El escritor Alejandro Rojas precisa que la obra carece de heroismos y de una visión maniquea
«La ocupación», la novela que relata la vida de quienes se automarginan de la sociedad
Relata la historia de un joven al que le explota una bomba casera y muere, un hecho que descontrola a todo su círculo de amigos, en una obra donde no hay héroes ni maniqueísmo. Aunque el autor admite muchos en algún momento comparten en algún momento de la vida la retórica antisistémica del movimiento, el uso de explosivos “es una reacción odiosa que busca mostrar la rabia, hacerla visible; pero no es más que eso. No ofrece respuesta, es sólo una reacción emocional”.
Una novela que indaga el mundo de las casas okupa de Santiago acaba de publicar el escritor Alejandro Rojas con su libro “La ocupación” (Tríada Ediciones).
El libro cuenta la historia de Michel, un joven al cual le explota una bomba casera mientras anda en bicicleta. Su muerte afectará duramente a su círculo de amigos más cercano.
La obra, publicada a fines del año pasado, tiene una sorprendente actualidad, dado el atentado de Metro Escuela Militar en septiembre de 2014, el caso Bombas y la muerte del joven anarquista Mauricio Morales, el “Punky Mauri”, en el año 2009, cuando iba en bicicleta a colocar un explosivo en la Escuela de Gendarmería de Santiago.
“’La ocupación’ es una novela que relata la vida diaria de aquellos individuos que se automarginan de una sociedad que no responde a sus ideales”, señala la reseña del libro. “Serán estas contradicciones las que harán que Diego, el protagonista de esta historia, entienda por medio de la violencia, la decepción y el rencor que no todo se puede ocultar entre las cuatro paredes de una casa okupa”.
Inspirado en caso real
Alejandro Rojas (Santiago, 1981), abogado de la Universidad Católica y ex miembro del taller literario del escritor Jaime Collyer, señala que buena parte de la inspiración del libro tiene “un origen claro: la muerte de un anarquista hace algunos años, al que le explotó una bomba que llevaba en su mochila mientras iba en bicicleta”.
“Eso me pareció una imagen muy fuerte, muy potente, que me hizo cuestionarme un poco por qué alguien estaría dispuesto a arriesgar su vida por colocar una bomba en un cajero automático, en un banco o en alguna iglesia, preocupándose de minimizar el riesgo de herir a alguna persona”, explica.
Sobre esa base, Rojas intentó construir una historia “más personal, que discurriese sobre el ansia de rebelión o de escape que nace y se desarrolla en muchos jóvenes en aquella época en que la vida poco a poco comienza a cambiar y nos hacemos adultos”.
“En este sentido, la elección del mundo okupa como ambiente donde se desarrolla la acción tiene que ver tanto con la influencia notoria del ‘Caso Bombas’ como idea subyacente a la historia -considerando que muchos de los detenidos en ese caso vivían en casas okupa- y con la necesidad de hacer patente ese deseo de rebelión, escape o rechazo hacia la ‘sociedad convencional’ que creo identificar en el movimiento”.
Atmósferas y personajes creíbles
Lo cierto es que la construcción de atmósferas y personajes, así como los diálogos, es acabada. Tanto que el lector se pregunta si alguna vez Rojas efectivamente fue parte de ese ambiente.
“Siendo muy honesto, no he sido parte del movimiento okupa ni conozco de manera acabada la forma en que viven”, señala el autor. “Para construir la atmósfera y los personajes me basé en el conocimiento general que tenemos sobre ellos, algo de información que conseguí en una que otra conversación o internet y lo que me dictaba un poco la lógica y mi propia imaginación”.
“Todo personaje surge como una mezcla de varias cosas: alguien que uno conoce, la propia experiencia o las experiencias de otros, la propia imaginación”, cuenta respecto a los diversos caracteres de la obra.
