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Sonia Montecino, intelectual chilena: “En el debate sobre el aborto, llama la atención el silencio de las mujeres” Reflexiones en el Día de la Mujer

Sonia Montecino, intelectual chilena: “En el debate sobre el aborto, llama la atención el silencio de las mujeres”

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Marco Fajardo Caballero
Por : Marco Fajardo Caballero Periodista de ciencia, cultura y medio ambiente de El Mostrador
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La Premio Nacional de Humanidades 2013 y académica de la Universidad de Chile habla con el Mostrador Cultura+Ciudad  del papel de la mujer en la actualidad, la interrupción del embarazo, el acuerdo de vida en pareja y la eutanasia. “No existe una mujer del siglo XXI sino variadas expresiones, hay quienes viven en la pobreza y el hambre, otras que son lapidadas, otras que gozan de plenas libertades y derechos”, reflexiona.


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Sonia Montecino, académica de la Universidad de Chile y Premio Nacional de Humanidades 2013, lo tiene claro: en el debate actual sobre el aborto, en el contexto de la renuncia hace algunos meses de la ministra de Salud Helia Molina por aludir a interrupciones del embarazo en “clínicas cuicas” y la presentación de un proyecto del gobierno, llama la atención el “silencio” de las mujeres.

Desde la Isla de Pascua, donde actualmente realiza una investigación sobre los vínculos entre la sociedad civil y el pueblo rapanui en la década del 60, la especialista en género también celebra el acuerdo de vida en pareja, mientras clasifica de “completamente humana” la decisión de la eutanasia.

También opina sobre la mujer actual. “No existe una mujer del siglo XXI sino variadas expresiones, hay quienes viven en la pobreza y el hambre, otras que son lapidadas, otras que gozan de plenas libertades y derechos”, reflexiona.

Investigación polinésica

La estadía en la Polinesia, que se prolongará por algunas semanas, es gracias a un proyecto Fondecyt que comparte con el antropólogo Rolf Foerster, también de la Casa de Bello.

“Dentro de esa indagación, me he ocupado de conocer las relaciones sociales de género y la participación política de las mujeres en lo que fue la lucha por la obtención de la ciudadanía”, relata. “Hay que recordar que hasta 1966 los rapanui no votaban, no tenían carnet de identidad, no eran ciudadanos”.

En el marco de la investigación, la autora de los libros Cocinas mestizas de Chile. La Olla Deleitosa y Madres y Huachos. Alegorías del Mestizaje Chileno también revisa cómo algunas mujeres chilenas del mundo intelectual y artístico chileno –como las escritoras Carmen Merino y Matilde Ladrón de Guevara, además de la folclorista Margot Loyola -, que viajaron a la isla en esa década, “construyeron ciertos imaginarios sobre Rapa Nui, ya sea dando cuenta de la conflictiva relación con el Estado o guardando silencio, y al mismo tiempo influyeron en las mujeres isleñas”.

“Mi hipótesis es que estas viajeras pudieron haber representado ciertos modelos femeninos relacionados con su clase y posición pública que quizás gravitaron en la participación de las mujeres en todo el proceso de lo que se ha llamado la ‘revolución de Alfonso Rapu’”. Se trata de una rebelión contra de la administración de la Armada de Chile en 1964, que dos años después dio como fruto la “Ley Pascua” para ese territorio y permitió a Rapu convertirse en su primer alcalde.

“Los hallazgos relevantes han sido, por un lado el descubrir un conjunto de mujeres chilenas ‘viajeras a Isla de Pascua’  y por el otro, la organización femenina isleña para lograr el reconocimiento ciudadano”, cuenta la académica.

Silencio de mujeres

Luego de relatar su investigación actual, Montecino entra de lleno en un candente tema actual: el aborto. Castigado por el Código Penal desde 1874, legalizado en 1931 como aborto terapéutico, uno de los últimos actos de la dictadura fue nuevamente su ilegalización en 1989, algo vigente hasta hoy. Según un estudio publicado el año pasado en la revista de la Sociedad Chilena de Obstetricia y Ginecología (Sochog), en Chile se realizan una media de 15.000 abortos anuales, es decir, casi uno cada media hora. Hoy el gobierno pretende que sea posible en ciertos casos.

“Creo que hay que reflexionar sobre el silencio de las mujeres en el ‘debate’”, opina la académica. “Lo digo entre comillas porque la verdad es que más que eso es un atrincheramiento de argumentos maniqueos”.

