conservadoras. Quizás puede ser que no trabajo con manager. La verdad es que no sé”, explica con una seguridad en sus recursos que sí, puede ser intimidante.

A un día de presentarse en la Corporación Cultural de La Reina con su espectáculo Jazz Killer –este sábado 22, 20:30 hrs.-, con más de veinte años de carrera, de las cuales los últimos siete los ha consagrado al formato del cabaret de entreguerras, Moca es una figura consagrada y admirada en el circuito artístico subterráneo pero a la vez una desconocida para los públicos masivos.

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Foto: Ismael Abufón

Lo que es una dicotomía básica de cualquier artista que parte en las sombras, para Moca el alcanzar nuevas audiencias es una empresa aún más difícil en la medida de que sabe que juega con un género poco conocido, pese a que cuenta con un número de fieles seguidores que asiste a cada una de sus presentaciones. Mezcla de música, teatro y vodevil,  el cabaret tiene una rancia tradición en Europa y su momento de mayor brillo fue en el período de entreguerras, donde destacaron entre otras Edith Piaf y Marlene Dietrich. Así es que cuando comenzó, apostó por el imaginario nostálgico de este cabaret franco-alemán: pequeños lugares, muy bohemios, con un espíritu contracultural dotado de glamour y provocación política.

“Venía de trabajar en lugares como el Catedral o El Clan, donde la gente tomaba y se divertía, pero luego por evolución natural me fui yendo a un concierto o espectáculo donde la gente está mas tranquila, entonces trasciende al cabaret de trasnoche y lo llevas a un concepto que está en cualquier lugar, donde tú armas el imaginario”, explica.

Las armas de Moca, y que la han convertido en un secreto a voces de la escena, es su capacidad de brillar con una voz poderosa, el talento para unir diferentes habilidades escénicas y el conocimiento del período histórico en que basa sus shows. “Soy una performer con muchas herramientas, escribo mis libretos, soy una excelente cantante, bailarina, interpreto todo lo que hago y lo performo en escena”. Su capacidad de investigación para sus obras es tal, que asumió como parte de su rutina el viajar todos los años a Europa para saber cómo evoluciona el género e inspirarse en nuevas ideas.  Así, ve todos los musicales que se exhiben en ciudades como París, Viena, Berlín o Londres. “Me siento muy ligada a esa cultura, por idioma, historia. Me hace sentido”, explica.

Entre el canto y el diseño

Para llegar a ser una performer total Moca debió transitar un largo camino artístico desde que su padre (Juan Castillo, ex integrante de Los Ramblers) la llevó a los 14 a la televisión a cantar al programa Exito, hit de mediodía de José Alfredo Fuentes. Fue parte de La Pandilla, un grupo donde tenía que bailar y cantar. “Hasta los 17 estuve allí, y luego seguí trabajando en TV otros 8 años como corista, en las orquestas de los  programas. Con eso pude pagar la universidad”, cuenta.

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Foto: Ismael Abufón

El aprendizaje de artista fue duro, a la par que estudiaba Diseño industrial. Su peor momento fue cuando integró una orquesta que se presentaba todos los fines de semana en el Estado Israelita, donde a veces tuvo que cantar y bailar cumbia durante tres horas seguidas bajo condiciones extremas de explotación. “Era un sueño kafkiano que se repetía todos los fines de semana. Hacer algo sólo por la plata es terrible, no se lo doy a nadie”, dice. Quizás sin querer en ese momento aprendió a dejar de lado lo que no quería, pese a que llegó a ser una corista cotizada: estuvo dos veces en el Festival de Viña del Mar, acompañando a Miriam Hernández y a los Hermanos Zabaleta.

Luego, el exilio: durante ocho años  trabajó en una constructora, como administradora y tenía una oficina de diseño. “Era depresivo, terrible, ocho años negros en que no estaba cantando”, recuerda.  Hasta que todo encajó luego de un viaje a Brasil, en el 2004. “Me di cuenta de que debía volver a cantar, vendí la oficina de diseño y abandoné todo. Volví a la música de manera muy tímida, cantando en hoteles donde amenizaba en segundo plano. Era algo bastante protegido”, dice. En esos años aún no se dedicaba a la performance ni había descubierto el cabaret. “No me había encontrado todavía. Aún no era yo”.