“Hay personajes que están inspirados en personas reales, pero no basados en ellos, en el sentido de que presentan muchas características que son totalmente inventadas. También hay un par de referencias claras no a personajes, sino más bien a acontecimientos o episodios recientes, como los atentados con bombas y el asesinato de (el joven gay Daniel) Zamudio (en 2012)”.
Los mensajes
Otra cosa que llama la atención es que Rojas carece por completo de una visión maniquea en este libro. Pinta a los personajes sin heroísmos. ¿Quiso transmitir algún mensaje con el libro?
“Creo que puede haber muchos mensajes o lecturas”, responde. “La principal de ellas, que yo identifico al menos, es la imposibilidad de escapar de nuestras propias vidas y de la carga que la misma existencia coloca sobre nosotros. Desde el momento en que nacemos estamos obligados a algo -a alimentarnos, a protegernos, a sobrevivir… a ser felices; se nos impone una carga de la que no podemos liberarnos”, afirma.
“Si lo miramos ya desde la perspectiva de la sociedad moderna, tenemos la obligación de comportarnos como la sociedad espera, de manera de ser parte de ella: de respetar las leyes y las costumbres, de actuar de una forma moralmente aceptable, por ejemplo. De trabajar, si quieres; de desenvolvernos socialmente, de tener una familia, criar y mantener a nuestros hijos y de ayudar o cuidar a nuestros padres o hermanos”, agrega.
Algunos pueden escapar de estas obligaciones con relativo éxito, cuando tienen la posibilidad de hacerlo, pero muchos no corren la misma suerte, y el sentimiento de culpa se hace insoportable, según Rojas.
“La necesidad de rebelión frente a esta perspectiva me parece evidente, intrínseca a la comprensión de nuestra real condición”, reflexiona. “El personaje central de la novela es un joven que siente la angustia que sobreviene con la conciencia de lo que somos, de lo que se viene; de quien no sabe bien qué hacer ni dónde ir y se niega a aceptar aquello que parece irremediable. Hay también esperanza, creo; un mensaje positivo: hay más fraternidad en el mundo de la que uno cree a veces. Estamos solos en esto y muchas veces cumplir con un deber no provoca un sentimiento trágico, sino placentero, cuando ello implica ayudar a alguien más”.
Okupas transitorios
A nivel personal, Rojas tiene su propia opinión del movimiento okupa y su retórica antisistémica, que entiende en algún sentido.
“Creo que el ambiente okupa y su retórica responden a esa necesidad intrínseca de rechazar todas las cargas que la sociedad moderna le impone a cada ser humano -en la forma de leyes, Estado, moral y convenciones-, y que muchos de nosotros, sin ser okupas, sentimos y compartimos en algún momento de nuestras vidas”, señala.
El autor entiende esa necesidad de desligarse de la sociedad -con todo lo que ello implica-, de resistirse a someterse “a todo aquello que se nos impone sin que tengamos ninguna opción al respecto. La conciencia nace con la rebelión, dice Camus. Es eso”, asevera.
Sin embargo, Rojas no identifica una verdadera rebelión, como la sugiere Camus, en el movimiento okupa o anarquista. “Pienso que eso -esa resistencia, esa rebelión- es la mayoría de las veces ilusoria: el okupa está tan sujeto a la sociedad como a la vida misma, no puede evadirse de ciertas leyes que no admiten rechazo”.
Para el escritor, colocar bombas (“algo distinto a ser okupa, claro está”) con el objeto de dar un mensaje de rechazo “me parece una muestra de disgusto, de frustración, respecto de aquellos que, de manera consciente o inconsciente, han decidido aceptar las normas y la forma de vida que esta entidad sin cabeza llamada ‘sociedad’ les impone”.
“Es una reacción odiosa que busca mostrar la rabia, hacerla visible; pero no es más que eso”, concluye. “No ofrece respuesta, es sólo una reacción emocional. Los casos de personas que han decidido vivir su vida en la rebelión, que hallan sentido en ella, son muy pocos e infrecuentes”.
AQUÍ puede leer un extracto de esta novela