Ese silencio “da cuenta de un panorama bastante triste de la sociedad chilena: por un lado, todavía el sistema del poder médico, eclesial y político está dominado por hombres, y el poder  de los medios, sobre todo diarios, también. Un silencio que también se aprecia en ciertas organizaciones de mujeres, claramente no feministas, que posiblemente temen dar su opinión atadas a barreras ideológicas y al peso de la tradición”.

Para Montecino, una razón poderosa de ese silencio lo constituye el hecho de que cuando se habla de aborto se está aludiendo a una experiencia que siempre es traumática y que está tabuizada, condenada y sancionada desde distintos ámbitos.

“Y esa experiencia solo la vivimos las mujeres, es particular y es universal al mismo tiempo,  como lo es la maternidad”, analiza. “Nuestra sociedad ha colocado sobre el aborto una carga que otras no han hecho, por ello para las mujeres hablar o pronunciarse es complejo, toca cuerdas profundas y a heridas que no son fáciles de  restañar”.

“Por otro lado, con todo el peso legal que supone decir que alguien se ha practicado un aborto ¿quién se atreve a hablar? Para superar la situación entrampada -vida/no vida, derecho/sujeción del cuerpo femenino, religión/ateísmo, entre otras dicotomías que están en la palestra- es preciso elaborar, discutir y debatir desde otros ángulos y sobre todo pensar en educación y prevención del embarazo, aunque tengo entendido que han bajado, luego de la píldora del día después, los embarazos adolescentes”.

La académica estima que lo mínimo que puede hacer un país que se postula liberal en lo económico, moderno y desarrollado, es legalizar el aborto “y con ello dejar de lado la contradicción o hipocresía que vivimos”.

“Se practican los abortos, pero todo sucede como si no se hiciera, tal como fue la hipocresía de la ‘nulidad’ matrimonial. Antes, sin duda, es preciso una conversación social amplia y desprejuiciada donde las mujeres hagan escuchar sus múltiples y matizadas voces”, señala.

De paso, Montecino también elogia la reciente aprobación del Acuerdo de Vida en Pareja (AVP), que beneficiará a parejas heterosexuales y homosexuales. “Pienso que es un reconocimiento importante al panorama variado de arreglos y vínculos afectivos entre las personas en la sociedad chilena contemporánea y ayuda a promover una cultura más plural y flexible y a resguardar también derechos dentro de la vida en común”, señala.

En esa línea, también comenta la eutanasia, un tema que volvió a resurgir luego que la presidenta Michelle Bachelet visitara hace unos días a Valentina Maureira, una joven de 14 años que sufre una grave enfermedad y pide que se le permita morir.

La eutanasia “me recuerda a esa actitud que tenían los viejos esquimales que llegado un momento de su ciclo vital en el cual ya no podían autoabastecerse, emprendían el camino hacia su muerte abandonando a los suyos”, señala. “Una decisión que debió haber sido difícil, pero completamente ‘humana’ en su concreción”.

La mujer hoy

Sin duda, el aborto es uno de los desafíos actuales de la mujer, pero hay varios, según la académica.

“Para algunos grupos será lograr una educación completa, para otros trabajos dignos, pero los elementos que veo más universales son superar la violencia simbólica y la igualdad de condiciones laborales y sociales, políticas”, reflexiona.

Para la académica no existe “una mujer del siglo XXI”, sino variadas expresiones: “hay quienes viven en la pobreza y el hambre, otras que son lapidadas, otras que gozan de plenas libertades y derechos”.

“Podríamos entender a una mujer moderna aquella que goza de una posición de libertad y ciudadanía, de trabajo y reconocimiento y que persigue la igualdad con los hombres”, señala. “En ese sentido no todas las mujeres son modernas, pues no todas han alcanzado esos privilegios”.

Montecino recuerda que en el mundo de la cultura, las mujeres han tenido históricamente un papel relevante, “sólo que ha sido invisibilizado y poco reconocido”. Y pide que aquellas destacadas actúen a favor de las menos favorecidas.

“Hoy día es crucial que quienes se dedican a la ciencia tengan conciencia de género, es decir que no por su condición privilegiada dentro del sistema de estatus se olviden de que hay otras mujeres que aún no logran los mínimos niveles de igualdad”, pide. “Si aquellas que están en posiciones de poder en las ciencias o en el discurso cultural no abogan por superar los problemas de las desigualdades de género, entonces las diferencias y las brechas seguirán existiendo, si no son capaces de desmontar el edificio de esas desigualdades, es muy difícil pensar en una sociedad inclusiva y diversa. Precisamente, el papel de las mujeres que están esa posición de poder social debiera ser el de un activismo cultural de género”.

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