Las intrigas de los libros son llevadas también a la pantalla por Film&Arts
Corrupción, mafia y terrorismo: Los ingredientes de la crítica social moderna que revela la novela policial nórdica
El asesinato del Primer Ministro Sueco, Olof Palme, produjo un intenso impacto en la literatura sueca y, por extensión, en la escandinava. Suecia dejó de ser vista como una nación sin delitos, siendo el desplome de esa visión, el impulso dramático de una generación de escritores de gran nivel que, mediante la novela negra, comenzaron a escudriñar el poder y la crisis de los valores para dar paso a la crítica social contemporánea. El Mostrador Cultura+Ciudad conversó con uno de los grandes, Arne Dahl, autor de más de una oncena de libros, e inspirador de Stieg Larsson, el fallecido escritor de la trilogía Millenium .
El 28 de febrero de 1986, a la salida del cine, en Estocolmo, asesinan a quema ropa al Primer Ministro Sueco, Olof Palme. El símbolo de la política social demócrata escandinava de los 80 cae en la vía pública y junto a él cae una idea, una visión europea que se opuso a la política exterior norteamericana, en plena Guerra Fría; que criticó duramente el intervencionismo en Cuba, que proclamó la autodeterminación de Palestina y abogó por el desarme nuclear, incluido el de las grandes potencias.
A casi 30 años, el magnicidio se encuentra sin resolver. Se han rastreado múltiples teorías, la mayoría con perfil político. Se estuvo tras los pasos de ultraderechistas suecos, se habló de los servicios secretos del Apartheid sudafricano, de la CIA , e incluso hasta se mencionó una eventual participación de agentes de la dictadura de Pinochet.
Lo concreto es que la muerte de Palme dejó un vacío, reveló la incapacidad investigativa de los servicios policiales de la época y alimentó la intriga. Demostró que Suecia no era el paraíso sin delitos como se venía presentando a esta nación en los gobiernos social demócratas y abrió una puerta, un acceso restringido para mirar sin velos el presente europeo, un pórtico de análisis, un portal a la crítica social, que en lugar de dar cuerpo a nuevas formas de gobernar, dio vida a un celebrado género literario que a los pocos años se globalizó: la novela negra nórdica.
«Nosotros mismos nos imaginamos un mundo que era irreal, sin delitos, pero eso no era cierto. Con el asesinato de Olof terminó nuestra inocencia, nuestra ingenuidad». Así parte, en el hall de un hotel santiaguino, el análisis de Arne Dahl, uno de los escritores más respetados de la novela policial sueca y que la crítica ha elevado por los cielos: «Él es hoy, con mucho, el mejor escritor sueco de crimen. Estilísticamente y psicológicamente» (Periódico sueco Expressen).
La literatura proletaria
De visita en Chile hace algunas semanas con motivo del lanzamiento en nuestro país de su última novela Hasta la cima de la montaña (Editorial Destino- Planeta), Jan Lennart Arnald, más conocido con el seudónimo de Arne Dahl, quien aprovechó su estadía para dictar conferencias en el marco del Festival Internacional de Novela Negra de Santiago, explica que el boom de este tipo de literatura inevitablemente se encuentra ligado al magnicidio, pero no por las circunstancias del crimen, sino por el revelado de su trasfondo. «Somos un país como los demás. En lo puntual tenemos poca delincuencia, llamada habitual, pero tenemos otras como la racista, la corrupción, la mafia rusa, por citar algunas», señala Dahl convencido del impacto del pasado reciente en la literatura nórdica.
Pero antes de este crimen, precisa el autor, el surgimiento de estos libros podría remontarse a los inicios del movimiento obrero en Suecia, a comienzos del Siglo XX. «En ese tiempo los escritores eran autodidactas, no tenían formación académica, describieron la realidad contemporánea de su época a partir de varios protagonistas, desde varias perspectivas», comenta.