Método de trabajo

Foto: Ismael Abufón

Foto: Ismael Abufón

El nacimiento de Moca tal y como la conocemos ocurrió en Valparaíso, en 2007. Asidua al Café Vinilo del Cerro Alegre tuvo una epifanía con la ambientación del lugar: un espacio casi parisino, con  la figura de Edith Piaf, el “gorrión de París”, rondando en su mente. No hubo mucho más que agregar. Habló con el dueño y le pidió cantar un repertorio anclado en la mítica figura francesa. Fue un momento galáctico, dice, pero entendió que la elección iba a tener un “costo altísimo”, como el tener que volver a volver a estudiar.

Así, en 2008 entró al Diplomado en canto en el Instituto ProJazz y el plan comenzó a cerrarse. Como ya tenía claro que su influencia era el cabaret europeo una de sus primeras decisiones fue determinar el repertorio donde el español no tenía cabida: inglés, francés y alemán serían sus idiomas. Y para ello, pensó, encontrar un pianista era crucial. “Ahí se terminó de cerrar el panorama, conocí a mi pianista (Américo Olivarí) y a los músicos de mi banda, y el crisol de cosas que debía armar se dio solo. Además, Projazz me auspicia en mis shows”, cuenta.

Pero no es sólo un asunto de influencia artística. Empeñada en explorar todas las posibilidades de este género, Moca afinó un método de trabajo “muy cartesiano, alemán si se quiere”,  donde no deja al azar ningún detalle de producción o creativo. Sin manager o productor, en sus seis shows (Cosmopolitan Cabaret, Rococó, Vive la France!, Jazz Killer, Lady Piaf y Cabaret Piaf) ha sido su capacidad de autogestión la que ha levantado los shows, gestionado los lugares y  pagado a su equipo.

“Yo no improviso, no corro riesgos. Trabajo sola y mi asesora es la almohada, Ya vivir de esto es un riesgo pero quiero que estén todas las condiciones para la gente que trabaja conmigo”, dice y reconoce que esto le ha traído problemas. “Para mí es claro: aquí esta la plata, este es el horario. Pero no muchos lugares que trabajen así. Algunos me dicen, “mira sólo tengo 300 lucas”. ¡Para pagar un show de 66 minutos y seis personas!. No puedo hacerlo. Siempre fui muy autoexigente, era la primera alumna del curso, del colegio, la capitana del equipo de voleyball. Yo pago bien y no puedo bajar de un estándar. Tengo que nivelar para arriba”, explica.

Pero la tarea pendiente, como comenzaba esta historia, es saltar a los espacios masivos. He ahí el dilema de Moca, la performer admirada por un pequeño grupo de iniciados.  Con todos los detalles de su carrera controlada al máximo, no tiene sin embargo las respuestas frente a este salto a las grandes ligas. “En general el público que me sigue es el mismo desde el 2007. Eso me encanta pero me gustaría que llegaran otras 200 personas que no me han visto. La gente me dice que nunca se habían imaginado que hubiera en Chile una cantante así. Y es claro que tengo que dar el salto pero no sé cómo lo voy a dar”.

¿Un manager? “Lo he pensado pero para lo que hago debe tener un nivel cultural alto. No me puede decir, tenís que cortar esta canción porque está muy larga. Lo sé. He estado pagando el precio de que me guste lo que me guste y por eso me ha costado más”. Ha ofrecido sus shows al Teatro del Lago, Las Condes, Nescafé, CA 660 de Fundación CorpArtes y GAM, sin resultados. “Por cantidad de asientos y difusión me puede servir si es a borderó, pero hasta ahora no tenido respuestas”, comenta. También postuló a los Fondos de Cultura dos veces, la última con una ópera de Kurt Weill, y le tocó competir con el mucho más mediático Sebastián Errázuriz, quien preparaba su ópera Gloria, estrenada con éxito en el GAM.  Cero opción.

Sabe que debe seguir insistiendo. Luego de su presentación de mañana en la Corporación Cultural de La Reina con Jazz Killer –el espectáculo en que juega a desmontar la concepción del jazz con un show más orientado al baile, y que estrenó originalmente en 2010-, tiene agendado un número en Antofagasta la próxima semana (“los shows privados me permiten vivir. Este que haré paga tres meses de vida”, cuenta) y estudia aplicadamente ballet cuatro veces a la semana. “Lo hago para no anquilosarme y preparar nuevos shows, ya que el estado físico tiene que estar acorde a esto”, concluye.

 Moca y Jazz Killer

Lugar: TEATRO CORPORACIÓN CULTURAL DE LA REINA

Dirección: SANTA RITA Nº 1153 ESQUINA ECHEÑIQUE

Fecha: Sábado 22 de noviembre de 2014

Horario: 20:30 hrs.

Entrada General: $ 4.000.-

Estudiantes: $3.000.-

Informaciones: 2277 62 14

 

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