Esa forma de apreciar el contexto a modo coral ha sido lo que ha diferenciado a Dahl de otros grandes la literatura nórdica como Henning Mankell, autor del célebre detective Kurt Wallander, cuyas acertijos policiales son transmitidos por Film&Arts. A diferencia de Mankell, que centra sus historias en Wallander, un inspector de policía en la pequeña localidad de Ystad, Dahl concentra sus nudos dramáticos en varios personajes, con apreciaciones distintas, que forman parte de una unidad especial de Departamento de Investigación Criminal que investiga delitos violentos de carácter internacional, mas conocido como el Grupo A. «Escribir desde estos ángulos es como asentar mi literatura desde el proletariado», precisa Dahl.
La novela policial como excusa
Relatar historias policiales bajo esa óptica, son para Dalh más bien una excusa, una manera de retratar la crisis social de la cultura contemporánea, a través de la conspiraciones y la violencia actual.
«La novela policial sueca se ha enfocado en particular en la crítica social y eso es así porque el tipo de delito que se narra en los libros refleja bastante bien la sociedad en que vivimos», dice haciendo referencia a los crímenes financieros, a la corrupción política, y a los asesinatos por encargo de la mafia. Todo ello mientras apunta que otra forma de develar la sociedad es retratar su complejidad a través de los funcionarios de policía. «Hay desde lo más bajo hasta lo más alto de la sociedad. En la policía existe movilidad social, y eso ayuda al suspenso, a crear el necesario estrés literario».
Para Dahl, hasta hace poco había dos líneas fundamentales en la novela policial: la norteamericana y la británica. A estas -sostiene- se suma una tercera línea, la nórdica, que «desde un principio comenzó a escribir en un alto nivel literario, incluyendo crítica social desde una perspectiva social demócrata».
«En mi caso, la crisis de los valores es lo que me moviliza a escribir este tipo de literatura», confiesa el autor. «Vivimos en una época, en donde lo financiero es todo, pero literariamente no es determinante. La ruptura de lo que llamábamos el hogar popular sueco fue muy rápida, el derrumbe, la caída de ese sistema, por eso ahora los dardos apuntan a develar el mundo nuevo que se armó».
Antes que Millenium
Desde su debut en 1998, Dahl ha escrito 11 libros, ha sido traducido a 25 idiomas y cuenta con una serie de televisión que lleva su nombre «Arne Dahl» y que transmite para América Latina el canal londinense Film&Arts. Sin embargo, el escritor sueco que más ha sonado últimamente en el concierto literario internacional es Stieg Larsson, el fallecido autor de la trilogía Millenium, gracias a la adaptación que hizo al cine el director Niels Arden Oplev y que protagonizó Mikael Blomkvist y Lisbeth Salander, en el papel de una hacker de 24 años, muy inteligente y de memoria fotográfica.
La novelas de Larsson y Dahl mantienen ciertos parecidos. Ambas tratan temas similares y se ubican geográficamente en Estocolmo. En algunas publicaciones incluso tratan a Dahl como el reemplazo de natural de Larsson. El creador del Grupo A, sin embargo, aclara que en rigor el creador de Los hombres que no amaban a las mujeres es un seguidor suyo.
«Yo había publicado cinco libros cuando él comenzó a escribir. Adiferencia de su literatura, yo tengo un arraigo mayor en la realidad, aquí no hay personajes super humanos. Tenemos similitudes como nuestra atención por la perversidad de los hombres de poder», cuenta.
La última novela Hasta la cima de la montaña que parte con un joven asesinado en un pub de Estocolmo durante la celebración de un partido de fútbol y que a poco andar entra en escena un ataque terrorista y su complejo entramado de poder, ha sido considerada como una de las obras más completas de la sagas negras de última generación y que le ha valido exultantes comentarios como el del periódico alemán Die Zeit: «Borra cada uno de los clichés de la novela negra con una prosa cortante nunca antes experimentada en el género. Dahl está escribiendo la mejor novela policial de nuestros tiempos».

